Archivo de Críticas

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La mentira maldita (1957)

Sweet Smell of Success

Sweet Smell of Success

Notable film noir alrededor del mundo atrás del espectáculo: el de los reporteros y columnistas de chismes. El director Alexander Mackendrick elabora una visión atroz y dura de este mundo casi pugilato en la arena en lo que cuenta únicamente es matar o morir. Ahí tenemos al protagonista Sydney Falco (Tony Curtis ágil y preciso como en sus mejores roles) un pillo que se gana la vida dándole chismes al gran ojo de millones de lectores J. J. Hunsecker (Burt Lancaster sobrio y medido), un inescrupuloso columnista que a cambio le otorga espacio para publicitar a sus clientes de turno ya sean cabarets o espectáculos de poca monta.

En medio de ambiente tan corroído es que surge el amor entre Susan, la dulce hermana de Hunsecker y Steve, un guitarrista en ciernes. El todopoderoso señor de las primeras planas hará lo que sea para impedir esta relación valiéndose de su compinche. Así seremos testigos de una historia de traiciones con garra y nervio como pocas veces se ha visto, pero bastante atípica a decir verdad. Esta película sigue la corriente impuesta por esos años de historias bastante desmitificadoras del sueño americano, llenas de antihéroes por doquier, tipos de con idiosincrasias extrañas, a prueba de balas, capaces de todo por encontrar un lugar bajo el sol.

Sweet Smell of Success

Como en todas ellas aquí incluso el dulce aroma del éxito es tan solo el preludio de la tragedia. Cada paso a tomar solo envilece más su ambiente, como lo dice el buen Steve el todopoderoso Hunsucker más que ser una “gloria nacional” es una especie de “desgracia nacional” , el punto culminante de aquel arribismo o visión torcida del triunfo a la que Sydney aspira pero en su versión monumentalmente monstruosa.

Fascinante de principio a fin, esta es una película cumbre muy poco conocida y que valdría la pena echar un vistazo muestra de una asociación de talentos como muy pocas veces se ha visto. Imprescindible.

Jorge Esponda

Cuerpos ardientes (1981)

Body Heat

Body Heat

Body Heat es la primera y más lograda película del norteamericano Lawrence Kasdan (guionista de The Empire Strikes Back y Raiders of the Lost Ark.) En ella se dan cita nuevamente los elementos del film noir convertido en lo que ya se suele llamar erotic thriller.

Ned Racine (William Hurt) es un mediocre abogado en la calenturienta Florida que se la pasa encamándose con todas las mujeres a su paso para matar el aburrimiento. Hasta que como en las mejores historias del noir surge la horma de su zapato una misteriosa y bellísima mujer (Kathleen Turner) la cual lo arrastrará hacia un remolino de deseo y ambición.

Kasdan con inteligencia y talento nos presenta esta atracción casi como un embrujo como el del flautista y la cobra en el clima cargado y sudoroso de las noches tropicales. Pocas veces se ha visto ese torrente de erotismo y deseo tan bien expresado. Lo que siguen son las noches en la que estos cuerpos ardientes darán rienda suelta a sus juegos prohibidos. Pero más temprano que tarde la situación se volverá insostenible y aquí Kasdan nos muestra que el fuego del crimen y la ambición es igual de poderoso.

Body Heat

Suerte de film catálogo del cine negro, Body Heat se adelanta en su tiempo a toda esa moda surgida a partir de Basic Instinct y tantos films de choque y escándalo. Se adelanta pero además las supera por lejos. Aquí la atmósfera pasional esta servida en beneficio de una historia subyugante y sorprendente realizada con tal determinismo y capacidad sugestiva como pocas veces se ha vuelto a ver.

Kasdan es un talentoso y erudito creador de cine de género y en su ópera prima nos deleita con una de esas historias que no habría que pensarlo dos veces para querer vivirlas aun a costa del precio que haya que pagar. Excelente.

Jorge Esponda

La muralla verde (1970)

La muralla verde

Armando Robles Godoy ha sido sin duda el más personal y ambicioso realizador del cine peruano. Sus películas claramente influenciadas por las vanguardias de los años sesenta (en los que inició su carrera en el cine) son visiones que pretenden abarcar todo acerca del país, eso si, pasado por el muy peculiar filtro de su mirada.

La muralla verde es sin duda su film mejor conseguido en el que su furioso y exótico estilo está más acentuado, tal vez por ello funcione mejor que sus posteriores realizaciones llenas de una retórica cada vez más acentuada y hasta desfasada.

