Cien años de cine animado: Fantasmagoria 1908 - 2008

En junio de 1908, el dibujante francés Emile Cohl se encontraba terminando lo que sería la primera película íntegramente animada: Fantasmagoria. El corto de 36 metros de longitud y una duración de 1 minuto y 57 segundos, consta de 700 dibujos realizados a mano por el propio Cohl. Se cuenta que el dibujante basó su trabajo en la experiencia de James Stuart Blackton, fundador de los estudios Vitagraph, quien un par de años antes había realizado el corto animado Humorous Phases of Funny Faces, con una técnica que llamó “efecto línea de tiza”, en el que se filmaban líneas negras sobre fondo blanco, para luego revertir el negativo. A pesar que los personajes de Blackton no se movían en su totalidad, era suficiente para inspirar un trabajo más elaborado y de corte más fantástico.

En Fantasmagorie, el personaje de Cohl no sólo se mueve completamente, sino que sufre una serie de transformaciones y alucinaciones que bordean lo surrealista. La película se estrenó el 17 de agosto de 1908, el título hacía referencia al Fantasmógrafo, una variante de la linterna mágica que proyectaba imágenes fantasmales que flotaban por las paredes.

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(Vía: Las horas perdidas y La Nuez)

Cine y educación en Francia, en la experiencia de Alain Bergala

alain-bergalaLa discusión sobre si el cine es parte de una buena educación ha sido ya superada. El dilema se vuelca a las modalidades para incluir al cine dentro de los programas educativos. En el país existe una ley, que no se cumple, que incluye la enseñanza del cine desde el nivel de secundaria.

Para darnos algunas luces sobre esto, compartimos una entrevista publicada en el diario El Clarín a Alain Bergala; cineasta, profesor de cine en la Universidad de París III y ex redactor en jefe de la mítica revista Cahiers du Cinéma, quien tiene una teoría que llevó a la práctica cuando en 2001 fue convocado por Jack Lang, ministro de Educación del gobierno socialista francés. Las declaraciones las da en Buenos Aires, donde fué invitado al seminario internacional “Educar la mirada Cultura visual y educación”, organizado por la FLACSO y la Fundación OSDE. Aquí le presentamos la entrevista, para tomar nota:

Dijo que el encuentro entre los chicos y una película debería ser brutal ¿cómo lo explica?
Quizá no debería decir brutal sino que no sea demasiado pedagogizado. Se trata de poner a los chicos directamente en contacto con películas que no están acostumbrados a ver. Por ejemplo, un film mudo japonés o una película de Abbas Kiarostami.

¿Por qué es un buen abordaje?
Son películas que ni se imaginan que existen entonces cada chico reacciona a su manera, sin prejuicios, porque ve algo que no se parece a nada de lo que haya visto. Y se dan cuenta, muchas veces, que este tipo de películas les interesa. “¿Dónde está la casa de mi amigo?” de Kiarostami, es un film muy lento, que se desarrolla en un pequeño pueblo perdido entre las montañas y, sin embargo, los chicos se interesan. Descubren que pueden ver otras películas que no sean las norteamericanas.

¿Cómo fue la reacción de la escuela, una institución estructurada, frente a una propuesta así?
En Francia el proyecto Jack Lang ya tenía una tradición. Había maestros que llevaban a los chicos al cine a ver películas no comerciales. Lo que cambió con nuestro proyecto es que esas películas podían tenerlas en la escuela y disponer de ellas. Por ahí un mes después veían por su cuenta una escena que les había gustado. Es decir, primero los chicos tienen un contacto sin intermediación y después se van familiarizando.

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El sabor de la sandía (2005)

la-saveur-de-la-pastequeLa Saveur de la pastèque

Dir. Tsai Ming Liang | 114 min. | Francia - Taiwán

Intérpretes: Kang-sheng Lee (Hsiao-Kang), Shiang-chyi Chen (Shiang-chyi), Yi-Ching Lu (madre), Ian McShane (Tai Lung), Kuei-Mei Yang (actriz porno taiwanesa), Sumomo Yozakura (actor porno japonés)

El sexo es mostrado no como una manifestación de goce y placer, sino más bien de rutina y repetición mecánica de diversas poses y maniobras casi gimnásticas. Al igual que el aburrido sonar de los pasos, escuchamos el chapoteo de los cuerpos y los resoplidos de los actores que no llegan a alcanzar el frenesí que se podría imaginar en estas aguerridas sesiones. No faltan toques de ironía, como el recurso a la masturbación utilizando las dichosas sandías y los casi infantiles quejidos orientales que acompañan tales ejercicios.

