Anotaciones de Gabriel Quispe

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Ponette (1996)

La muestra Primera piel empezó ayer en el cineclub Mal de ojo de la Universidad César Vallejo, en Los Olivos, con el filme francés Ponette, retrato de una infancia solitaria que erige su propia visión del mundo, el cual pasamos a comentar.

PonettePonette (1996) | 97 min. | Francia

Dir. Jacques Doillon

Elenco: Victorie Thivilsol, Delphine Schiltz, Matiaz Bureau Canton

Sobreviviente del error, del absurdo, de lo incomprensible e inaceptable, Ponette permanece en una especie de contorno, en una frontera entre el luto y la sabiduría precoz. Con un brazo enyesado y huérfana repentinamente de madre, por un infausto y brumoso accidente automovilístico, también parece estarlo del padre. El francés Jacques Doillon elabora una sutil construcción de finos contrastes, en la que los infantes aparecen como los seres más maduros, atentos y sensibles, y los adultos cruzan defectos y carencias. Respecto a la difunta, mostrando incapacidad e inconsciencia frente al peligro, y en el caso del sujeto pedestre y ausente que funge de padre, contrapone la mayor lejanía y distancia posible del mundo lúdico, emotivo y fantástico de la niña de cuatro años. Así, la infancia y la adultez están desconectadas, salvo que se apele a la quimera que desafía a la muerte y la convierte más bien en compañía.

Ponette es un filme delicado, con una puesta en escena que envuelve imperceptiblemente al espectador y el protagonismo absoluto de una pequeña actriz inspiradísima, Victoire Thivisol, capaz de sostener pulcros diálogos sobre la muerte y prematuros devaneos con un niño de su edad. Thivisol aporta significativamente con su ambivalente presencia, frágil y enérgica a la vez, al clima de oscilación anímica y espiritual que Doillon construye en un lapso de tiempo bastante breve y en locaciones muy delimitadas. Es una notable película, que hacia el final recoge una mirada oblicua, pero precisa de la niña, que busca ser feliz, segura de sus sentimientos y emociones.

Falleció el divo italiano Luciano Pavarotti

Pavarotti

Hace unas horas se ha dado internacionalmente la noticia de la muerte, en su villa de Módena, del gran tenor italiano Luciano Pavarotti, víctima de un feroz cáncer al páncreas cuando estaba por cumplir 72 años de edad el próximo 12 de octubre.

Vale la pena echar un vistazo al archivo audiovisual de este intérprete de notable presencia escénica, poblado de productos operísticos básicamente dirigidos a la televisión, por lo general grabaciones de sus espectáculos. Sin embargo, entre ellos destacan dos películas de 1982, que siempre giran alrededor de su oficio artístico pero ofrecen algo más.

Una es Rigoletto, versión fílmica de la ópera de Giuseppe Verdi, en la que Luciano hace el rol del Duque de Mantua, que tantas veces representó en los escenarios. El director es el francés Jean–Pierre Ponnelle, quien se especializó en ese tipo de filmes, como Carmina burana (1975), L’Orfeo (1978) o La Cenerentola (1981).

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Bolivia (2001)

BoliviaDir. Adrián Caetano | 75 min. | Argentina - Holanda

Intérpretes:
Freddy Flores (Freddy)
Rosa Sánchez (Rosa)
Oscar Bertea (Oso)
Enrique Liporace (Enrique Galmes)
Marcelo Videla (Marcelo)
Héctor Anglada (Héctor)
Alberto Mercado (Mercado)
Luis Enrique Caetano (Hombre Locutorio I)
Rodolfo Resch (Hombre Locutorio II)
Rafael Ferro (Borracho)

La xenofobia le estalla en la cara a Freddy, un ex campesino cocalero del Altiplano que ha optado por emigrar sin reparar que en su condición casi da lo mismo que esté en La Paz, Buenos Aires o Lima. La fonda donde trabaja tiene como visitante crónico a un sujeto amargado y hostil llamado “Oso”, quien reniega de todo y contra todos, pero en especial pone la puntería en el extranjero. Bolivia funciona como microcosmos latinoamericano y tercermundista en general. A partir de un área de cien metros cuadrados, Caetano concentra, cual hervidero urbano, una serie de pulsiones que laten al borde del infarto colectivo. Setenta y cinco minutos de conciencia de límites logísticos y posibilidades creativas que han engendrado una propuesta rigurosa y honesta, sin ripio.

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Entrevista con Enrique Vivar y Jorge Ayala

En el mes de setiembre, el público cinéfilo de una Lima más amplia en sus linderos podrá disfrutar de dos importantes muestras en el cineclub Mal de Ojo, de la filial de Los Olivos de la trujillana Universidad César Vallejo. Una dedicada precisamente a los márgenes de la urbe, “Un mundo casi perfecto”, y otra que aborda desde diversas miradas la infancia y la adolescencia, “Primera piel”. Ambas selecciones han estado a cargo de Enrique Vivar, el responsable del sello Ver O No Ver, quien así apuesta a difundir cine de alta calidad en un espacio nuevo en la zona norte de Lima.

