Andrés Caicedo, cinéfago empantanado
Andrecito Caicedo es otro de los escritores que se dejó fascinar por el cine (así como a su vez lo hicieran Cabrera Infante y Javier Marías). Hay quienes le reprochan una prosa descuidada y un abuso del lenguaje coloquial en su literatura (“uno se da cuenta queso lestá ocurriendo a uno no lo vastar creyendo porque únicamente lo ha visto en las películas, pero te digo que antes me pegaba un puño donde fuera y soltaba semejante berrido cuando me acordaba della”; fragmento del cuento Los dientes de caperucita); otros, y justamente por la prosa que algunos le reprochaban, además por su visión ensoñadora y juvenil del mundo, como por su atracción por las películas de horror, de vampiros y una marcada seducción por la antropofagia (“Hay varias maneras de comerse a una persona. Empezando porque debe ser diferente comerse a una mujer que a un hombre. Yo he visto comer hombres, pero no mujeres.” Así comienza un cuento suyo titulado Canibalismo) lo consideran como un escritor adelantado para su época, y para su edad; y muy leído en su Colombia natal luego de que se quitara la vida apenas cumplidos sus 25 años. A juzgar por las fechas de sus escritos, parece ser que 1969 fue el año en el que Andrés logró imponerse una disciplina de trabajo, la cual dio como resultado una gran cantidad de cuentos, dos borradores de novelas, algunos guiones para cine, y poemitas varios. Es en ese año cuando escribe siete versiones de Los Dientes de Caperucita, cuento con el que ganaría el segundo premio del Concurso Latinoamericano de la Revista Imagen de Caracas, a los diecinueve años. Luís Ospina (¿será el mismo que acaba de publicar un libro y viene a Trujillo a presentarlo en la Feria del Libro?) y Sandro Romero Rey, amigos de Andrecito, recopilaron y ordenaron sus textos y publicaron los libros de cuentos Destinitos Fatales, Angelitos Empantanados y la novela Noche sin fortuna, que con el correr de los años se convirtió en objeto de culto.

Martes, 16 Enero 2007, 6:30 pm
Comentarios(3)
Hace poco he tenido la oportunidad de prestarle atención al cine asiático, particularmente al japonés y al coreano. Dentro de la búsqueda de películas de esta parte del mundo, he logrado ver filmes de directores de distinto calibre: Takeshi Kitano, Chan-wook Park, los hermanos Pang, Wong Kar-wai, Hayao Miyazaki y Takashi Miike. Pero esta semana, por recomendación de
Si para muchos la película carece de una historia “bien contada” he podido ver que el desarrollo de ésta existe; y que tiene los elementos necesarios que la hacen una sólida historia: el personaje principal, la eterna enamorada dispuesta a ayudarle, la grotesca escena amorosa, el malvado que trata de hallar el instrumento preciso para conquistar el mundo y ‘decorarlo’ a su gusto. Lo único que habría que decir sobre el guión es que está realizado de manera distinta, muy personal y muy jalada de los pelos, pero por sobre todo innovadora, original y lograda.

































