Archivo de Crónicas

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Mirando cines: Cineplanet Primavera

cineplanet primavera

Regresaba de la chamba y el tráfico limeño me impedía llegar rápidamente a casa, pensé entonces que, en vez de quedar atracado entre combis, taxis, vendedores, policías y dateros, era mejor meterme al cine más cercano, ¿cuál? Cineplanet Primavera, en el Primavera Park & Plaza, en la esquina de la Avenida Aviación y Angamos.

Primero una breve descripción: Llegar a este complejo es relativamente fácil, está ubicado entre dos avenidas por donde deben pasar más de 30 líneas de transporte, que vienen desde cualquier parte de Lima, y podríamos decir que el entorno vial inmediato esta intacto, cosa rara por estos días en Lima.

Entré al centro comercial escapando del tráfico. Optimista en exceso (como cualquier aficionado al fútbol peruano), decidí buscar estacionamiento frente al cine y, como generalmente sucede, todo estaba lleno (generalmente Perú pierde), pero justo en ese momento vi a alguien que estaba saliendo (a veces Perú gana). Si están con tiempo hagan el intento, sino, de frente al sótano de Ripley.

Llego a la boletería y me encuentro una cola que desanima a cualquiera, pero avanza rápido. Ahora, este complejo tiene 9 salas, lo cual hace que tenga una oferta regularona, es decir siempre encuentras un blockbuster con un montón de horarios, esas películas que si no las ves, pasas a ser (socialmente) un ciudadano de segunda clase, pero también hay de las otras, esas que algunos fundamentalistas de Cinencuentro consideran imperdibles como Eastern Promises, No Country for Old Men, hasta Luz silenciosa (a Wong Kar-wai sí es más difícil verlo por aquí.) ¿Los precios? Como en otros lados, han subido y ahora la entrada está en 13 soles (lunes a miércoles bajan un poco). El cine tiene ciertas promociones, por cada 5 visitas tienes una entrada a tres soles, que vale los lunes, miércoles, jueves o viernes. No está mal, además te incluyen en su base de datos y por ahí, si eres caserito, te regalan un almanaque o te invitan a funciones de estreno. Y si no me equivoco, a Johan lo invitaron una vez a un tono, es decir te engríen.

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Festival Cortos de Vista Vol. II, viendo cortos en Chiclayo

El fin de semana pasado terminó el Festival Cortos de Vista vol.2 y los premios se quedaron en casa, algo que no debe tomarnos por sorpresa ya que de las 35 obras que se presentaron 24 fueron locales. Con una acogida bastante grata -no sólo por el público, que copó las 2 salas cedidas por Cineplanet, sino también por el número de piezas que pudimos apreciar-, el festival organizado por la Universidad Señor de Sipán y el grupo independiente Watana Producciones, finalizó su segunda edición esperando concretar una tercera fiesta de cortometrajes el próximo año con una mayor convocatoria.

Festival Cortos de Vista vol.2 Chiclayo

Si bien la proyección de los cortos en salas óptimas para su visionado ha sido un gran paso para que este festival tome mayor relevancia, aún falta trabajar en lo relativo a la convocatoria, ya que varios realizadores que se dieron cita en las instalaciones del centro comercial Real Plaza no pudieron enviar a tiempo sus realizaciones por falta de información, sobre todo en las ciudades del centro y sur del país. Justamente de estas zonas del país, sólo se vieron dos obras de la Universidad de Lima y otras dos de la Universidad Católica Santa María de Arequipa.

Pero vamos a hablar aquí de lo que vimos en este segundo festival, empezando por las obras de Ficción (17), de las que pudimos notar una convergencia en lo que a temas se refiere, siendo los más recurrentes los temas de violencia, drogas, sexo, alcohol y amor/desamor. De lo mejor que pudimos observar en esta categoría fueron las piezas piuranas El Robo y Demencia; las chiclayanas Dudosa Claridad, Fin, Chocaditas, “la Era de los Soldados” y la ganadora Entre sábanas y muñecas de Alejandra Bernuy, merecedora del premio “por lograr una visión madura de un sórdido clima familiar de abuso e incesto, con actuaciones precisas, cámara correcta y edición apropiada, que muestran en breves minutos una historia que abarca años, representando un drama que arrastra nuestra sociedad y del que se habla muy poco en el cine nacional”, como señaló el jurado en el acta correspondiente.

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Mira la galería de fotos del festival en Flickr.

