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Festival de Lima 2007: Una mirada desde Chiclayo

Para alguien que sólo tiene oportunidad de ver buen cine vía videos piratas, películas por cable o muy de vez en cuando pescar la única buena película que estrenan en dos complejos de multisalas (la última vez que recuerdo que ocurrió eso fue con Match Point de Woody Allen), el ahora Festival de Lima es siempre una oportunidad invalorable de ver un cine que normalmente nos está vedado.

Presentación TambograndePero además, también es la oportunidad de reencontrarse con antiguos amigos, ver de lejos algún director, un crítico extranjero o una estrella de cine, y por supuesto conocer a nuevos amigos, como los amigos de Cinencuentro a quienes leo siempre, y ahora he podido darle un rostro a sus textos. Hablar con todos es tan familiar como si empleáramos una lengua franca, y siempre se menciona allí a conocidos como Bergman, Godard… de tal manera que a los minutos de iniciar una conversación uno se siente como en familia.

Aunque es el tercer año consecutivo que coincido en Lima para el festival, esta es la vez que más oportunidad he tenido para apreciar películas (cuatro en tres días, con casi todas las entradas agotadas), y para interactuar con la gente que normalmente acude al festival y a pesar que siempre los tiempos han estado muy justos, había momentos para intercambiar impresiones y charlar en los pasillos.

Dejemos los comentarios emocionales y vamos a comentar brevemente las películas que pude apreciar. De las que estuvieron en competencia, me gustó mucho como a la mayoría, Luz silenciosa de Carlos Reygadas. No había tenido oportunidad de apreciar antes ninguna de sus películas, pero había leído lo que hablaban de él.

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Festival de Lima 2007: Lo que pasó en Arequipa

La cineasta y productora cultural arequipeña Andrea Quevedo, autora de algunos cortos y conductora del programa Sala 3, que se transmite los viernes a las 9:00 p.m. y se repite los sábados a las 5:00 p.m. por Canal 3 de la empresa Cablestar, nos envía un informe sobre las actividades de la subsede mistiana del Festival de Lima, entre el brillo de José Wilker y algunos inconvenientes.

El Festival de Lima viaja a Arequipa

ArequipaEl evento cinematográfico más importante de nuestro país, pasó casi desapercibido en la subsede de Arequipa, a pesar de que tuvo grandes ingredientes para convertirse en el plato de fondo del año, en una ciudad que tiene mucha oferta de cine independiente, pero más que todo a nivel de cineclubes.

Normalmente en las salas de Cineplanet, único multicine en Arequipa, se pueden encontrar en programación películas de diferentes latitudes. Sin embargo, esto sucede cada dos semanas o una vez al mes, y por supuesto, no llegan a permanecer más de quince días en cartelera. El costo de las entradas se mantuvo invariable en el marco del festival, sin ninguna oferta o abono para el evento.

La promoción de las películas del Festival no fue la que se esperaba, pues se redujo a unos cuantos afiches y algo más de publicidad gráfica en las instalaciones del cine que anunciaban las funciones del 4 al 8 de agosto. Casi ningún medio de comunicación mencionó algo sobre el Festival o sobre las cinco películas que se proyectaron, entre las cuales, las más resaltantes fueron El custodio de Rodrigo Moreno y Xica da Silva (versión 1976) de Carlos Diegues.

La afluencia del público fue minoritaria, debido en parte, como ya hemos dicho, a la poca publicidad y también a que las cintas sólo tuvieron una función por día. Los espectadores crecieron en número, según fuentes del mismo cine, empezando con dieciocho asistentes el primer día y teniendo un centenar el último, en que se esperaba poder ver Xica da Silva, que contó con la presencia del actor brasilero José Wilker.

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Festival de Lima 2007: El asaltante llegó a anti-Cannes

El asaltante

Estoy mareado. Y no a causa del affaire “Afiche del festival” ni del postre “Atracón de Gastón”. El culpable ha sido El asaltante. A partir de ahora queda prohibido para mí sentarse en las primeras filas de la Sala Azul del Centro Cultural PUCP. No vaya a ser que se aparezca otro argentino como Pablo Fendrik, con ganas de experimentar con la nueva cámara digital que le prestaron, jugar a ser un Dardenne, y quedarse ahí nomas, a medio camino. Están advertidos los de equilibro endeble, los que se marean si el micro da muchas vueltas, los cabeza de pollo, El asaltante es una roller coaster que recomendaría ver desde la última fila.

Pero me estoy adelantado. Antes que me empezará a dar vueltas la cabeza, el director Pablo Fendrik y el actor Arturo Goetz presentaron la película. Distendido y relajado, así lo noté al joven realizador. Contó como se inició el proceso creativo para ésta, su opera prima. Fue un side project, casi. Un proyecto que surgió para llenar el tiempo muerto previo a la realización de otra película que Fendrik tiene en mente (y que empezará a filmar en los próximos días). Un guion escrito en cinco hojas. Tres, según Goetz. Un plan de rodaje de diez días, que al final fueron siete. Un personaje principal y una cámara que no lo deja ni para ir al baño.

