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Genealogía de King Kong

Este 2 de marzo se cumplieron 75 años del estreno de uno de los iconos más rocambolescos y formidables de la historia del cine. El rey Kong hizo su aparición gracias a la imaginación de los aventureros Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack. El resultado de tantas fantasías alimentadas por libros y viajes, quedó registrado en los andares imponentes de la gran bestia que provoca el caos entre sus asombrados espectadores. Queremos compartir con ustedes una pequeña remembranza del super simio y sus pasos a lo largo del tiempo:

King Kong (1933)
. La primera película estrenada en 1933 sentó el modelo: la ambición de unos exploradores (cineastas para el caso) que se encontraban cara a cara con lo insólito. Para calmar a la bestia nada mejor que su némesis, representado por la bella Fay Wray. Una historia de extraña atracción que, como consecuencia de tanto deseo desbocado, tiene la furia digna de un disidente, destruyéndolo todo a su paso con una apariencia de niño juguetón. Mírenlo chocando trenes, agarrando su muñeca y tratando de alcanzar avioncitos en el aire.

Son of Kong (1933). Tras el descomunal suceso de la primera película, los realizadores se animaron por sacar esta secuela casi de inmediato. En este caso la historia nos trae de vuelta a la isla perdida donde Carl Denham (el cineasta de la primera expedición) haya lo “inesperado”: el hijo de Kong mucho menos robusto pero igual de mortífero. Muchos no recuerdan la existencia de esta continuación y tal vez no valga la pena hacerlo tampoco, salvo por representar el típico caso de progresiva deformación del modelo, el cual todavía estaría por conocer mayores extravagancias.

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Una clase de cine con Jaime Rosales (II)

Jaime Rosales(Esta es la segunda y última parte de la ponencia de Jaime Rosales en Valladolid en 2003)

La preparación del rodaje
Considero mucho más importante la preparación del rodaje que el rodaje en sí. En el rodaje, lo importante es aprovechar la espontaneidad, adaptarse a lo que surge de forma inesperada y sorprendente. Pero, para que eso pueda ocurrir, en la preparación todos tienen que tener claras las condiciones que favorecen que lo inesperado, lo espontáneo, se presente. Ya he dicho antes lo importante que es la colaboración con el equipo técnico a la hora de marcar las decisiones estilísticas de la película. En la preparación fue donde se definieron las pautas que marcaron la forma cinematográfica de Las horas del día.

Orienté ese trabajo de preparación en dos direcciones. Primero, trabajo de preparación técnica; segundo, ensayo con los actores.

La preparación técnica consistió en una primera lectura del guion, con los jefes de equipo y sus primeros ayudantes, alrededor de una mesa. Con anterioridad ya les había explicado individualmente cuáles eran la intención y el tono de la película, para que todos tuvieran claro lo que yo quería hacer. En esas lecturas surgieron ideas para mejorar el guión y también para desglosarlo. Es una buena forma de discutir sobre la película y avanzar la planificación del rodaje. Los técnicos, además de ayudar a mejorar el guión y a definir pautas de rodaje, ya pueden aprovechar esa lectura para anticipar problemas que pueden surgir más adelante. La lectura con los técnicos duró una semana. Al cabo de este pequeño subproceso quedaron fijadas las reglas que iban a definir la estética de la película.

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La banda sonora de Expiación

Atonement

Inteligente, impecable, virtuosa y protagónica… Hace mucho que en la cartelera limeña no podemos disfrutar de una banda sonora del nivel de Expiación (Atonement). Absolutamente integrada al relato y la estructura narrativa, tanto la música como los otros elementos de la banda sonora se constituyen en protagonistas de la historia.

El espectador no podrá dejar de estar consciente de la existencia del sonido en todo momento, sin que esto resulte perturbador sino todo lo contrario, potencializador de la historia.

La mezcla también es destacable. La representación del espacio, a través de la presencia del sonido, está lograda de una manera magistral, el punto de vista sonoro objetivo, desde la cámara, hace un contrapunto con la perspectiva subjetiva de los personajes también representados sonoramente.

Muy merecidamente, Dario Marianelli recibió el Oscar a la mejor música original por Expiación. Un extraordinario ejemplo de composición musical cinematográfica, potencializando el mundo interior de los personajes, el montaje, la cámara y los otros elementos del sonido.

¡No se la pierdan!

Genealogía de “Rambo”

El héroe de los 80 está de regreso, la caricatura bélica absoluta, la representación de las fantasías reaccionarias gringas en su máxima expresión. Sylvester Stallone, en la cima de su éxito como el entrañable boxeador Rocky Balboa, se le ocurrió dejarse el cabello largo y hacer la versión paroxística de su apariencia cinematográfica de hombre hecho a sí mismo y contra todos los obstáculos. John Rambo pasó rápidamente a transformarse en el mejor vehículo de las más discutibles elucubraciones de su estrella-actor. Queremos repasar con ustedes su paso por la imaginaria y atemorizante jungla de los blockbusters, ad portas de su regreso a las pantallas peruanas:

First Blood | Rambo: A partir de una novela escrita por David Morrell, esta película fue un intento de Stallone por encontrar un personaje tan carismático como el boxeador que lo llevó a la fama. El resultado fue una aceptable cinta de acción de la que se puede rescatar pasajes de drama tenso y consecuente con el marcado personaje sobreviviente de una guerra sin sentido, que vuelve al combate tras intentar caminar entre los suyos nuevamente. Comenzaba a gestarse, sin mucha sospecha, el bicho del fascista que se revelaría en las secuelas.

