Archivo de Críticas

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Los coristas (2004)

Les choristes

Les Choristes

Esta película lo tiene todo para ser un rotundo taquillazo, una anécdota simpática y amable, una narración llevadera, y en resumidas cuentas un look muy propio de las cintas de Hollywood a pesar de tratarse de una realización francesa. El director Christophe Barratier es hábil en conjugar todas esas características en un empaque notoriamente comercial, he ahí el cariño que la película ha obtenido de todas partes donde se ha exhibido. Aun así hay que decir que se trata de una película de muy poco vuelo.

El músico Mathieu (Gérard Jugnot) que llega a la escuela de niños problema y se los va ganando de a pocos logra lo mismo con el público a base de lo mismo: música y amabilidad, enfrenta la esperada oposición y resistencia dentro y fuera de su coro, pero su tenacidad va más allá de su apariencia y edad. Es una película que sin duda emocionará a mas de uno por el lado nostálgico y tierno (a lo Cinema Paradiso, que al igual que esta partía de los recuerdos de la niñez), pero justamente la cinta no llega a salir de eso, tampoco es su intención.

Podemos quedarnos sin juzgar y encontramos una cinta entretenida, con una banda sonora bastante apreciable y un trabajo actoral convincente incluyendo el amplio elenco infantil, el proyecto era ese y lo consigue, ser un entretenimiento, un espectáculo llevadero. Como el mas reciente ejemplo de este genero de películas Les Choristes es un divertido pero muy menor ejemplo.

Jorge Esponda

7 crímenes (2003)

The Statement
Dir. Norman Jewison | 120 min. | EE. UU.
Intérpretes:
Michael Caine (Pierre Brossard)
Tilda Swinton (Annemarie Livi)
Jeremy Northam (Colonel Roux)
Alan Bates (Armand Bertier)
Charlotte Rampling (Nicole)

The Statement

El veterano Norman Jewison siempre fue un director eficiente varias veces, otras muy pocas hasta interesante, The Statement lo trae de vuelta y nos lo presenta, al igual que a Sidney Lumet, nuevamente como el artesano funcional que es. La historia de un francés colaborador de los nazis durante la Segunda Guerra (Michael Caine) corriendo por evitar pagar sus culpas escondidas a lo largo de los años, a pesar de que a muchos les resulte anacrónica y trillada no deja de ser apasionante, modelo argumental de muchas películas de espionaje y acción notables.

La película aun así resulta a lo más correcta, convencional puesto que lo que si resulta trillado o más bien desfalleciente es como Jewison resuelve su film. Ciertamente se mueve en un terreno conocido de sobra por él, las intrigas de contenido social o político ya las había desarrollado en films con mas suerte como In the Heat of the Night, muestra de una eficiencia y oficio incuestionable aun por encima del talento. Pero las épocas son otras y las cosas ya no se pueden manejar de idéntica manera. Colocado ya el plot y su protagonista desde el arranque, el director no hace de este juego del gato y el ratón una vertiginosa cinta de suspense, sino que opta por un relato más bien bastante austero de intrigas y manejos políticos. La cinta se mantiene así en clave baja y los breves momentos dedicados a la investigación no la levantan de su ritmo más bien bastante moroso.

No es que tampoco la película pretenda ir mas allá de un ordenado y eficiente relato pero aun en ese nivel resulta pobre. En todo caso lo más llamativo se traduce en el contexto y las escasas ideas que suelta acerca de los procesos contra los criminales de guerra y ese subtrama dedicada a la protección del monstruo bajo las alas de la iglesia (pretendido pero no conseguido punto para la polémica), por supuesto sin dejar de lado la siempre agradecible presencia del gran Michael Caine quien como siempre esta a su altura. En fin una película no del todo descartable, pero con mas hueso que carne.

Jorge Esponda

Una Eva y dos Adanes (1959)

Some Like It Hot

Some Like It Hot

El gran Billy Wilder perteneció a esa legión de creadores y profesionales que salieron de su Europa debido a la particular época que les toco vivir (la ascensión del Tercer Reich) rumbo a Norteamérica donde desarrollaron a plenitud sus obras, tal fue el caso también de Fritz Lang por ejemplo. Wilder desarrolló como poco una obra versátil pero que guardaba siempre intereses permanentes. Some Like It Hot es acaso una de sus cumbres.

Un par de músicos sin mucha suerte (los estupendos Jack Lemmon y Tony Curtis) se ven involucrados en una y miles de correrías a causa de una banda de gangsters, lo que los obligará a buscar refugio detrás de las faldas y la apariencia completa de delicadas damas también dedicadas a tocar instrumentos, pero oh maravilla, en medio de esta banda reina la presencia de Marilyn Monroe, ante el descubrimiento de esta manzana de la discordia los problemas no se harán esperar. Como buen trabajador de la industria de Hollywood, Wilder despliega todo su oficio en esta aparente vodevilesca farsa para entregar uno de los films más intensamente cómicos que se hayan visto a la vez que volver a entregar esa mirada tan particular sobre la sociedad americana que tan bien cultivó con sus ojos de extranjero a la vez comprometido como divertido.

