Un premio para la crítica

"El premio", de Alberto Durant

Más que defender mi opinión sobre la película El premio, de Alberto Durant, pretendo reflexionar sobre la crítica de cine a partir de esta obra. Pareciera que para hacer El premio se hubieran comprado retazos de tela barata de distintas calidades en Gamarra y con ellos un sastre experto hubiera confeccionado un terno perfectamente acabado.

Los que dicen que la película es mala se fijarán en la precariedad del material (retazos cosidos sin ton ni son=Betito). Los que opinan que es buena admirarán el molde (con su narrativa eficaz, sus ambigüedades, su dato escondido, etc.=autor de culto, Hawks, Kaurismaaki). Y los que afirman que es una película fallida exclamarán: “¡Esto es un arroz con mango!”. Mientras que quienes creemos que esta película no es ni buena ni mala, diremos que es ingeniosa, interesante y divertida.

Esta cinta ofrece fuertes argumentos para cada una de las opiniones aquí enunciadas por lo que el público debería enfocarse en los elementos audiovisuales ofrecidos por los críticos, antes que en sus opiniones; y, así, formar su propio criterio.

La crítica, en pocas palabras, es siempre contextualizada; es escéptica, secular y está reflexivamente abierta a sus propios defectos.

Edward Said, El mundo, el texto y el crítico, p. 42.

La película El premio de Alberto Durant desató un inesperado y apasionado debate, mucho del cual tiene que ver con un problema de chauvinismo nacional, que he denominado “virus de influenza cine peruano” y descrito en forma de cartilla sanitaria.

En el presente post quiero revisar aquellos argumentos no (del todo) contaminados por esa epidemia estacional. No tanto con el objetivo de defender mi punto de vista sobre este filme, cuanto por hacer una reflexión sobre el papel de la crítica.

Y mi conclusión principal es que, en el caso de esta película (como en muchos otros), lo importante no es tanto la opinión del crítico, sino que éste ofrezca una descripción de los elementos audiovisuales y los procesos de construcción de sentido de la obra.

Deseo precisar que este es un punto de vista personal que no pretende ser el único, ni tan siquiera el correcto. Refleja parte de mi enfoque particular sobre la tarea crítica, que el público tiene derecho a conocer y yo de compartir con colegas.

El principal argumento contra esta cinta lo formuló Alonso Izaguirre, quien sostuvo que sus personajes son esterotipados y su estructura está conformada por sketches propios de miniseries o programas de televisión producidos por Betito Aguilar o Michelle Alexander.

efrain-aguilar

Betito

No estoy de acuerdo con este punto de vista (que comparten varios críticos, cinéfilos y cineastas, que nada tienen que ver con Alonso), por las siguientes razones:

1. Esta película no tiene el alto (y, en ocasiones, altísimo) nivel de sintonía que poseen esas piezas televisivas. Si El Premio fuera lo que dicen estos comentaristas, pues tendría cientos de miles de espectadores; lo que no es el caso.

Es paradójico que quienes sufren a causa del “cine peruano” y le achacan a Durant un presunto parentesco estilístico con Betito, no se percaten de que si alguna vez habrá una industria cinematográfica en el país, se necesitará un buen lote de películas tipo “Betito” cada año. Es decir, películas taquilleras. (Aunque, ciertamente, no basta con que haya taquilla para conseguir masa crítica y fidelización de un público.)

2. Betito no tiene los elementos de ambigüedad que exhibe El premio y mucho menos haría una película con “finales abiertos”. Sus acciones y personajes tienen que ser muy esquemáticos. Esto es así porque la gran mayoría de gente no “ve” televisión, la “monitorea”; los procesos de recepción son distintos en cada caso, cine o televisión. Lo que no significa que estos populares productos televisivos no puedan tener una mayor (y deseable) calidad dramática.

3. Por lo anterior, los sketches de Betito tampoco tienen el grado de integración y fluidez narrativa que tiene El premio. La televisión tiende a la fragmentación, mientras el cine que practica Durant exige integración. Esto es obvio.

¿Por qué, entonces, a tanta gente le parece que esta película tenga personajes endebles y una estructura poco articulada?

