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Blanca Vázquez

Blanca Vázquez

Asistimos al estreno del Scorsese más Scorsese que imaginarse pueda. Un compendio de toda una carrera resumida en no poco tiempo, puesto que El lobo de Wall Street es una película larga, extensa (179 minutos, y hubo que cortar por su duración de 4 horas), discursiva, enorme, que tiene como protagonista al dios de estos tiempos, el dinero. Con humor, extrema brillantez y mucha socarronería, Martin Scorsese ha dejado bien sentado que el cine que se hace ahora mismo no es, ni de lejos, el que se hacía antes.

Brooklyns Finest

Balas de barrio La cartelera española está discutida entre dos productos bien distintos, El árbol de la vida, el Malick ganador del pasado Cannes, y un thriller oscuro y áspero, …

La deuda

El peso de la mentira Helen Mirren es toda una excepción. Debe ser una de las estrellas que aún convoca personal delante de las pantallas, siendo una mujer bien madura. …

Midnight in Paris

Vuelve Woody Allen a su cita anual para regocijo de los que le necesitamos y adoramos. Y esta vez vuelve fuerte, vuelve como nunca a su sustancia, a sus preguntas sin respuesta, a sus manías dubitativas, a aquel su cine del siglo pasado, a la fantasía y encantamiento de La rosa púrpura del Cairo, Zelig, Días de radio, Todos dicen te amo, o la clave Desmontando a Harry, contenida en las anteriores y posteriores muestras cinematográficas de esta deconstrucción del Harry/Woody.

Funciones en el Festival de Lima: CCPUCP – Sala Roja, viernes 5, 7:15 p.m; Cineplanet Alcázar – Sala 5, jueves 11, 2:45 p.m; Cineplanet Alcázar – Sala 6, sábado 13, 7:45 p.m.

El director, productor y guionista Todd Phillips es responsable de algunas dosis de la llamada NCA (Nueva Comedia Americana), donde las bromas escatológicas hacen su agosto, la estupidez más evidente se mezcla con el sexo y la caspa, se entroniza la cultura de consumo, nutrido todo ello en celebraciones lo más desbocadas posibles. Rodajes físicos y somáticos en los que los mismos actores parecen no actuar, sino más bien acudir a una juerga continua.

The Hangover Part II es, sin la menor duda, un sucedáneo cansino y ladrillo de la precedente, un show de barraca de feria que reniega de todo valor creativo. Esta vez los guionistas, Graig Mazin y Scott Armstrong parecen cansados, y el resultado es un deslucido metraje, cuya primera risa se hace de rogar (si es que llega), y que repite todo el proceso, además de contar con la presencia de los mismos protagonistas.

Un cuento chino

Ya es una regla matemática, la aparición del argentino Ricardo Darín en la pantalla grande produce como resultado un aumento considerable de las colas de taquilla. Algo de lo que …

Sin identidad

Peligroso olvido Jaume Collet-Serra es un cineasta catalán que, asombrosamente, se está haciendo un hueco de carácter en Hollywood. A la vista de sus primeros trabajos parece que se encaminaba …

The Company Men

The Company Men, del -mayormente- productor televisivo John Wells, quién ha encarado su primer largo en la gran pantalla con el apoyo de nombres de prestigio actoral, no es una gran película, pero es una película que da mucha cuerda (a pesar de sus fallos argumentales) para motivar un debate del que se pueden extraer muchas cosas, válidas especialmente para el espectador nervioso y desorientado frente a la actual crisis económica que no deja un resquicio de fe en nada. Menos aún, en nadie del mundo mercantil y político.

Vistos ya algunos resquicios cinematográficos sobre la crisis económica: Inside Job, Up in the Air, Capitalismo: una historia de amor, Batalla en Seattle, Wendy and Lucy…

Nunca me abandones

El japonés nacionalizado británico Kazuo Ishiguro es un escritor con una sensibilidad extraordinaria, que mira al interior de sus personajes devaluando el exterior o escenario. Autor entre otros títulos de “Lo que queda del día” (1989) o “Cuando fuimos huérfanos” (2000).

La colaboración entre Mark Romanek, el guionista Alex Garland, e Ishiguro, tres suntuosos artistas, no podía sino dar una de las películas más sugerentes, cautivadoras y magnéticas de los últimos meses, me refiero a la adaptación que los tres han realizado de Nunca me abandones (Never Let Me Go), la última novela de Ishiguro.