Luego tomó el micrófono el veterano Arturo Goetz, actor que participa en la competencia por partida, no doble, sino triple. Además de en El asaltante, lo podemos ver en El otro, y en Una novia errante (Yo lo recuerdo como papá Perelman en Derecho de familia). Goetz, en un intento por graficar y agradecer el calor humano de los peruanos, calificó a nuestro festival limeño como un “anti-Cannes”. Luego de algunas risas y sonrisas cómplices de parte del público, don Arturo reveló preferir estar en nuestra gris ciudad que en la glamorosa Costa Azul. Si había algún francés en la sala, no se debe haber dado por aludido.

Fuera luces. Tras media hora de proyección empezaría a sentir los primeros síntomas. Cada vuelta en la esquina. Cada giro brusco. Cada parada en seco. Un dolor de cabeza. Nunca disfruté tanto esos planos quietos y contemplativos, cual salvavidas en un mar picado. Cómo extrañé Los muertos y Fantasma. Felizmente recordé que el viajecito este solo duraría una hora y pico. Igual no terminé tan groggy como la mesera asmática, pero sí como el asaltante Ramos en la secuencia final. Absorto por lo recién vivido, buscando una aspirina y un vaso de agua. Marqué “buena” en la boleta de votación, casi de manera automática, y salí raudo a tomar un poco de aire, por fin.

Festival de Lima 2007: Conversatorio con Ana Katz, Marcelo Schapes y Daniel Hendler

Conferencia Ana Katz

El domingo a pesar del frío y la mala noche de algunos, -vamos, era fin de semana- el Festival de Lima 2007 siguió su curso, con un conversatorio con Ana Katz, Marcelo Schapes y Daniel Hendler. Ana Katz es la directora y protagonista de Una novia errante; Marcelo Schapes es director de La velocidad funda el olvido; y Daniel Hendler participa de Una novia errante en el papel del novio, además es el esposo de Ana Katz. En el festival limeño se le recuerda por sus papeles en 25 Watts, El abrazo partido y Derecho de familia. Los críticos que participaron de la mesa fueron Raúl Lizarzaburu y Óscar Contreras. Destaquemos algunos pasajes del conversatorio:

Conferencia Ana KatzContreras comentó sobre el (nuevo) cine argentino que tiende a crear cintas calculadas, elaboradas con fórmula, dadas a la intelectualidad, a lo que los invitados replicaron señalando que es más bien una oportunidad para la búsqueda de un tono y un cine (Katz), un espacio promovido por el INCAA para la exploración del lenguaje (Hendler) y la posibilidad de expresarse a través de diversidad de propuestas y apuestas (Schapes).

Lizarzaburu preguntó por la experiencia de guionización (entre 4 personas) de La velocidad funda el olvido a Schapes, quien contó que fue un proceso muy interesante, de una conversación fluida, muchas veces realizada vía telefónica y por correo electrónico. Proceso que sirvió para crear esta película sobre la memoria, que tiene muchos pasajes oníricos, por lo que la colaboración de cada guionista aportó matices muy interesantes.

Conferencia Ana KatzTambién se preguntó a los directores sobre la relación con sus actores y el proceso de casting. Ana Katz, por su condición de actriz, manifestó que se fija mucho en las obras teatrales de sus colegas, por lo que llega a sus filmes con los actores decididos de antemano. Marcelo Schapes sostuvo que él busca sobretodo buenas personas con quienes compartir, y participar del rodaje, y que puedan transmitir la sensación del personaje.

Daniel Hendler, por su parte, manifestó que viene preparando el guión de su primera película, por lo que no será raro verlo en las próximas ediciones del festival. Aquí los recibirán con los brazos abiertos.

Fotos: Rolando Jurado

Festival de Lima 2007: La inauguración

inaInauguración Festival de Lima

Desde hace dos años, el antiguo Cine Metro, es sede de la inauguración y clausura del Festival, este año no ha sido ajeno a la autoimpuesta tradición. La novedad a nuestra llegada al recinto ha sido el sistema de ingreso mediante voluntarios, que suprimió las colas y permitió un flujo más rápido de invitados.

Luego de la clásica espera, común a este tipo de ceremonias, la gala arrancó rindiendo homenaje a los recién desaparecidos maestros del cine, Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, gesto significativo, pero casi para salir del paso, con videos que resumían la trayectoria de los maestros, pero de muy corta duración, suponemos que por la proximidad de los decesos. Eso sí, la sala arrancó en aplausos merecidos a la obra de los genios.

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Mi amiga Lizzy

Mi amiga Lizzy

Quiero que me tomes de la mano y no me dejes nunca.

Eso es lo que pienso mientras Lizzy me lleva, con su sonrisa de niña buena, a caminar por el Jirón Quilca, con dirección al Teatro Colón, aquel obligado ex-centro de reunión para amantes del porno, pajeros y curiosos, lugar al que, lamentablemente, nunca asistí.