Los personajes

La razón, en parte, es que no logran aceptar a personajes poco construidos (o “estereotipados”) y, por lo tanto, dejan de ver que estos no son tan convencionales, como parecen.

Para aclarar este punto haremos un cuadro de “SÍ… PERO…”. En la columna de la izquierda (SÍ) pondremos la descripción de los estereotipos señalados por Izaguirre y en la columna de la derecha (PERO) lo que estos comentaristas no ven o no aceptan. En la última fila, las conclusiones.

PERO
“El profe rural bueno”… …bueno y sufrido; pero no idiota: no se deja robar el dinero ni le presta plata al pegalón. Pasa del triunfo (la lotería) al desastre (emocional). Conato de transformación por indecisiones.
“La madre joven abnegada con esposo malo y pegalón”… …abnegada pero emprendedora e independiente, mientras que el esposo no solo es pegalón, sino también alcohólico y cornudo. Ambigüedad moral de ambos, tanto en general como con respecto al dinero. Finalmente honestos respecto de este.
“El chico rebelde que no quiere estudiar”… …y que se ha entregado a la delincuencia menor, por tanto, ambigüedad moral respecto al dinero; no obstante, al final resulta honesto. Transformación.
“La bodeguera arrecha”… …pero enamorada y defraudada por el profe bueno. Personaje ambivalente.
“El conocido que se quiere comer a la hija cantora del profe rural bueno”… …hija cantora, pero también ambivalente con respecto al costo/beneficio de tirar con el conocido. Ambigüedad moral de ambos.
“La jefa de la chamba desconfiada de su trabajadora”… …pero debido a que le robaban, ella o su primo. Personaje muy secundario, pero justificado para sostener ambigüedad moral de la pareja de amantes.
Estereotipos. Simplicidad. Ambivalencia emocional, ambigüedad moral, indecisión, transformación. Complejidad.

Este cuadro tiene un defecto y es que nos presenta los datos separados, como si tras el curso narrativo transitáramos de una columna a la otra. No es el caso. Los elementos de la primera columna en realidad se superponen a los de la segunda. Es decir, los personajes (y varias situaciones) son, a la vez, estereotipados (poco originales, convencionales) pero también ambivalentes, ambiguos y sufren algún grado transformación. Como mínimo, se puede decir que estos son los menos típicos de los personajes estereotípicos.

Si no aceptamos esta peculiar combinación propuesta por el director, no apreciaremos el resto de aportes de la película.

La estructura

"El premio" de Alberto Durant

Esta misma característica se presenta en la estructura del filme, pero con un añadido importante: el conflicto principal no nace del carácter de los personajes, lo que debilita también la intensificación dramática. En su reemplazo, el eje de la acción se traslada a (y se traslapa con) un hecho fortuito y externo: el premio de la lotería.

La principal consecuencia de un filme que no está articulado por un fuerte conflicto principal es que no hay tampoco un compromiso emocional intenso; sino una sensación light, cercana a la cotidianeidad. No estamos ante hechos y personajes memorables ni extraordinarios, sino de situaciones y personajes más bien ordinarios. Y no pidamos más tampoco, dada la estética naturalista del filme.

Otra consecuencia de lo anterior es que el conflicto principal (padre versus hijo) no está suficientemente marcado y jerarquizado, con respecto a las otras historias secundarias; al punto que alguna de estas por momentos compite con la principal. De allí la sensación de cierta desarticulación, de que los personajes tienen motivaciones arbitrarias y que por momentos vagan sin norte en la película.

Nuevamente interviene aquí la ambigüedad. Los conflictos no terminan de definirse y quedan en el aire: Lisbeth flirtea pero nunca se acuesta con su primo, la chica de Canta tampoco lo hace con su pretendiente regordete, al igual que el profe bueno con su bodeguera. De personajes ambiguos, ambivalentes o indecisos sólo pueden resultar situaciones ídem; aunque –oh paradoja– perfectamente articuladas gracias a la citada intriga semi policial, que juega (y mantiene el interés) justamente a partir de estas (y otras nuevas) ambigüedades.