(Fotos: Omar Zapata Castro)

Mirando cines: Cinemark San Miguel

Cinemark San MiguelTratando de colaborar con algo más que fotos, inicio una sección que se dedicará a pasar revista a las salas de cine peruanas. ¿Cuántas hay? ¿Cuáles tienen mejores precios, comodidades o calidad de pantalla? No pretendo responder a todas las preguntas, pero igual compartiré mi punto de vista a modo de crónicas. Estos posts tratarán sobre la experiencia de ir al cine, entonces por una vez no hablaremos de las películas en sí. Quizás otros se sumen y aporten su punto de vista. Entre tanto, allá vamos.

Había que narrar lo sucedido en un día específico, y ese día fue un jueves en la noche que había tiempo disponible, las opciones a elegir estaban entre las cadenas Cineplanet, Cinemark o UVK, todas ubicadas en la avenida La Marina, fui a la primera de ellas, ubicada en el Centro Comercial San Miguel. No había mucho para elegir ahí y los horarios no ayudaban, por lo que terminé en la segunda opción ¿La película? Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal. No me moría por verla, pero bueno, digamos que era una de esas que son socialmente obligatorias.

El Cinemark San Miguel, está –como señalé antes- en plena avenida La Marina, en la cuadra 25, frente a lo que los memoriosos recordarán como Feria del Hogar. El supermercado Metro es la mejor referencia, llegar es súper fácil, no me imagino siquiera la cantidad de micros y líneas de transporte que deben de pasar por ahí. El cine cuenta con estacionamiento en la parte exterior, que comparte con Metro y otros negocios, eso sí, digan que van al cine, porque de lo contrario pagan parqueo y de los caros, arriba de 4 soles la hora; si van al cine, no pagan.

Volviendo al cuento, diré que llegué cruzando los dedos, pero para suerte mía justo empezaba una función y lo mejor: subtitulada. Chévere, no había cola y la entrada costaba 11.90 soles, ese es el precio de jueves a domingo y feriados, pero el cine también tiene sus ofertas, con tarjeta CMR tienes descuento los lunes y miércoles, además los martes la entrada cuesta 7.50 soles.

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Polvos Azules, donde comprar es un placer

Polvos AzulesEl 8 de junio pasado, Polvos Azules cumplió 27 años. Antes que el Día del Padre acapare nuestra atención, pensé que sería bueno compartir alguna anécdota vivida en esos metros cuadrados, donde muchos de nosotros hemos tenido más de una experiencia cinéfila. Sí, tú también.

En los últimos meses he regresado dos veces a Polvos Azules. En ambas oportunidades con la sana intención de comprar alguna vanidad de la vida -zapatillas-, pero he terminado, tal como manda la maldición, con mi bolsita negra cargada de DVDs. Luego de calzarme mis nuevas adquisiciones, sentí la siempre inexplicable necesidad de estrenarlas paseando por el Pasaje 18, pasadizo/oasis de cinéfilos de Lima, el Perú y el Mundo. Paréntesis: no sé si eso último sea tan exacto. Se supone que en el extranjero los cinéfilos se rinden al escuchar las palabras mágicas “Polvos Azules”, mito que conocen de oídas, de viajeros que se aventuraron en sus entrañas y salieron victoriosos con más de un trofeo, inalcanzable en otras latitudes. La verdad es que cuando pregunté, durante el BAFICI, a algunos conocidos y desconocidos sobre el lugar, esperando que me interroguen con entusiasmo por su existencia, sólo obtuve por respuesta la típica indiferencia del que todo lo ha visto o el que desconoce mayormente. Quizá el dizque mito del emporio limeño se dé más entre los cinéfilos festivaleros, y no entre los de a pie, aquellos que no han tenido que usar su pasaporte para entrar a una sala de cine.

Pero bueno, a lo que iba: el Pasaje 18. Llegué pues a la tierra prometida, esa especie de food court del otro cine, donde uno puede picar de aquí y de allá, con sabores de todo el mundo. Me encontré con pancartas indicándome, por si las dudas, que estaba en el lugar correcto: “Cine Independiente”, y con afiches de cineclubes anunciando sus próximos y esforzados ciclos, que se realizan, cómo no, con el “auspicio” de Blue Dust Co. Mientras me acomodaba para revisar los pesados catálogos, abriéndome paso entre un par de compradores compulsivos (esos que se levantan sin asco media tienda), comenzaron a llegar otros usuales visitantes de ese rincón pirata, los entusiastas, los novatos, los foráneos, los primerizos. Ahí estaba un compatriota hacendo de guía a un gringo que estaba al borde del colapso ante el abrumador menú que le ponían en frente. “Es la nueva edición, sí, ¡la que nunca conseguimos!”. Al otro extremo se acercaban un par de universitarios (de la PUCP, primeros ciclos de Comunicaciones, de hecho). “¿Tienes una película que se llama Mister Lonely?”, preguntaron, esperando un No por respuesta. Sonreír era inevitable: hacía una semana nomás que la película se había presentado en el BAFICI, para alegría de Daniel, presidente honorario del club de fans de Harmony Korine.