La historia se ubica en los años de la república previos a la dictadura militar cuando se lleva a cabo la campaña de colonización de la selva. Un hombre (Julio Alemán) y su familia lo dejan todo por esta aventura que muchos penosos y desesperantes tramites les han costado. A partir de esta anécdota Robles nos presenta una película en la que sus alegorías visuales funcionan bien a partir de su vehemente mirada sobre la problemática no solo de la burocracia sino de toda la idiosincracia peruana. Con una notoria influencia de Resnais y Rocha, Robles nos presenta una narración fracturada (de lo que se vale para sus alucinaciones poéticas o mas bien poetizantes que veremos en sus futuras películas) ahí vemos el deambular del protagonista, sus esperanzas y sufrimientos en medio de las trabas de esas murallas coloridas y la ignorancia popular.

Robles exhibe un talento innegable para las resoluciones visuales, pero esto no se traduce necesariamente de un guión bien elaborado. Parte de la funcionalidad de la cinta es justamente el buen ojo del realizador, aunque no llegue al nivel de telurismo volcánico del brasilero Rocha por ejemplo.

Película sin lugar a dudas significativa dentro del cine peruano La muralla verde es una interesante propuesta, acaso la mejor que nos haya entregado Armando Robles Godoy.

Jorge Esponda

Chinatown (1974)

Chinatown

Esta película es harto significativa como uno de los más extraordinarios y personales homenajes que se hayan hecho a un tipo de cine ya mutado hace mucho tiempo. El polaco Roman Polanski nos trae de vuelta la esencia del film noir, esa vertiente del policial que se desarrollaba en medio de atmósferas siniestras envenenadas de traición, miedo y ambición.

En Chinatown se valió de la moda retro de comienzos de los setentas para realizar toda una puesta al día de recursos que incluso se podían considerar desfasados (vale tan sólo presenciar los créditos iniciales) Lo novedoso y genial de este film fue que Polanski fiel a su estilo exacerba aún más el lado oscuro y perverso del género, para revelarnos una vez más su visión de la sociedad moderna envilecida al extremo en que sus protagonistas apenas son fichas de un enorme juego movidos de un extremo a otro sin que puedan evitarlo.

Así presenciamos la aventura del detective J. J. Gites (émulo de tantos Sams Spades y Philips Marlowes en la historia del cine) que asume un extraño caso. En él conocerá todo un impresionante (si es que alguien de su oficio se puede sorprender de algo) trasfondo de corrupción, odios y venganzas en la entonces todavía polvorienta ciudad de Los Ángeles. Ahí como sus antecesores, no podrá evitar involucrarse con lo que no debe empezando con un asesinato y la investigación que lo llevará a conocer a una mujer fatal: la evasiva Evelyn Mulwray (Faye Dunaway.)

Chinatown

Polanski con estupendo guión de Robert Towne lleva acabo esta travesía por las aguas turbias (acaso las únicas) en que los aparentes estereotipos de la historia detectivesca están puestos con tal talento que difícilmente podemos olvidar este modelo. He ahí que surge como retorciendo mas su autoconciencia el gran John Huston (inaugurador del sub género) como el todopoderoso Noah Cross luciendo toda su imponente presencia ante los espectadores y ante el propio Polanski que conciente de su rol prácticamente hace la comparación entre ellos interpretando a un pequeño matón.

No hay que olvidar a un magnifico Jack Nicholson como el turbado protagonista, quien con Faye al lado se convierten en una de las parejas mas memorables del imaginario del policial negro. Una joya, acaso la obra cumbre de Roman Polanski.

Jorge Esponda

Mi bella dama (1964)

My Fair Lady

My Fair Lady

Las películas de George Cukor se podría decir que fueron las más opulentas y elegantes del Hollywood clásico. Mas por el hecho de contar con grandes presupuestos y conseguir la espectacularidad que los mismos les otorgaban (algo que puede apreciarse también en Cecil B. De Mille), el cine de Cukor tiene una capacidad envolvente y a la vez el trazo fino y preciso de algunos de los grandes nombres que como en su caso giraron entorno a los géneros aparentemente más livianos como la comedia o el musical aunque no siempre. My Fair Lady es quizá la apoteosis de su visión del espectáculo como cual derivado de Broadway a su vez inspirado en una creación de George Bernard Shaw.

El profesor Higgins (Rex Harrison), un autosuficiente intelectual de la alta sociedad inglesa se propone como reto la realización de un experimento: la conversión de una vulgar e ignorante presencia de las tantas que él contempla de lejos en toda una personalidad de la élite. Es así que la elección recae en la dama del titulo, la dulce pero poco afortunada Eliza Doolitle (Audrey Hepburn en su punto), una vendedora de flores a la cual el no menos ingenuo profesor abrirá de par en par sus puertas sin saber que trastocará su vida por completo.