La película se torna un desfile de disfraces, de engaños y apariencias, de hombres a mujeres y de mujeres a hombres, la subida de posición a base de la conveniencia, la tentadora oferta la fortuna con solo mover un dedo (Marilyn con el supuesto dueño de la Shell o el millonario enamorado de Lemmon). Esa visión que expresa el cine de Wilder es todavía mucho más basta y compleja, desarrollada dentro no solo dentro de la comedia alocada, sino tambien dentro de la comedia sentimental como Sabrina o Seven Years Itch, hasta las mas sociales como The Apartment o crudos retratos sociales que lo mostraron mas directo en su punto de vista como The Lost Weekend o Ace in the Hole, ni que decir de la amargura de Sunset Boulevard acaso su obra maestra.

Pero el gran director siempre se limitó a considerarse un creador sencillo dispuesto a entregar lo mejor posible en entretenimiento para su público, tal es el caso de Some Like It Hot, seguramente antes de cualquier lectura que le demos el preferiría que gocemos con la estrafalaria aventura de sus divertidos protagonistas, y la capacidad endiablada de evitar que la juzguemos mientras la vemos con ese ritmo que maneja da prueba de ello.

Formidable carnaval el que orquesta Wilder muestra de uno de esos talentos inquietos y socarrones que tanta falta le hacen a la mancha de cultores recientes dentro de la industria.

Jorge Esponda

Batman inicia (2005)

Batman Begins

Batman Begins

Después de una temporada de vacaciones volvemos a ver en pantalla al hombre murciélago, esta vez lo que presenciamos es como lo dice el titulo, su comienzo, aquel que fabulara Bob Kane a fines de los treinta y que las versiones anteriores apenas mostraban. Complementar la visión de un personaje célebre de la pantalla ya se va haciendo una moda, tal vez dentro de poco veamos la niñez de Hannibal Lecter también.

Lo más llamativo de este proyecto ha sido saber que a cargo de él se encontraba el británico Christopher Nolan , luego de filmes como Memento o Insomnia el hombre tiene suficiente background para que la industria le encargue millonarios presupuestos, camino similar al de otros cultores del cine de género como recientemente tambien Peter Jackson y Sam Raimi. Nolan es lo suficientemente hábil para retrabajar el material a la mano y entregar una película de eficacia aunque no salga indemne de muchas exigencias propias de un proyecto que dispara sus dardos a abarrotar no solo las salas sino todo lo comercializable.

La película recupera el clima sombrío y hasta escabroso de la legendaria Gotham City gigantesca urbe representante por si sola de tantas a la vez, Nolan trata de marcar distancias con sus antecesoras, quiere ser más áspera y verosímil en la medida de lo posible, a pesar de estar muy parametrado por la naturaleza del proyecto, lo logra. El oscuro protagonista (en las facciones de Christian Bale) recorre a pesar de su nada ordinaria existencia, el camino de tantos jóvenes buscando su rumbo, tratando de superar sus miedos, tal vez este sea el lado en el que más se pretende otorgarle rasgos humanos a la figura. Así como hay una lucha dentro de su personaje la película lucha entre su búsqueda de resoluciones y la necesidad de hacer un producto apto para toda la familia. Con suficiente criterio el director opta por lo más salomónico y no intenta descollar demasiado, es por ello que la cinta, (aun agradeciendo que haya salido de la incoherencia y el ridículo de las versiones de Joel Schumacher), permanece casi siempre en la medianía, pero igual es un espectáculo disfrutable más con la presencia de un cast muy llamativo mas allá de Bale y la simpática Katie Holmes , a los siempre agradecibles, Michael Caine, Morgan Freeman y especialmente Gary Oldman y Rutger Hauer muy poco visibles últimamente.

Jorge Esponda

Lejos del mundo (2003)

Les égarés

Les égarés

Esta lograda cinta nos devuelve en plena forma al talentoso André Téchiné (uno de los nombres más importantes del cine francés posterior a la Nouvelle Vague), lo hace siempre fiel a su estilo completamente ajeno a las tendencias actuales confiando en su historia y sus tranquilas, sutiles y cálidas imágenes.