Sin limites

Sin límites fue lo que más despertó el interés del público norteamericano al margen de las propuestas de invasiones a la tierra o caperucitas rojas, destinos ocultos o martes que necesitan madres.

Lo mejor, sin duda, es descubrir que el actor Bradley Cooper va lento pero seguro en su ascenso al estrellato (pronto volverá con la segunda parte de “Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!”) demostrando, además, que sabe cambiar de registro. Al menos que al espectador le den un elemento del entramado que contenga arte. Cooper sabe capear todos los estados mentales y físicos por los que pasa en esta idea curiosa de un escritor (Eddie Morra) que en sus horas bajas tropieza con una droga (mágicas píldoras de las que esperamos la felicidad) que su excuñado y camello le proporciona.

En un mundo mejor, dirigida per la danesa Susanne Bier, se concentra en la violencia del ser humano, su control, su germen; la necesidad de conectar al hombre con la tierra, con el paisaje, depurando y estilizando, de una manera comercial pero efectista, sin dejar, por ello, de contener muchas ambigüedades y aristas. Porque comercial no significa simpleza a quemarropa.

Como ya hiciera Haneke con su maravillosa La cinta blanca, Bier propone observar cómo la semilla de la violencia se instala fácilmente en niños y adolescentes. El debate está servido. El acoso escolar, del que también habló Tomas Alfredson en su vampírica Déjame entrar, es un instrumento germinador de rabia, que puede tener muchas causas, como la incomprensión de una mente tan joven frente a la perdida del ser querido.

En el centro de la tormenta

Bertrand Tavernier ha sabido reflejar en la gran pantalla, gracias a su larga experiencia como cineasta, esa narrativa tan sureña de James Lee Burke, de tal forma que el misterio del paisaje (en este caso un paisaje post Katrina), el peso del pasado, es comunicado al espectador.

También las oscuridades de Robicheaux, (cuyo actor, magnificamente humano Tommy Lee Jones, es un fiel reflejo del propio escritor) son tan literarias que dan a la producción un aura artística poco habitual. El particular hecho de que en medio de la investigación del crimen de una joven, el inspector comience a ver fantasmas en la forma de soldados confederados, y en concreto mantenga conversaciones con el general del grupo, John Bell Hood, motiva para curiosear en la adaptación del francés.

Rango

El protagonista de esta historieta que homenajea al cine de género es un camaleón verde, con ojos saltones, casero y una vida muy solitaria en una pecera, donde sueña con mil y una batallas teatrales.

Un día viajando en la parte trasera del vehículo de sus dueños, cae en mitad de una carretera desértica y fronteriza, centro neurálgico de todas las road movies norteamericanas. A partir de aquí empieza el espectáculo que nos llevará en un viaje a través del cine, especialmente el del Oeste, que dejó su huella imperecedera en el imaginario del espectador.

Sediento y aturdido este camaleón que aún no tiene nombre avanza como un vaquero solitario que nos retrotrae a “Solo ante el peligro”. Pero si hay una influencia clara, esa es de Chinatown.

Vuelve el director Fernando León de Aranoa a su campo habitual, el cine social. Descubrimos la profunda soledad de una mujer, desorientada y sin recursos ni económicos ni personales, en un entorno que no es el suyo, hija de la emigración, con Amador, la última propuesta del cineasta madrileño.

Marcela, interpretada por Magaly Solier, es una inmigrante latinoamericana que sobrevive, junto a su marido, en un Madrid áspero y competitivo, con la venta de flores que conservan en frío durante días.

Un día le surge a Marcela la oportunidad de un trabajo extra para la maltrecha economía de la pareja, cuidar a un anciano enfermo y bastante abandonado por su familia, Amador, interpretado con la habitual maestría por Celso Bugallo, un hombre mayor que permanece en cama y cuyo hobby es hacer puzzles.

Chico & Rita

La colaboración Fernando TruebaMariscal ha derivado en un sorprendente y delicioso proyecto de animación que sin asomo de duda se ha llevado merecidamente el Goya 2011 en el apartado de película de animación.

Chico & Rita, la última incursión de Trueba en las salas, con la añadida colaboración en la dirección de Tono Errando, es todo un hermoso homenaje al swing habanero de los finales cuarenta cuando se fraguaban grandes cambios políticos en Cuba, al tiempo que las orquestas y las bandas a ritmo de jazz y sus mil mezclas vivían su gloria divina. Una riqueza musical que Mariscal viste de seda con su paleta y talento.

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