Por otra parte, ésta intriga también tiene momentos precarios y hasta inverosímiles, pero eso no importa, ya que al descubrirse el “dato escondido”, resultan irónicamente justificadas. Entonces, como culminación de esta tendencia a la ambigüedad, la cinta termina –tras el puente del dato escondido y resuelto– hasta con tres finales abiertos. Aunque el principal resulta un poco previsible, no hay forma de buscar en todo el filme elementos que nos ayuden a imaginar la continuidad de los otros desenlaces posibles. Esta es la más acabada de las películas inacabadas. Y su final, el más cerrado de de los finales abiertos. De allí también que esta cinta aparentemente tan convencional se vaya tornando, hacia su final, en un filme poco convencional.

Percepciones cruzadas

En suma, Durant ha manejado con maestría y originalidad las líneas narrativas de su película, pero utilizando insumos, recetas y materiales (toscamente) primarios. Es como si fuéramos a Gamarra a comprar retazos de tela barata de distintas calidades y con ellas un sastre experto hubiera confeccionado un terno perfectamente acabado.

Los que dicen que la película es mala se fijarán en la precariedad del material (retazos cosidos sin ton ni son=Betito). Los que opinan que es buena admirarán el molde (con su narrativa clásica, sus ambigüedades, su dato escondido, etc.=autor de culto, Hawks, Kaurismaaki). Y los que afirman que es una película fallida exclamarán: “¡Esto es un arroz con mango!”.

Mientras que quienes creemos que esta película no es ni buena ni mala, diremos –por lo arriba expuesto– que es un mérito de este director el haber logrado que tal combinación sea coherente, ingeniosa, interesante y divertida; como un niño que disfruta jugando con temas de adulto. Si estas no fueron las intenciones de Durant, pues fracasó rotundamente. En todo caso, esta parece ser la más pretenciosa película de las que no lo son.

Crítica: ¿Opinión o análisis?

El atrevido mapa de opiniones aquí esbozado –que no intenta ser exhaustivo: dejo varios otros argumentos en el tintero– seguramente concitará el rechazo de quienes se sientan aludidos, cuando no su desdén. Pero esto justamente abonaría a favor de mi punto; es decir, que –en este caso– las opiniones pueden ser tantas y tan variadas, que es más útil enfocarse en la descripción de los elementos audiovisuales.

Otra forma de verlo es que esta película ofrece fuertes argumentos para cada una de las opiniones aquí enunciadas. En consecuencia, el público debería enfocarse en estos elementos audiovisuales, antes que en las opiniones que los diferentes comentaristas desprenden de ellos; para formar, así, su propia opinión. Y esos elementos deberían ser ofrecidos por el crítico, como la mejor contribución que puede hacer para formar un público con espíritu y sentido críticos. El espectador no debería hacer tanto caso a las opiniones de los críticos, sino a sus análisis y descripciones de cómo se elaboran sentidos en una película.

Es más, si se lee con atención, se podrá comprobar que muchos de los argumentos con los que defiendo esta película podrían pasar como defectos y convertirse en su contrario. Por ejemplo, las ambigüedades y ambivalencias de los personajes podrían interpretarse más bien como su falta de construcción; y sus ambigüedades, como meros vacíos. Y estas características, en la acción, como narrativa desarticulada; más aún si la carencia de un fuerte conflicto principal a partir del carácter de los personajes se le interpreta como una gran falla del guión y no como una elección consciente del director. Otros han diho que El premio fracasa en contraponer lo urbano con lo rural, a lo que respondo que más bien la cultura urbana ha impregnado a esa localidad rural; mientras que se me replicará que en eso justamente consiste tal fracaso…

Y así, sucesivamente, con lo que podría darse el caso de que un mismo crítico podría escribir –a partir de estos u otros argumentos– dos críticas con valoraciones totalmente opuestas, e incluso más de dos; quizás emulando a Juan Luis Villafañe, el personaje de un cuento de Bioy Casares, quien “fue el (anónimo) autor de muchos discursos de la buena época de más de un sector del Senado”, o sea que escribía por igual peroratas para distintos bandos en pugna, de tal manera “que más de una brillante y borrascosa discusión en el Senado fue un diálogo imaginario, un intrínseco monólogo en que Villafañe, impersonado por varios senadores, proponía y rebatía” (Bioy Casares, Adolfo, Adversos milagros, pp. 70, 106).

