Subastarán propiedad de Ingmar Bergman en la Isla de Fårö

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Casi coincidiendo con el primer año de su muerte, acaecida el 30 de julio de 2007, se ha dado a conocer que próximamente será subastada la mítica residencia de Ingmar Bergman en la isla báltica de Fårö, de acuerdo a su última voluntad expresada de puño y letra.

“En el testamento consta que hay que vender todo al mejor postor, preferiblemente en una subasta, para evitar un procedimiento irregular. Y estamos de acuerdo en seguirlo al pie de la letra”, declaró su hijo Daniel Bergman, uno de los nueve herederos del artista.

El cineasta compró la propiedad en los años ‘60, cuando ya era uno de los grandes autores del mundo, y poco después realizó varias construcciones, como casas y bosques, y una sala privada de cine. Incluso, sirvió de locación para la extraordinaria Persona, una de sus obras mayores.

En una subasta no hay mayor control del destino de las joyas, y de eso es consciente Daniel Bergman. “Sería una pena que todo fuera a parar a un particular”, comentó, y agregó que el archivo de su padre constituye “parte imprescindible” de la cultura sueca. Démosle un vistazo a la residencia en este corto sobre el maestro, en sueco y sin subtítulos:

(Vía The Guardian)

Ingmar Bergman, a noventa (y un año) en la distancia

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Ingmar Bergman releyendo un guión durante un ensayo

Siempre habrá ocasión para hablar sobre Ingmar Bergman, ese investigador de mundos abstractos y dolientes. Como tales, sus películas son espectáculos dramáticos y tesis filosóficas a partes iguales. Para este cineasta no había mejor método para alcanzar las dimensiones del alma que despegarse de la representación realista, aquella cuna en que los imperativos concretos no dejan que los ecos del ánima se dejen sentir con claridad.

Bergman podía claramente remitirse a una geografía o determinado contexto social e histórico, pero su extraña intromisión dentro de las fantasías y los temores de sus personajes rápidamente era el motor de los ritmos contemplativos y las insidiosas conclusiones de sus obras. Rostros y andares, palabras y silencios, hombres y fantasmas. Todos aquí tienen un valor, una idea, un sentimiento, que puede resultar aún desconcertante todavía (la partida de ajedrez del cruzado y la muerte), como insólitamente conmovedor en sus frías exposiciones (el encuentro del doctor Isaak Borg y su hijo). Pero también hubo lugar para el más exacerbado barroquismo como el recordado inicio de Persona y el laberíntico descenso en La hora del lobo.

Pena, soledad, desesperación, aburrimiento. Son, más que temas, presencias siempre acechando. Pocos quisieran someterse a semejantes conceptos a la vista del resto. Pero como lo concebía el autor sueco, son parte de la extraña alquimia de la vida. No por casualidad, sus criaturas terminaban encarándolos en el momento preciso de una comunión personal. La mayor confrontación se suscita en tu propia habitación, en las cuatro paredes de tu espíritu.

Hoy, 14 de julio, estaría cumpliendo 90, pero dentro de dos semanas también se conmemorará el primer aniversario de su partida. Motivo preciso para un breve repaso a algunos momentos de su intransigente y obsesiva carrera.

Smultronstället (Las fresas salvajes)

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