My Fair Lady

Aquí el escenario para la comedia musical esta puesto de manera formidable por el orquestador Cukor. El experimento adquiere mas bien la apariencia de un juego, cual antecedente de la sí en verdad sería pero igual de poética L’enfant sauvage de Truffaut, aquí la dama cual niña inquieta deberá aprender las reglas de urbanidad que son fundamentales especialmente para las mujeres de la época. Pero de este contacto el intercambio es inevitable y aunque el distante y estirado hasta lo risible profesor no lo quiera queriendo se convertirá en otro ratón dentro del laberinto pero sin darse cuenta.

Cukor es un consumado retratista humorístico aun dentro de la irrealidad de las conductas o performance del musical, así todo este paseo por un Londres de fantasía se convierte en una extraordinaria caricatura y una vez que el juego ya no puede dar marcha atrás entrará todo el asunto sentimental, acaso ya no sabrán como empezó todo. Absoluta magia de la que ya no se ve.

Jorge Esponda

Soy Cuba (1964)

Soy CubaHubo una vez un pequeño país que demostró que las utopías eran posibles, que los sueños de revolución y cambio podían cumplirse. A esta isla en medio del caribe llegaban intelectuales del mundo entero para dar su apoyo y para contagiarse del ímpetu que se vivía.

Esta isla era, por supuesto, Cuba, que aceleradamente cambiaba y se modernizaba. Entre los visitantes se contaba gente relacionada al cine (Cesare Zavattini, Agnes Varda, Andrzej Wajda, Vanesa Redgrave) pero el que dejó más huella fue un ruso que poco antes habia ganado la Palma de Oro en Cannes: Mijail Kalatozov, que arribó a Cuba en 1961 dispuesto a producir una película que alabara las virtudes de la revolución naciente y mostrara al mundo el milagro cubano.

Soy CubaLa película se hizo a un costo altísimo para la época y con un tiempo de rodaje descabellado, fueron casi dos años en los que un numeroso equipo plasmó la visión de Kalatozov sobre la revolución cubana.

Pero entonces sobrevino la catástrofe, una vez estrenada Soy Cuba, tanto en La Habana como en Moscú causó la misma reacción: estupor, incomprensión y rechazo, la estética y planteamiento del filme no concordaban con los aires de la época. A la semana el film fue retirado y archivado. Y así permaneció oculto por décadas.

Hasta que a partir de los noventas la película fue emergiendo lentamente del olvido, en 1994 Martin Scorsese tuvo ocasión de verla y quedó maravillado, por lo que junto a Francis Ford Coppola se propuso difundirla. Ahora tenemos la oportunidad de ver una copia totalmente remasterizada a partir de los negativos originales, con una excelente calidad de imagen y sonido.

Soy Cuba

¿Pero de qué trata este filme, protagonista de tan particular cuento de hadas?

Es en esencia una fábula dividida en cuatro historias, donde una y otra vez se presenta el abuso y dominio de la dictadura de Batista y sus socios norteamericanos. Así por ejemplo en una historia vemos a una hermosa cubana que se prostituye ante ricos turistas yanquis, luego un campesino y su familia pierden su cosecha de caña ante la prepotencia de las compañías extranjeras, en otra historia un grupo de estudiantes luchan en las calles contra la policía del régimen y en la parte final observamos la campaña de los barbudos en las montañas de Sierra Maestra.

Soy CubaSin embargo la principal razón por la cual Soy Cuba ha trascendido es la manera como Kalatozov cuenta las historias. Aquí debemos señalar que se advierte una relación con el trabajo de Sergei Eisenstein, pero Kalatozov va más allá pues se vale de la cámara y de una monumental puesta en escena, con secuencias que convocan a miles de extras, para entregar una visión lírica, de una épica formidable que a la larga sirve tanto para hablar del caso cubano como de cualquier nación en lucha contra la opresión.

El trabajo del fotógrafo Sergei Uruzevski es excepcional, tanto por la composición de los planos como por lo intrincado de los movimientos de cámara, muchos de ellos insuperables aún hoy en día. Por ejemplo hay una secuencia donde la cámara empieza acompañando un cortejo fúnebre en primer plano, luego se eleva hasta lo alto de un edificio y atraviesa balcones para entrar en una fábrica de habanos, luego sale por la ventana y “vuela” por encima de la multitud que acompaña al féretro, un plano secuencia simplemente alucinante. Lo mismo puede decirse de la música, variada y marcando cada momento, con una voz en off femenina que recita los versos del poeta ruso Yevgeny Yevtushenko “Soy Cuba, soy el casino, los moteles, las barras y los burdeles, pero también las manos de este niño y de este viejo”

Soy CubaA pesar de su grandilocuencia y abierto espíritu de propaganda, este monumental film deja una huella imborrable en las retinas, solo cabe añadir que recomendamos la visión del documental de Vicente Ferraz, Soy Cuba, el mamut siberiano que arroja luces sobre su proceso de gestación y rescata la palabra de muchos de los involucrados en su construcción.