En consecuencia, a veces no hay que tomar demasiado en serio a los críticos. ¡Y lo digo muy seriamente!

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16 comentarios

  1. 1 de junio de 2009 at 20:42 — Responder

    En mi opinión la crítica no tiene porqué enfocarse en los “elementos audiovisuales”, si no en el contexto y las reflexiones que causa la película en cuestión que puede ser desde un punto de vista social, antropológico, religioso, filológico, filosófico, personal, etc. Obviamente, en alguna ocasión se tendrán que tocar elementos audiovisuales ya que se parte de una película, pero jamás centrarse en ellos como su objeto de estudio… Ese tipo de críticas solo le sirven a una película sin acabar para que el director lo tome como referencia ante sus dudas. Pero si la película ya está culminada, en verdad no le veo mayor sentido.

    Saludos

  2. Anónimo
    1 de junio de 2009 at 20:49 — Responder

    me parece mal el que se critique a la misma critica creo que al ser condescendientes con nuestro producto nacional bajamos los estàndares de calidad. si una pelicula debe ser criticada debe serlo.

  3. 1 de junio de 2009 at 21:39 — Responder

    Nunca digan nada del arroz con mango si es que no lo han probado. Hmm… bueno, yo no lo he probado, pero tengo un amigo que si… arroz con mango y salchicha china. LOL’ para citarlo “it wasn’t that bad”.

    Digo, no?

  4. Julian
    1 de junio de 2009 at 23:57 — Responder

    Por Dios ¿Qué es esto? ¿Es verdad lo que estoy leyendo? Durant, HAWKS!!!!, KAURISMAKI!!!! No puede ser, tan ciegos hemos estado tanto tiempo para no darnos cuenta del genio que teniamos…..

  5. Rodrigo
    2 de junio de 2009 at 2:43 — Responder

    Dos preguntas para Juan Jose:

    1. ¿Tu critica puede entenderse como deconstructiva?

    2. En un blog ven tu texto sobre El Premio como parte de la publicidad de la pelicula, a partir del detalle con el que has descrito algunas escenas. ¿Como lo tomas?

  6. Juan José Beteta
    2 de junio de 2009 at 14:13 — Responder

    Juan Daniel: Cuando digo “elementos audiovisuales” me refiere a cómo éstos se han articulado para producir sentidos y significados. Estos últimos son un resultado de lo primero. Muchos críticos se LIMITAN a lo segundo, es decir, lo que tú mencionas: el contexto pertinente a la película (social, antropológico, religioso, personal, político, etc.). En mi opinión la clave de la crítica (y, en general, la gran mayoría de mis críticas) se centra en describir estos procesos de contrucción de sentido. ADEMÁS, incluyo los elementos de contexto que puedan ser pertinentes. No obstante, otras formas de ver la crítica -como la que planteas- también son válidas y las respeto.

  7. Juan José Beteta
    2 de junio de 2009 at 14:16 — Responder

    Anónimo: sólo he tratado de reflexionar sobre la crítica a partir del debate ocurrido sobre El premio. Comparto tu punto de vista de que no debemos ser condescendientes con nadie ni por ningún motivo.

  8. Juan José Beteta
    2 de junio de 2009 at 14:17 — Responder

    Julián: No estoy de acuerdo con sobrevalorar esta película.

  9. Juan José Beteta
    2 de junio de 2009 at 14:57 — Responder

    Rodrigo: aclaro previamente que esto no es una crítica a El Premio, sino una reflexión sobre un aspecto de la crítica a partir de reacciones frente a esta película. Respondo tus preguntas.

    1. No creo que sea una deconstrucción, sino simplemente una comparación irónica de distintos enfoques sobre esta cinta. Pero mi intención no es decir que “todo es relativo”, sino que -en ocasiones- lo importante no es la opinión, sino la DESCRIPCIÓN de los procesos de construcción de sentido y su ANÁLISIS respectivo.