No puedo creer que nunca hayas venido al Cine Colón, me dice Lizzy, y yo pienso no me importa nunca haber venido aquí, me importa que ahora me estás llevando tú, pero no se lo digo, porque no quiero incomodarla con mi cariño o con palabras que verbalicen algo que el contaminado ambiente del centro de la ciudad ya alberga: el inmenso aprecio que tengo por ella.

Que gracioso conocerte, dice Lizzy, y recuerda aquel día soleado -no hace mucho- en que salimos a conversar frente a mi inquieta cámara. Me gustó mucho la entrevista, comenta alegre y, una vez más, pienso qué simpático es que todos crean que yo hago “entrevistas” cuando, en realidad, son simples conversaciones ante una cámara casera. Más gracioso es conocerte a tí, le respondo educado y, otra vez, nos miramos fijamente sonriendo sin nada que decir, y aunque el invierno de Lima no es tan extremo, yo decido romper el hielo creado por razones presuntamente extra-climáticas diciendo que lindo es conocerte, Lizzy, la abrazo calientito y la llevo a uno de mis bares favoritos.

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El “20 pirata” y otros trailers “piratas”

Ayer decidí ir al cine, la verdad es que hace algún tiempo no había ido al cine en día de espectador, me la he pasado viendo “pelis” en DVDs o en algún cineclub. Al comprar entradas no había mucho de donde elegir, la cartelera tiene pocas cintas interesantes que ofrecer y está saturada por Los 4 Fantásticos y Silver Surfer, que comienza función cada media hora en todos los cines de Lima. Así que, sin más y con la actitud de no encontrar una obra de arte, entré a ver a La Mole y sus amigos. Pero, de la cinta hablaremos, luego en otro post, si hay ánimos.

La sala, para variar, estaba repleta, pero todavía podía ubicar buen sitio - al medio, en el tercer tercio de la sala -, comenzaba la proyección con los tráilers de ley: Transformers, Ahora son 13 (Ocean’s 13), Harry Potter, Los Simpson, uno nuevo de Alpamayo que no había visto, uno de gaseosa, otro de seguros, de una universidad, de una marca de autos… Espera, ¿no estaba en el cine? ¿Por qué estoy viendo publicidad de TV antes de una película? De una película por la que, además, pagué.

Los tráilers son parte del negocio y sirven para informar de las películas que vienen a la cartelera próximamente. Pero, la publicidad se convierte en un abuso, uno no la ha pedido, no subvencionan el costo de la entrada, y llegan de contrabando al espectador, ¿no es eso “pirata”? Al final, entre unos (tráilers) y otros (comerciales), sumaron quince minutos de puro consumo y espera gratuita. Claro, coronado con el 20 Pirata, esa propaganda moralina que arranca más risas que culpas hablándonos de la piratería. Como los cines quieren que lo veamos de todas maneras, aquí lo tienen, con las risas del respetable incluidas:

Es curioso, en un momento clave de la cinta, Silver Surfer le dice a los 4 fantásticos: “Uno siempre puede elegir”. Claro, uno puede elegir todo, menos que película ver cuando en cartelera, hay un blockbuster que sale del horno, cual combo, cada media hora. Un blockbuster que se ha engullido medio millón de dólares en su primer fin de semana en Perú, a pesar de la piratería. Piratería, por la que me debo sentir mal, por dejarme elegir otras opciones para ver. ¿Curioso, no?

El proyeccionista y la boletera

Proyector 35 mm

Durante tres años Fidel y Alicia siempre estuvieron a mi lado. Es más, una de las cosas que me apenó mucho cuando, no me quedaba otra, renuncié al cargo que desempeñaba en una bonita sala de la ciudad fue justamente eso: que ya no vería a Fidel y Alicia todos los días.

Fidel se hizo proyeccionista como cualquier buen peruano recursero: a la fuerza. Hijo del jardinero de los propietarios, llegó a la sala sabiendo -únicamente- como poner play al reproductor DVD, pero poco después se hizo un experto de mi total admiración.

Me decía “pituquito” de cariño, y cada vez que llegaba al lugar con un buen número de películas yo sabía que, luego de revisarlas al detalle, me pediría prestado algun título con altas cantidades de ketchup (”porque a mi mamá le gustan las pelas sangrientas”) o alguna de características alucinadas (”ta que, esta pela es la cagada”). Yo, conmovido y emocionado por su interés, le prestaba todas las que quisiera, siempre y cuando las devolviera al mismo lugar y, sobre todo, en las mismas condiciones, cosa que muy pocas veces hacía.

Alicia se hizo boletera por necesidad: era madre y tenía que mantener a su pequeña hija, Camila. De esa manera se aventuró a aguantar largas jornadas sentada en la recepción del clásico cineclub, donde, además de vender los tickets de ingreso, estaba encargada de la pequeña sección de golosinas y revistas de cine. Adorable ella, nunca sabía dar razón de nada, algo que por esa época me sacaba de quicio, pero que ahora recuerdo con mucho cariño.

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