Cuba no es más la isla de las utopías y los sueños de muchos derivaron en pesadilla. Soy Cuba es una instantánea suspendida en el tiempo, que ha quedado como reflejo de los ideales de la gente que la concibió. Hay que ver esta cinta de culto, más de una vez si es posible.

Luis Ramos

Las trillizas de Belleville (2003)

Les triplettes de Belleville

Les triplettes de Belleville

A pesar de sus varios premios y menciones, el estreno de esta película es realmente insólito. El francés Sylvain Chomet realiza un cine de animación muy distinto al de las rutinas que todos conocemos. Con una notoria influencia del cine de chistes visuales de Jacques Tati, Chomet es un caricaturista consumado y sumamente imaginativo.

Una anciana y su perro pasarán más de un obstáculo con tal de encontrar a su nieto, un ciclista secuestrado por oscuras manos durante el tour de France. En ese trayecto que los llevará a la ilusoria Belleville (gigantesca parodia de un New York en la época de sus mayores oropeles) encontrarán a este trío de ex estrellas que los ayudarán en la búsqueda.

Les triplettes de Belleville

Todo lo que nos presenta Chomet esta revestido de gran talento no solo en sus resoluciones visuales sino también en atmósferas. La gran melancolía no está reñida con el humor y hasta con el sentido de la tensión de la acción. Más bien interactúan en un todo armónico. La gran aventura es a la vez una mirada satírica propia de los más agudos talentos de la caricatura: la mirada a los franceses con todos sus intencionales estereotipos ya dice bastante, ni que decir de los habitantes de Belleville y su afán de lucir repletos hasta la saciedad.

Toda esta explosión creativa se nos presenta en un espectáculo fascinante pero que resulta toda una rareza al fin y al cabo, pero superando ese tipo de reticencias el público puede finalmente sentirse satisfecho de una hora y veinte minutos de un estupendo film de animación. Una experiencia muy difícil de tener en nuestra habitual cartelera y que por ello mismo habría que apoyar. Imperdible.

Jorge Esponda

La isla (2005)

The Island

The Island

El archiexitoso Michael Bay vuelve a las andadas y nos trae este thriller futurista con la paranoia de la manipulación genética de fondo. Aquí vemos a un inquieto personaje al que conocemos solo como Lincoln (Ewan McGregor) formando parte de un gigantesco proyecto del cual no sabe más que sus congéneres todos ávidos por sacarse la lotería: un viaje a “la isla” el aparentemente único lugar en el mundo libre de la monumental contaminación que supuestamente es la causa del encierro en el que viven. Desde aquí ya podemos contemplar conceptual y visualmente los préstamos tomados de cintas como THX 1138 o The Matrix. Pero como la cosa tiene que tomar ritmo de alguna manera se deja de lado la exploración de esta neo sociedad para desatar la acción. Así nuestro héroe descubre la verdad y cogiendo compañera de viaje (Scarlett Johansson) se lanza al juego de atrápame si puedes.

Lo que seguirá es terreno conocido, a Bay ya no le interesa en ese momento si la consistencia de su trama sigue en pie sino de llenar los ojos como sea y aunque no lo hace tan mal como se esperaría (hay algunos momentos de persecución bien conseguidos) la capacidad sugestiva y claustrofóbica del inicio se pierde en ser apenas utilizada para comprometer el interés del espectador. Median por ahí el humor (a cargo nuevamente de Steve Buscemi) y alguno que otro momento romántico tratados como ya es costumbre por la gran fábrica: chatos y acicalados.

The Island

Nuevamente se da el caso de una premisa interesante despedazada por la presión de no ponerse muy “complicado” o “difícil” al respetable. Y no es que el nervio de la acción le pudiera quedar mal a una intriga como esta. Todo lo contrario, y ahí esta The Matrix para comprobarlo. El problema es cuando todo esta ejecutado sin mayor convicción y hasta con gratuidad. Si no basta con ver tan solo los móviles del héroe que son antojadizamente desviados para dar pretexto a las explosiones y la destrucción cataclísmica que todos los millones pueden lograr.

El hecho de que no le haya ido bien en el box office norteamericano ya nos dice de por sí que eso de confiar en una supuesta fórmula ganadora no siempre es redituable.

Jorge Esponda

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