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Indiana Jones y el escapismo de domingo

Si no has visto la película mejor no sigas leyendo. Advertido estás. Igual vas a seguir leyendo, yo lo sé.

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Nada como una buena dosis de realidad, viendo la nueva película de Indiana Jones, con una compañía no-cinéfila un domingo por la tarde. Sin dudarlo, elegimos la versión subtitulada. La versión doblada al español puede tener más funciones programadas pero, sobre todo en estos casos, suele ser la función que llena la sala al tope, dejándonos menos espacio para acomodarse y elegir el mejor asiento. Como sea, la sala tampoco es muy grande. Los murmullos se van apagando a medida que pasan los tráilers. Llega el logo vintage de Paramount Pictures, señal que estamos por ver algo diferente.

La capacidad creativa de Steven Spielberg, el de los “summer movies”, sigue intacta, casi tanto como la habilidad con el látigo de su querido Indy, quien a los 60 años sabe de sus limitaciones pero demuestra que tiene cuerda para al menos una aventura más. La película empieza de la mejor forma. Desde el arranque, Indiana deja las cosas en claro. “Era más fácil entonces, eramos jóvenes”, le dice a Mac, recordando los viejos tiempos. Las autorreferencias a la saga, y las referencias a la cultura pop gringa se suceden una tras otra, dando en el gusto a quienes logran identificarlas (El Morsa comenta algunas de ellas). Mientras veía las persecuciones en autopistas o en plena selva “amazónica”, me rompía la cabeza preguntándome dónde y cómo ha colocado la cámara Spielberg para lograr con tal naturalidad esas secuencias imposibles, coreografiadas al detalle, y utilizando los efectos digitales con mesura y en dosis exactas. Yo me preocupaba por esos detalles, mientras mi amiga se divertía con el soundtrack rock & roll, el peinado y la actitud matonesca estilo años 50 de Mutt.

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BAFICI 2008: Unidad 25, Liverpool, y peruanos en el Abasto

El lunes salté desde los Bosques de Palermo al subte directo al Hoyts, acompañando a Amanda (quien acaba de comenzar sus clases en una Maestría en la FUC) para la función de las 5 p.m. de Unidad 25. El documental dirigido por Alejo Hoijman, que compite en la Selección Oficial Argentina, escapa de los lugares comunes que se podrían esperar en un filme “carcelario”. Aquí más bien conocemos cómo es la vida en esta inusual prisión, poblada por internos que profesan la religión evangélica.

A lo largo de la cinta seguimos de cerca a un nuevo integrante de esta singular iglesia, y su paulatina conversión al culto, no sin antes haber expulsado algunos demonios de su pasado más reciente. Estos testimonios son el punto fuerte del filme, relatos tan crudos y desgarradores que justificarían la búsqueda de redención por parte del joven reo, a través de los histriónicos ritos y alabanzas que muchos conocemos, en repetidas secuencias que bien podría ganar adeptos a su causa por puro cansancio.

BAFICI 2008: Presentación de LiverpoolHora y media después, estaba de vuelta en las mesas de la zona de prensa, ahí donde las manzanitas encendidas de las MacBooks son una constante. Juan Daniel había conseguido dos tickets para la función sorpresa, que ya no era tan sorpresa. A estas alturas, y desde hace varios días, se sabía que Liverpool, la últimita de Lisandro Alonso, sería presentada en público por primera vez en el marco del BAFICI luego de haber recibido el visto bueno de Cannes. Sucede que para que una cinta pueda ser considerada en la selección del festival francés, no debe haberse presentado anteriormente de manera oficial. Salvado este impasse, el BAFICI se salió con el gusto de presentar el nuevo filme de su hijo predilecto, y Alonso llevará su película a la Quincena de Realizadores de Cannes, donde es caserito.

Antes de la presentación se realizó un “cóctel”, unos vinos, cervezas y pepsis más tarde, estábamos listos para tan esperada función. Nos acompañaba Sabina, amiga de JD, estudiante eslovena de, sí adivinaron, la FUC. Liverpool es rojo, como la sangre que llama a la sangre, del hijo que regresa luego de dos décadas a la casa de la madre enferma. Al igual que en Los muertos, el viaje redentor parte desde el encierro: de una celda aquella vez, y ahora desde la diminuta y metálica habitación de un barco carguero, hacia la libertad de la selva de Corrientes, que ahora se transforma en la tundra del sur argentino en Ushuaia.