Rambo II: Pasado el primer arrebato y desencanto, a John le tocó un buen rato tras las rejas, tiempo para meditar un poco sobre su futuro en el cine, y su rol como vocero ante su nación, envuelta en más de un conflicto alrededor del orbe. Una propuesta para regresar a la lejana Indochina de sus horrores lo hace cruzar la línea sin retorno hacia el trono de los matarifes cinematográficos más rocambolescos de la historia. Acá todo el patriotismo desparramado en pequeños y solemnes momentos se convierte en el pretexto de explosiones y asesinatos delirantes, que el ex boina verde ejecuta como en el mejor sueño de Ronald Reagan, quien ya lo hubiese querido en frente para una medalla. ¡Al diablo con Platoon!

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Una clase de cine con Jaime Rosales (I)

Jaime RosalesHace un tiempo, gracias a la gente de la revista Godard!, tuve ocasión de apreciar en el Centro Cultural de España Las horas del día, la ópera prima de Jaime Rosales. Después de verla decidí buscar algo más sobre el director, y es así como llegó a mis manos un libro de conferencias de jóvenes realizadores que participaron en el Festival de Valladolid del 2003, y que incluía una exposición suya. Lo que sigue es la exposición que dio en aquella ocasión el hoy galardonado realizador de La soledad en los recientes premios Goya. Aquí habla de cada uno de los pasos que fue dando para la realización de su primer película. Espero que la disfruten y que se les sea de tanta utilidad como me lo fue para mí.

Presentación

Es un gran privilegio poder dedicarse a hacer lo que a uno le gusta. Más aun cuando lo que a uno le gusta es un medio tan hermoso pero de difícil acceso como el cine. Desde estas líneas, mi agradecimiento a aquellas personas que me han ayudado, de muchas formas y a lo largo de muchos años, a que haya podido realizar Las horas del día. Y mi ánimo entusiasta para todos aquellos, jóvenes o no, que tienen un guión bajo el brazo y están intentando realizar su primer largometraje.

PASADO
De cómo me hice productor y de cómo era el panorama que encontré en mi país

Después de estudiar en la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba, y tras una breve estancia en la Australian Film Television & Radio School, de Sydney, regresé a España con una primera versión del guión de Las horas del día. Quería hacer una película diferente. Una película que no tuviera nada que ver con los códigos clásicos de las películas de asesinos en serie. Una película que retratara una realidad tal y como es. Una película que huyera de cualquier intento de convertir en algo comprensible ese fenómeno tan absurdo e irracional como matar sin motivo a una persona. Tenía claro que quería hacer esa película y no otra. Y tenía claro que necesitaría mucha energía, fortaleza y perseverancia para defender la idea de película que llevaba en la cabeza. Creía –y sigo creyendo– que en el negocio del cine existe una relación directa entre libertad artística y presupuesto: a mayor libertad artística, menos dinero. Por lo tanto, como quería una gran libertad, sabía que tendría que renunciar a movilizar muchos medios para realizarla. Con un guión más o menos desarrollado, aunque bastante verde todavía, llegué de Barcelona a Madrid en busca de productor. 1999 era un año relativamente próspero para la industria audiovisual. Había una expansión brutal del sector audiovisual en España, debido a la guerra de plataformas digitales, y había crecido muchísimo el número de productoras y profesionales del sector. No se hablaba de crisis ni mucho menos, y aunque surgían indicios inquietantes de lo que podía ocurrir después de que esa guerra artificial acabara, no me costó demasiado encontrar trabajo como guionista para televisión. Mientras, iba de productora en productora intentando que alguien produjera mi primera película. Me encontré con dos situaciones: la primera –la más frecuente–, el proyecto no interesaba; la segunda, el proyecto tenia posibilidades de realizarse si yo accedía a domesticar un poco el guión, haciéndolo más convencional, y si accedía a componer un ‘casting’ atractivo que permitiera financiar un presupuesto serio. Un proyecto como el mío, me decían los productores, a duras penas podía ser subvencionado, pero todavía más difícil iba a ser conseguir financiación a través de las televisiones. Era un proyecto de riesgo artístico y financiero demasiado alto. No interesaba. Tras dos años moviendo el guión por todas partes, comprendí que la única manera de llevarlo a cabo era produciéndolo yo mismo. Pensé: Y ahora, ¿Cómo lo hago?

