
Hemos salido del Pathé luego de ver La antena. Son las 5:15 p.m. A Teresa le provoca un café antes de regresar a La Haya. Yo tomaría todos los que se necesiten para matar las cuatro horas y media que me quedan hasta Does It Hurt? The First Balkan Dogma (¿Duele? El primer Dogma de los Balcanes). Caminamos una cuadra para tomarlo en el café del De Doelen. Hay mucha gente, entre espectadores, periodistas y seguramente actores y directores. No hay asientos, solo mesas para tomarlo de pie. Así lo hacemos, mientras revisamos el Daily Tiger #3. Es el periódico del festival y tiene 26 páginas. No podemos leerlo todo, pues muchos de los artículos están en Dutch, ese idioma tan caro de aprender y que nos impide entender lo que ocurre a nuestro alrededor.
El Daily Tiger tiene una página dedicada a Johnnie To, el director in focus del festival. Aquí el hongkonés cuenta que no hace guiones para sus películas más personales. Sólo los prepara para las comerciales, porque los inversionistas así lo piden. Para sus películas, todo lo guarda en su cabeza. Todo, hasta la música, porque le viene en el mismo paquete junto a la idea sobre la historia. Antes de cada escena, le explica a los actores qué es lo que deben hacer. Sólo les pide que confíen en él. Afortunadamente los conoce y eso hacen. To se explica: “puedo hacerlo así porque yo también soy el productor de mis películas, entonces no debo darle explicaciones a nadie”. Una sana pero amarga envidia sube hasta mi boca y entonces voy por una Coca-Cola para quitármela.
También leemos que la organización del festival ha preparado un campeonato de futsal entre actores y directores. Habrá unos 7 u 8 equipos en competencia, según ha dicho el programador del festival –y pelotero, según parece- Gertjan Zuilthof. Su impecable razonamiento es el siguiente: “en el futuro, las proyecciones de películas en los festivales no serán importantes. Los festivales se convertirán simplemente en un lugar para que la gente se reúna. Y si no van a ver películas, ¿por qué no jugar fútbol en su lugar?”. Miro alrededor y de pronto sospecho que la gente comiendo o tomando café en los tres niveles de este centro de convenciones supera definitivamente a los que estábamos saliendo de las funciones del Pathé. El tipo es el programador de este festival, debe saber lo que dice.
Teresa se va. Sigo leyendo un poco más. Me encuentro con la entrevista a Aneta Lesnikovska, la directora de mi siguiente película. Le han preguntado si rompió alguno de los diez mandamientos Dogma 95 (su cinta es la número 73). Ella dice que no, absolutamente no. La razón es espectacular: “aun cuando hubiéramos querido, no tuvimos la plata para romperlas”. El periodista añade, citando una línea de un personaje de la película, si de bajo presupuesto se trata, en Macedonia “se han hecho películas Dogma desde los años 50”.
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