Jorge Ayala y Enrique Vivar

El volumen y la rigurosidad de las muestras hacían necesaria una entrevista. Así que enviamos un cuestionario para ser respondido por correo electrónico no sólo a Vivar, sino también a Jorge Ayala, el psicólogo que está apuntalando las actividades cineclubísticas en la Universidad César Vallejo. Ahí ha ocurrido un fenómeno de mucho interés, un éxito en el alumnado que ha desbordado las expectativas con las que nació hace unos meses Mal de Ojo. Un hallazgo, un despegue, que está asociado a otros temas, de modo interdisciplinario.

El diálogo virtual, queda asignado a continuación »

Entrevista: Gabriel Quispe
Fotos: Mary Panta y Rodrigo Portales
Edición: Antolín Prieto

Los actores de Buñuel

Belle de jour

No tengo ninguna técnica especial para trabajar con los actores. Todo depende de su calidad, de lo que me ofrecen o de los esfuerzos que debo desplegar para dirigirlos cuando estén mal elegidos. De todos modos, una dirección de actores obedece siempre a una visión personal del director, que éste siente, pero que no siempre puede explicar.

El maestro Luis Buñuel, en amable referencia a sus actores,
de películas como Ensayo de un crimen o Belle de Jour.

Falleció el actor mexicano Ernesto Alonso

Archibaldo De La Cruz también se fue

Ensayo de un crimenConcluido el internado en el Festival de Lima, podemos recién ocuparnos de algunas notas que se quedaron haciendo cola. Después de las desapariciones de Ingmar Bergman, Michelangelo Antonioni y Michel Serrault, nos dejó otro longevo personaje que se ganó un lugar en la historia del cine. El 7 de agosto, a los noventa años, falleció el múltiple artista mexicano Ernesto Alonso, quien en setenta años de trayectoria brilló en el mundo cultural de su país. Aparte de su labor teatral, sus cifras televisivas son elocuentes: produjo 158 series, dirigió 43 y actuó en 23, presentando su última producción el año pasado.

Obviamente lo que más nos interesa es su paso por el cine. En 1938 participó como extra en La Zandunga, de Fernando De Fuentes, y al año siguiente tuvo un pequeño papel en el filme Papacito lindo, firmado por el mismo director y protagonizado por el clásico Fernando Soler. En total, Alonso apareció en cuarenta películas, de las cuales sólo dos hizo en casi cincuenta años: Coronación (1976), de Sergio Olhovich, adaptación de la novela de José Donoso, en el rol que encarnara en el 2000 Julio Jung en la versión del chileno Silvio Caiozzi; y El maleficio II (1986), de Raúl Araiza, secuela fílmica de una telenovela muy popular que protagonizó en 1983.

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La punta del diablo (2006)

Dir. Marcelo Paván | 90 min. | Argentina

Intérpretes: Manuel Callau, Romina Paula, Lautaro Delgado, Axel Pauls, María Onetto, Prakriti Maduro, Claudio Corbelli

Festival de Lima: Sección Oficial Opera Prima

La punta del diablo

La punta del diablo es la tardía opera prima del argentino Marcelo Paván, quien lleva buen tiempo como productor, destacando en su filmografía Cenizas del paraíso, de Marcelo Piñeyro. El filme presenta a Roberto, un hombre maduro, cirujano de profesión, en la circunstancia de afrontar el único diagnóstico para el que no estaba preparado: la aparición de un tumor en su propio organismo. Así empieza un viaje más, físico e interior, en el cine argentino: el protagonista va para adelante, aunque no sabe adónde exactamente, y se mantiene en un limbo, en una suspensión vital que la película comparte.

El relato está muy desdramatizado, lo que no es malo, pero llega a ser algo monocorde por conformarse con la presencia desconcertada y lacónica del personaje en el lugar soleado, relajante y bucólico que da nombre al filme, Punta del Diablo, en Uruguay. Paván no desarrolla el tema de la enfermedad ni la proximidad de la muerte, por lo que a veces las motivaciones de Roberto no pasan de ser una premisa. Sí se puede apreciar la interpretación solvente de Manuel Callau y la fluctuante iluminación, que alterna, incluso con disolvencias, nocturnidades y resplandores. Faltan sorpresas, y el interés sólo se recupera un poco por los tenues acercamientos a la joven María, la mujer de misteriosa fragilidad que atrae al cincuentón.

Páginas del diario de Mauricio (2006)

Páginas del diario de MauricioDir. Manuel Pérez Paredes | 135 min. | Cuba

Intérpretes:
Rolando Brito, Blanca Rosa Blanco, Larisa Vega Alamar, Enrique Molina, Carlos Enrique Almirante, Gilda Bello, Raúl Eguren, Maria Elena Molinet

Festival de Lima: Sección Oficial Ficción

A través de una trayectoria personal, Páginas del diario de Mauricio intenta la fotografía certera de los tiempos recientes de Cuba, asaltada por la agudización del aislamiento internacional, huérfana ya de la extinta Unión Soviética, y de la perseverancia en el régimen castrista. Podría haber funcionado como un espejismo de Memorias del subdesarrollo, la obra maestra de Tomás Gutiérrez Alea de 1968, pero está absolutamente desprovista de su pulcritud expresiva y la lúcida mirada de su época.

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