La escena donde se revela el origen del, al parecer, antojadizo título del filme concuerda con un comentario que me hizo Juan Daniel al final de la proyección: el protagonista Farrell inicia su viaje, no desde el encierro, sino más bien desde la libertad que le han dado sus viajes en ultramar. De puerto a puerto, un souvenir es lo único que el viajero puede dejar en casa, cuando ya nadie lo quiere de vuelta. “Es el filme menos autista de Lisandro”, sentenció una señora sentada a mi lado. La sabiduría que dan los años.

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BAFICI 2008: Ohio, Cielo tierra lluvia, Guerín y Talent Campus

BAFICI 2008: Presentación "How Ohio Pulled It Off"El viernes 11 me tocó ver el documental How Ohio Pulled It Off, dirigido a tres manos. Uno de los directores es Mariana Quiroga, nacida en Argentina, aunque pasó la mayor parte de su vida en Venezuela, donde desarrolló toda su carrera profesional antes de viajar a EE.UU. Este filme se adentra en el epicentro mismo del (supuesto) fraude en las elecciones presidenciales de ese país en el 2004. Fue en el estado de Ohio donde se decidió el triunfo de Walker Bush sobre el poco combativo John Kerry. Las máquinas de votación que se utilizaron entonces fueron escasas -sobre todo en los barrios pobres, de población predominantemente negra-, o fallaban miserablemente, haciendo que los votos demócratas “salten” hacia el rojo republicano. El documental de menos de un hora nos revela estos y otros vericuetos legales del sistema electoral gringo, manteniendo un formato sencillo y explicativo (casi televisivo), y por momentos sarcástico, muy al estilo Michael Moore. Vale como un remember, ad portas de una nuevas elecciones que decidirán, querrámoslo o no, el destino del planeta por los próximos 4 años.

El domingo 13 comenzamos al mediodía con la función de prensa de El cielo, la tierra y la lluvia, la premiada y muy esperada cinta del chileno José Luis Torres Leiva. La película parece fundir las sensaciones y sentimientos de sus cuatro personajes principales con los elementos naturales a los que remite el título. Soledad, frialdad, silencio, rutina, depresión, locura, son diferentes estados de la mente y del alma por los que transitan estos habitantes de la Región de los Ríos. La película ha sido bien recibida por la crítica, convirtiéndose en una de las favoritas en la Selección Oficial Internacional (Juan Daniel está preparando un video con la presentación del director en la función del lunes 14 por la tarde).

Charla con Guerín y Videominuto Talent Campus

Berlinale 2008: Los días de Jonatan en el Talent Campus

Berlinale Palast

Frío. Berlín. Acabo de tener una noche pésima viajando casi doce horas en bus. Un bus es un bus, así te cobren en euros. Dejo mis cosas donde un amigo y salgo a recoger la acreditación del festival. Estación de metro Alexanderplatz. Busco los carteles de la ruta U2 hacia Ruhleben. Escaleras, pasillos, tiendas, punks, escaleras. Toca esperar cinco minutos para el tren. Adentro ya no se siente frío. Faltan seis o cinco estaciones para mi destino. Cuando salimos a la superficie en algún tramo, veo una ciudad casi desierta. Un cielo azul donde los aviones dejan una estela al pasar, como si se tratara de una exhibición aérea.

Llegamos a Potsdamer Platz. Así que aquí están los edificios modernos de Berlín. Un arquitecto sería feliz entre tanto cemento, metal y vidrio. Pequeñas secciones del antiguo muro se mantienen en una esquina. Sólo los turistas les tomamos importancia y fotos. Miro mi mapa y veo una cola inmensa para entrar al lugar al que tengo que ir. Me hace recordar nuestro país. Se siente el frío y parece que nadie avanza. Pregunto en la puerta por la acreditación del Talent Campus. Me hacen pasar, esa cola no era mía. Alemania, bonito país. Tres minutos después estoy revisando mi credencial y salgo del edificio.

Veo la cola, no ha avanzado. Camino. No sé si dar crédito a la información retiniana de que John Malkovich se encuentra dentro de la cola. No necesito estar seguro. Sin cruzar la calle llego al Berlinale Palast (arriba en la foto), el centro neurálgico del festival. Alfombra roja, bola de espejos, fotógrafos por docenas, un oso rojo, curiosos esperando algún famoso, una pantalla gigante. Al frente una niña hurgando en la basura de McDonald’s, su madre observándola, policías riendo, botando vapor por la boca. El cansancio regresa y ya oscureció a pesar de ser las seis de la tarde.

Más desde Berlín tras el salto »

Texto y fotos: Jonatan Relayze Chiang

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