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El amor en los tiempos del cine

El día que se celebra hoy es un buen pretexto para recordar (y como reza el dicho, volver a vivir) algunos de los amores que nos han impactado en la gran pantalla. A partir de la memoria y sin afán exhaustivo, rescatamos pasajes, sensaciones, instantes de fuerte carga sentimental. No es una lista de “mejores amores”, son las historias que se nos vinieron a la mente como ráfagas de viento. Aún así, hay diversidad, incluso incorporando un par de cintas poco conocidas.

Más allá del tiempo, por Gabriel Quispe

El beso (The Kiss, 1896)
En primer lugar, es simpático ver un filme pionero en el registro del amor y la carnalidad, producido por el inventor y empresario múltiple Thomas Alva Edison, dirigido por el ignoto William Heise, y actuado por May Irwin y John C. Rice, conspicuos provocadores de un escándalo social en los albores de un arte que entonces nadie vislumbraba como tal. Primero una serie de tanteos, y luego el ósculo frontal.

Vértigo (Vertigo, 1958)
La filmografía de Alfred Hitchcock destila, por debajo de la intriga y la perversión, un romanticismo barroco y retorcido. Quizá la cumbre de ese elemento se aprecia en Vértigo, parábola de tan poderosas sugestiones que el relato alcanza un estado de hechizo y alucinación, atravesado por la culpa, la acrofobia, la viudez adquirida en soltería y la necrofilia. Scottie, el personaje que palpita James Stewart, acumula pérdidas y la última lo deja como un zombie, por lo que la reaparición del perfil y la figura que lo terminó de enajenar le insufla energías de operario restaurador y cirujano de la memoria, a expensas de Kim Novak, quien quiera que sea. El término de la reconstrucción depara probablemente uno de los instantes más emotivos de la historia del cine, una oda al artificio. Cuando el umbral se cruza del otro lado.

Lee sobre otras cintas de amor comentadas por Quispe, Esponda y Beteta »

Fausto cumple 200 años

El clásico personaje que se las ve en negocios peligrosos con el diablo ha atravesado el imaginario mundial especialmente desde que Johann Wolfgang von Goethe lo convirtiera en protagonista de su obra capital. En 1808 se publicó la primera parte de esta saga, que conocería su conclusión mucho tiempo después y tras varias dificultades, y se convertiría en el modelo al que distintos artistas en el transcurso del tiempo apelaron. Liszt le dedicó una sinfonía, Berlioz y Gounod óperas y Thomas Mann una novela.

El cine, por su parte, se ha apropiado incontables veces de la historia de Fausto y su amor desesperado por Margarita, pero rara vez con nombre propio (una de las últimas sería el paralizado proyecto de Terry Gilliam The Imaginarium of Doctor Parnassus). Precisamente la versión definitiva sí lo hizo. Fue realizada en 1926 por el extraordinario F. W. Murnau, quien asomaba a su historia romántica toda la decadencia y el lirismo de su estilo obsesionado con la odisea existencial.

Celebrando la presencia de este bicentenario, los dejamos con la imagen perfecta de la locura mayor del ser humano, alimentando su ambición y vanidad con los tesoros presentados desde las enrarecidas alturas por Mefistófeles, haciéndose pasar por genio dadivoso:

¡Feliz año de la rata!

Hoy se inicia el año de la rata en el calendario chino. El eterno y escondido acompañante del hombre y el perro ha representado todo tipo de ideas. Desde la sabiduría oriental que lo coloca como uno de los animales que simbolizan el ciclo lunar, hasta las calificaciones occidentales que a través de la historia lo asocian con la muerte, la suciedad y la corrupción. Con motivo de ello tomamos la excusa para revisar la presencia (figurada) o real de estos roedores en el cine:

Nido de ratas: Como todos los animales del cine, la representación mayor siempre ha tenido el lampiño rostro humano, sus alardes y vociferaciones. Las ratas de esta película anidan cerca al agua, a riesgo de ahogarse con tal de obtener unas cuantas y fugaces recompensas en el mundo moderno e industrializado. En medio de sindicatos, golpes bajos y sacrificios de pequeños e insignificantes peones para que puedan sobrevivir los líderes dudosos de la manada. Al sacrificado Terry Malloy no le quedaba otra que renegar de ese destino torcido.

Bernardo y Bianca: Para los que crean que los roedores sólo se la pasan mortificándonos con su repulsiva presencia, aquí tenemos el ejemplo perfecto de su oculta nobleza. Los superagentes Bernardo y Bianca dieron el primer paso para la posible confraternidad, tratando de llevar como premio de una posible alianza a Penny, la niña secuestrada por unos malvados villanos bidimensionales. Clásico ratuno que se disfruta aún hoy en día y cuyos vuelos, saltos y demás viajes y piruetas son la inspiración no muy disimulada de varios cultores del género actualmente (Nick Park a la cabeza).

Más ratas tras el salto »

¡Feliz Año de la Rata 2008-2009!

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