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“Un chant d’amour”, el cine de Jean Genet

Jean GenetEscritor de vida tan turbulenta como sus mismas obras, Jean Genet se convirtió desde los años 40 en una de las figuras más prominentes y polémicas de la cultura francesa. Hijo de una prostituta, Genet pasó sus primeros años en hogares ajenos, y pronto tuvo problemas con la justicia por constantes robos y prostitución masculina. Pero ese paseo por los bajos fondos fue nutriendo también una idea, una estética que fue cultivando para plasmarla en el momento que decidió trasladarla al papel. Fue tras haber superado más de una decena de arrestos que terminó por dar en una celda de por vida. Tiempo fuera que sin duda le valió para darle coherencia a una obra literaria que de a pocos era publicada en Francia y era aplaudida por las más diversas personalidades como Cocteau, Sartre, y hasta Picasso. Tras la mediación de estos, el condenado Genet salió de la prisión para dedicarse a alimentar una fama de artista excéntrico, prolífico y genial.

Toda su obra, que incluye novelas, dramas, poesía y ensayo, gira en torno a las descripciones sórdidas del bajo mundo, especialmente las que derivan de su más que conocido mundo homosexual marginal, ambientes miserabilistas o de extraño exotismo en los que se desarrollaban intrigas a las que adornaba de un singular lirismo y que se convirtió en emblema para muchos en las décadas posteriores. Varias de sus obras más notables como Las criadas, Severa vigilancia y Los biombos; fueron adaptadas a la televisión en los años 60; Fassbinder hizo de su Querelle, una de las películas más polémicas de su carrera; y su fan David Bowie le dedicó The Jean Genie.

Una faceta que exploró brevemente fue la de cineasta. En 1950 dirigió Un chant d’amour, se trata de un no menos provocador cortometraje en el cual se vislumbran, con sorprendentes ideas cinematográficas, todos los fantasmas y obsesiones que lo caracterizaron. Apenas le basta el reducido espacio de un par de celdas de una prisión y algún exterior para crear una atmósfera cargada de un erotismo perturbador. Fantasías sexuales, miserabilismo y romance, reunidos en imágenes que van de lo sugerente a lo explícito. Una muestra más de ese talento maldito, al que el destino le permitió una vida bastante larga a decir verdad. A continuación, pueden ver este trabajo, pero ojo, que el contenido no es para todos los gustos y sensibilidades:

(Vía Moonfleet)

El empleo del tiempo (2001)

L’emploi du temps

L'emploi du temps

Las relaciones entre empleador y empleados era el motivo central de Ressources Humaines el primer largometraje del francés Laurent Cantet. Ahora su nueva cinta confirma sus intereses temáticos pero esta vez va más allá, dándole una vuelta más a la tuerca Cantet nos entrega una visión más ambigua del asunto, en este caso la perspectiva del empleado (un ejecutivo de nivel) que tras perder el trabajo se inventa para sí mismo y ante su familia toda una vida laboral y actividades que lo harán dejar el hogar durantes largos periodos de tiempo en los que en realidad se dedicará a vagabundear y fantasear con su rutina supuestamente laboral (geniales realmente las escenas en las que hace hora en la compañía privada y en el hotel), pero las presiones familiares irán en aumento lo que lo llevará a complicarse más, engañando a sus amigos y ni que decir de sus ctividades con los contrabandistas.

La película es fascinante de principio desde el meticuloso sistema de engaños, la cruda representacion de sus relaciones familiares, el dolor y negación a la vez con la que procede el protagonista es dificil decir que es lo que más puede quedar en la memoria al ver esta cinta. Con una notable interpretación de todo el conjunto el segundo opus de Laurent Cantet es ya una gran película.

Queda la imagen final del hombre que tras tantas vueltas regresa al mismo lugar: la silla de la entrevista, tan sofocante como la de su auto.

Jorge Esponda