Patrick Ghislain es sin duda uno de los mezcladores más importantes del cine europeo contemporáneo. La mezcla y la propuesta sonora de la película La vida secreta de las palabras, de Isabel Coixet, que integra la sección Presentaciones imprescindibles en el Festival de Lima, es una demostración de talento y maestría en la composición sonora.
Cada vez con más contundencia podemos ver que el sonido de la realidad, el sonido directo, queda concentrado fundamentalmente en el diálogo para dejar a la postproducción la construcción y manipulación absoluta sobre los elementos que componen la sonoridad de la película.
Con satisfacción presentamos a Rosa María Oliart, una de las mejores sonidistas peruanas (La prueba, Una sombra al frente) y actual vicepresidenta –en realidad, presidenta interina, ante la desidia del Ministerio de Educación por nombrar al titular– del Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine). Desde ahora la popular “Bucles” compartirá periódicamente con nuestros lectores su conocimiento técnico y habilidad interpretativa del sonido de las películas que tenga ocasión de ver. Empezamos con la cinta brasileña El año en que mis padres se fueron de vacaciones, de Cao Hamburger, que compite en la Sección Oficial de Ficción.
El año en que mis padres se fueron de vacaciones: la estética del foley
La película brasilera El año en que mis padres se fueron de vacaciones, de Cao Hamburger, demanda una reflexión especial a propósito de la estética y el uso del foley como recurso en la postproducción sonora cinematográfica. En este filme la banda sonora está prácticamente fundamentada en el foley como elemento protagónico de la sonoridad de la historia.
Llamamos foley a los efectos sonoros sincrónicos grabados en estudio sobre la imagen ya editada, a manera de doblaje. Los podríamos clasificar en tres categorías: pasos, presencias y ruidos. En la mezcla cinematográfica 5.1, son ubicados siempre en el canal central que alberga todos los elementos sonoros sincrónicos y el diálogo.
El wayronco es un abejorro andino que en su vuelo emite un sonido parecido al llanto humano, con esa idea-fuerza, Jorge Meyer y Xavier Urios, se lanzan a conocer y mostrar el dolor y sufrimiento generado por los funestos años de violencia interna en el Perú, en el documental Lágrimas de Wayronco que veremos en competencia durante el 11 Festival de Lima en la respectiva sección.
El director y el productor español, nos concedieron una entrevista para conversar sobre esta investigación suya sobre el penoso proceso de violencia de los 80s, sus consecuencias y sus víctimas, reflejados en este largometraje de 96 minutos que percibe la problemática a la distancia de una perspectiva europea.
Dos momentos para ilustrar la conversación, sobre la coyuntura del conflicto armado:
Este es el único país del planeta que en dos décadas de democracia han tenido tal número de víctimas, nosotros podemos hablar de la dictadura de Pinochet, la dictadura de Videla, las guerras por tierras en Laos y Camboya, pero estamos hablando de situaciones sociales y políticas distintas, opresoras y oprimidas. Aquí, estaban en democracia, nunca ha ocurrido en ningún país del planeta.
Sobre las dramatizaciones, uno de los momentos más interesantes del documental, que el pueblo de Chungui realizó, nos cuentan:
Y nos encontramos una comunidad que nos dice “nosotros hemos preparado unas dramatizaciones, queremos expresar gráficamente, de una manera viva, lo que hemos pasado”, nosotros no intervinimos más que a la hora de colocar las cámaras; ellos tenían decidida la entrada de Sendero, la asamblea comunal, un ajusticiamiento. Y de hecho, como es muy difícil comunicarse con ellos, esto no fue un rodaje tradicional, “bueno ahora vamos a hacer…” no, no, ellos de repente empezaban a hacer cosas, venían disfrazados de militares, disfrazados de senderistas, y nos pillaban así corriendo, corriendo, motor, motor! Y como locos nosotros nos poníamos a rodar y ellos seguían dramatizando, haciendo su obra de teatro durante tres horas seguidas, y nosotros a captar imágenes.
Una de las varias tareas previas al estreno de un film es la construcción de la banda de sonido. Para ello los cineastas cuentan con el sonido directo, el foley, los sonidos de archivo entre otros recursos. De los sonidos de archivos, uno de los más usados es el Grito Wilhelm, un cliché cinematográfico para caídas aparatosas o algunas muertes violentas.
De las muchas producciones que lo han utilizado, Distant Drums (1951) resulta ser la primera. Cintas como Them!, Star Wars o Reservoir Dogs han dado el rango de mito a este grito adjudicado al actor Sheb Wooley. Tras ellas, muchos diseñadores de sonido la han usado en sus bandas de audio, como una broma interna dentro del gremio. A este sonido se le conoce como grito Wilhelm por uno de los personajes que lanzó dicho alarido, ‘el soldado Wilhelm’ en The Charge at Feather River (1953). Una lista completa de películas con este grito se ubica en la wikipedia, pero aquí pueden ver oír la evidencia primero:
Tenía que ser Snow Patrol, una de esas bandas que con sólo una canción se convirtió en una de mis favoritas (El tema que me enganchó hace un tiempo fue “Chasing Cars”). Sony Pictures ya les echó el ojo y los jaló para el soundtrack de Spider-Man 3, este mega-blockbuster que ya se nos viene la próxima semana.
El soundtrack contiene un interesante puñado de canciones, algunas nuevas, de varias de mis bandas favoritas. Además de la mencionada Snow Patrol, está Yeah Yeah Yeahs, The Walkmen y The Flaming Lips. Aunque también están los insoportables Jet. Aquí el listado completo de temas:
Tras el estreno de Madeinusa en Francia, la directora Claudia Llosa fue entrevistada el 30 de diciembre en el programa de cine de Radio France Internacinal, en su filial RFI en Español. A continuación pueden escuchar la entrevista [16 min.]