Con talento se nos va introduciendo nuevamente en una vivencia particular dentro del contexto de la Segunda Guerra: una madre y sus dos pequeños hijos huyen del caos en Paris acompañados por un joven extraño, así esta pequeña familia debe de tratar de sobrellevar estas duras circunstancias. Pero Téchiné no ofrece aquí una mirada sombría ni excesivamente dramática de la circunstancia social, luego de la marcha inicial y los bombardeos nazis, los protagonistas lejos de encontrar caos se encuentran en tierras libres, soleadas, tranquilas, aparente paraíso puesto que sabemos cual es el motivo de esa pacífica apariencia. Como siempre Téchiné recurre a su amado Renoir el viaje casi parece un paseo campestre, la fuerza y sugestión del paisaje, familiar pero extraño a la vez, enrarecido por el conocimiento pero escasa presencia de la guerra. Encontrado el nuevo hogar, estos extraviados reemplazarán el temor a la guerra por rencillas personales, pero aunque lo olviden a veces esta permanece ahí siempre alrededor de ellos capaz de surgir súbitamente de entre las verdes campiñas.

El director maneja con maestría esa tensión interior, casi nunca hay un momento de calma, pero ahí hay lugar aun para los afectos y la sensualidad. Hay que destacar a los actores en conjunto desde los niños hasta la siempre bella Emmanuelle Béart aquí con cierto aire desgarbado perfecto para el papel, y Gaspar Ulliel (Un Long Dimanche de Fiançailles) como el extraño Yvan. Todos ellos conducidos con sutil talento dejan traslucir a pesar de las muchas referencias todo ese sentimiento de pesar o abandono. A Téchiné no le molesta tocar nuevamente un tema tan trajinado especialmente por su propia cinematografía, sino que la retrabaja con absoluto dominio de sus medios, con una aparente sencillez, y nos entrega nuevamente una crónica entrañable, pero interesante como pocas.

Jorge Esponda

El último tango en Paris (1972)

Ultimo tango a Parigi

Last Tango in Paris

Bernardo Bertolucci desarrolló desde mediados de los años sesenta y durante todos los setentas una trayectoria tan precoz como fascinante, surgido de la generación de cineastas posterior a la de los grandes y personales autores del cine italiano como Rosellini, Visconti o Fellini, el joven Bertolucci supo extraer muy bien las inquietudes de su tiempo y añadirlas a su personal universo a la vez tributario de la elegancia de Visconti y el lacerado universo de los más míseros heredado de Pasolini y su apego al marxismo. Lastima que la inspiración se le haya agotado en los últimos años pero ahí quedan sus perdurables joyas inimaginables en otro momento y lugar que el muy particular en el que se estrenaron. Last Tango in Paris es el paradigma de esto.

En los convulsos comienzos de los setentas una chica francesa común y silvestre amante de las utopías de moda (la emblemática Maria Schneider, símbolo de esa época de destapes) y un americano de mediana edad triste y confundido (Marlon Brando en uno de sus papeles más arriesgados y brillantes) comienzan una relación que pretenden libre en todos sentidos no saben ni sus nombres y solo se abandonan a todo gusto al sexo sin compromisos en un inmenso y derruido edificio en la ciudad luz, escenario de esta historia límite que con gran talento el director nos la convierte en una odisea existencial inolvidable.

Ya no hace falta citar el gigantesco escándalo que suscitó, puesto que mas que novedoso el desnudo, era el comportamiento en la intimidad lo que en su soltura todavía provoca alguna que otra sensación. Pero con envidiable maestría (ya no sorprendente en quien ya había realizado films notables como Il Conformista) Bertolucci desarrolla esta historia como caja de resonancia de su particular visión de esa época: la juventud ávida de ideas y actitudes libertarias ya sea por convicción propia o por pura moda, en contra de sus padres, como niños contestones. La película toca un tema muy en boga en ese momento: las brechas generacionales, el cada vez más acentuado distanciamiento o incapacidad de entendimiento entre los jóvenes y los mayores, que en esta película alcanza una curiosa unción en medio de las trincheras. La chica vive con el recuerdo del amor a su padre (militar, es decir conservador) y él vive atormentado por el recuerdo de su esposa que se suicidó. Bertolucci no rehuye mostrárnoslos en su soledad, su acercamiento puede ser un tierno pedido de amor y comunicación entre dos generaciones más allá de intransigencias y poses. Los matices incestuosos no son rehuidos, forman parte de ese todo, esa atracción que supera lo físico y que por ello desviará todo hasta un punto insoportable quiéranlo o no.

Aquí como varias veces, la foto del gran Vittorio Storaro es fundamental, esos atardeceres anaranjados o rosados son expresión de esa nostalgia, es un pequeño oasis donde por un momento ambos se alejan de las presiones exteriores como niños desnudos en el jardín del Edén. Pero no hay concesiones, los tiempos cambian, corren rápidamente, ni el pequeño santuario los podrá alejar de la realidad. Acaso el último tango será su estrafalaria despedida en un vetusto salón de baile, acaso prueba de otro tiempo todavía anterior que el de ellos. Ahí al ritmo de los sensuales acordes del argentino Barbieri culminará su pequeña travesura, hay que despertar, son nuevos tiempos, somos distintos.

