Laurent Cantet y su empleo del cine

La Palma de Oro del Festival de Cannes ha recaído este año en un filme francés, algo que no ocurría en más de dos décadas. El cineasta Laurent Cantet pertenece al grupo de realizadores más interesantes surgidos a fines de los 90 en esta cinematografía. A pesar de tener una obra todavía breve, se pueden distinguir en ella preocupaciones constantes, así como un estilo de apariencia austera y funcional. Eso es lo que parece confirmar en Entre les murs. Una historia personal dentro de la unificada Europa del siglo XXI, para la que ha elegido el mejor lugar para representarla: una escuela a la que acuden todos, los chicos bien y los que están hechos por los golpes de la vida, el lugar donde confluyen los más típicamente franceses y los inmigrantes.

Esperando poder ver pronto su celebrada película, vamos a darle una somera mirada a la obra de este realizador a través de sus tres películas anteriores. Ya habrá momento para extenderse sobre cada una de ellas:

Recursos humanos: Debut interesante, preciso, contundente. El cineasta le dedica este filme al mundo del trabajador y su empleador. Interacción en la que el protagonista funge de mediador. A su modo el joven ejecutivo regresa convertido en el nuevo europeo. Personaje que Cantet convierte en un ambicioso y audaz arribista traicionado por su conciencia. Lo mejor es la tensión entre ambas partes que van cambiando de lugar en la balanza personal del héroe. La fábrica se convierte en la patria dividida por el siempre espinoso tema de la justicia laboral.

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El empleo del tiempo (2001)

L’emploi du temps

L'emploi du temps

Las relaciones entre empleador y empleados era el motivo central de Ressources Humaines el primer largometraje del francés Laurent Cantet. Ahora su nueva cinta confirma sus intereses temáticos pero esta vez va más allá, dándole una vuelta más a la tuerca Cantet nos entrega una visión más ambigua del asunto, en este caso la perspectiva del empleado (un ejecutivo de nivel) que tras perder el trabajo se inventa para sí mismo y ante su familia toda una vida laboral y actividades que lo harán dejar el hogar durantes largos periodos de tiempo en los que en realidad se dedicará a vagabundear y fantasear con su rutina supuestamente laboral (geniales realmente las escenas en las que hace hora en la compañía privada y en el hotel), pero las presiones familiares irán en aumento lo que lo llevará a complicarse más, engañando a sus amigos y ni que decir de sus ctividades con los contrabandistas.

La película es fascinante de principio desde el meticuloso sistema de engaños, la cruda representacion de sus relaciones familiares, el dolor y negación a la vez con la que procede el protagonista es dificil decir que es lo que más puede quedar en la memoria al ver esta cinta. Con una notable interpretación de todo el conjunto el segundo opus de Laurent Cantet es ya una gran película.

Queda la imagen final del hombre que tras tantas vueltas regresa al mismo lugar: la silla de la entrevista, tan sofocante como la de su auto.

Jorge Esponda