Jorge Esponda

La intérprete (2005)

The Interpreter

The Interpreter

Esta cinta nos trae de vuelta las intrigas sofisticadas, el competente Sidney Pollack siempre a sido afín a este tipo de encargos como se puede apreciar desde Three Days of the Condor hasta The Firm. En esta ocasión nos presenta un thriller político ambientado en los pasillos impecables y la rutina, envidiable para muchos, de la ONU. Una interprete (Nicole Kidman) por esos azares de la vida y los guionistas, escuchará fuera de horario una conspiración contra un presidente africano durante un discurso que presentará allá. Lo que sigue es la investigación del caso a cargo de un agente (Sean Penn) el que no podrá resistir verse cada vez más involucrado con la denunciante/sospechosa y tratar de evitar el magnicidio a pesar de que iremos conociendo que el mandatario no es ningún pan de dios.

Intrigas como estas son relativamente ingenuas últimamente pero de la mano de Pollack con suficiente experiencia para tomarlo todo como un divertimento, consigue una película de cierta eficacia al menos cuando se olvida de la política. Todo se desarrolla de manera clara y va cobrando agilidad una vez ya instalado el plot. Más no hay que esperar de la cinta puesto que se ciñe al género tanto como se lo sujeta de él su más bien pobre guión. Vemos salir las oscuras facetas de todos los personajes y el aire de desconfianza que permiten alargar el metraje hasta el clímax. Como dije Pollack es hábil y trata de disminuir lo que le sea inútil al mínimo y expandirse en crear tensión y acción en la medida de lo posible. Así consigue partes de gran eficacia como el encuentro con el líder opositor en el bus o la parte final en la esperada sesión en las Naciones Unidas. No esperemos que Sydney nos bombardee con razones como Lucas en su más reciente film, el mas bien se debe haber divertido leyendo el guión y solo toma lo que mejor se sostiene que es esa relación de sospecha-atracción entre los dos protagonistas que siquiera de manera convencional pero efectiva sostiene al film.

Lo que interesa aquí es la tensión y acción, fuera de otras “grandes justificaciones” siendo así se puede pasar un buen rato viéndola.

Jorge Esponda

La dama y el duque (2001)

Afiche La dama y el duqueL’anglaise et le duc
Dir. Eric Rohmer | 129 min. | Francia

Intérpretes: Lucy Russell (Grace Elliott), Jean-Claude Dreyfus (Duque de Orleans), François Marthouret, Léonard Cobiant, Caroline Morin, Alain Libolt, Héléna Dubiel, Laurent Le Doyen, Serge Wolfsperger, Daniel Tarrare, Charlotte Véry.

Guión: Erich Rohmer, basado en la novela “Ma vie sous la révolution” de Grace Elliott.

L'anglaise et le duc

Esta película es toda una sorpresa, no solo por ser según dicen (y realmente me parece increíble) la primera película de Eric Rohmer que se estrena comercialmente en el Perú, sino por las novedades y lecturas que presenta. La historia de la inglesa Grace Elliot viviendo la atroz época de La Revolucion Francesa y su relación con el duque de Orleans nos es presentada de la manera más radical que se recuerde: recurriendo al uso del video digital, Rohmer la combina con la tecnología de efectos visuales como nadie lo esperaría (a pesar de su cercanía es esta y no Attack of the Clones, la verdadera pionera en este campo). Los actores se mueven en escenarios virtuales que lejos de parecer una curiosidad están espléndidamente integrados. Pero más allá del incustionable logro de ser acaso la primera película que depura las tan buscadas cualidades expresivas de la tecnología
informática en el cine, la película vale por muchas otras razones. Como ya escribí la pelicula posee, como la obra maestra que es, muchas lecturas: puede verse como un increíblemente estilizado “cuadro” de época, como un drama interno de seres devastados y desilusionados por las circunstancias, etc.

Verdadero experimento que probablemente sea la película que de verdad inaugura el nuevo siglo, resulta inesperado y por ello mismo glorificable que sea Rohmer quien esté detras de todo esto, luego de aquellas películas naturalistas, distanciadas pero a la vez emotivas, hace de su primera película tras cumplir los 80 años todo un vuelco (un inicio desde cero) en
su radical estilización, pero conservando su toque con los actores y la emocionante y contenida narración. Resulta simbólico que haya sido elegido el período de la revolucion francesa para realizar esta cinta que dice, en palabras mayores, mucho sobre la actual era de radical cambio en todo el mundo no solo en el cine. Esa es la voz autorizada de un viejo con espiritu joven, la voz del genial Eric.

Jorge Esponda

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