    Y eso hago en la gran mayoría de mis críticas, así que El Premio no ha sido una excepción.

    2. ¿En cual blog? En todo caso, sobre este asunto pienso lo siguiente:

    a) la influencia de la crítica no es tanta como se piensa,

    b) las críticas favorables seguramente inducirán la asistencia al cine y las desfavorables inhibirán su visionado,

    c) no obstante, el “boca a boca” puede ser más convincente que la opinión de los críticos,

    d) la injustificada controversia desatada por esta película (en gran medida por razones extra cinematográficas) ayudó a que más personas fueran a verla (o quieran hacerlo).

    Por tanto, si mi crítica hubiera sido completamente desfavorable, igual hubiera sido parte de la “publicidad de la película”, debido a este debate.

  10. Julian
    2 de junio de 2009 at 15:47 — Responder

    Por supuesto que no se debe sobrevalorar esta pelicula, El Pemio va a pasar como un ejemplo insignificante dentro del cine peruano, nada mas, ni siquiera es relevante dentro de la filmografia de Chicho Durant, todos sus peliculas (menos Doble Juego) son mejores….

  11. Anónimo
    3 de junio de 2009 at 13:57 — Responder

    “Es paradójico que quienes sufren a causa del “cine peruano” y le achacan a Durant un presunto parentesco estilístico con Betito, no se percaten de que si alguna vez habrá una industria cinematográfica en el país, se necesitará un buen lote de películas tipo “Betito” cada año. Es decir, películas taquilleras. (Aunque, ciertamente, no basta con que haya taquilla para conseguir masa crítica y fidelización de un público)”.
    O sea que, las películas taquilleras son exclusivamente sinónimo de bodrios intragables y deshonestidad intelectual? Quién nos ha hecho creer ese cuento, o mejor dicho, por qué algunos se han dejado creer ese cuento? Qué es el cine de Paul Verhoeven -admirado por un tipo como Jim Jarmusch-, o el de Joe Dante, o el de Greg Mottola, por citar algunos ejemplos? El callejón de los milagros o La buena estrella no son filmes genéricos que entroncan con una filia popular? Las películas de Michael Mann o Fabián Bielinsky no son acaso ejemplos de buen cine comercial?
    Ya pues, no traten de defender lo indefendible… Y no comparen a los pobres de Hawks y Kaurismaki con medianías tipo El premio, esa gente no se merece tal insulto por dios.

  12. Rodrigo
    3 de junio de 2009 at 23:30 — Responder

    Hola Juan Jose, el blog al que me refiero es:

    http://paginasdeldiariodesatan.blogspot.com/2009/05/de-criticas-y-libertad-de-expresion.html

    Y comento para cerrar la idea sobre lo que personalmente yo espero de una crítica: Si bien la critica debe ejercerse con plena libertad, tambien hay que exigirle cierto nivel ¿no te parece?

    O sea, asi como las buenas peliculas, los criticos deberian evitar los lugares comunes, las metáforas y adjetivaciones sosas, la incontinente verborrea. Más rigor y menos colesterol.

    Hay críticos y bloggers que requieren urgente un Manual de Estilo para ser inteligibles.

    Como dicen en Blooddyhell: “si en la mayoría de críticas lo que más se le pide al cineasta desafortunado es un mínimo sentido del buen gusto, ¿por qué no exigirle lo mismo a la pluma que la escribe?”

    Saludos

  13. Juan José Beteta
    4 de junio de 2009 at 16:01 — Responder

    Anónimo: Efectivamente, hablo de buenas películas comerciales. De allí que señalo que esos “bodrios” televisivos podrían y deberían mejorarse, en beneficio de los televidentes. Lo que bloquea eso es el conservadurismo de las empresas televisivas, que no arriesgan por la calidad por temor a perder rating o por simple mediocridad artistica.

    Por otra parte, aclaro que yo tampoco compararía ni por asomo a El Premio con Hawks; simplemente cito post con esos comentarios completamente sobrevalorados.

    Quizás el hecho de que la pela de Durant ha obtenido una taquilla promedio en el mercado nacional sea un indicio de que se trata de una película comercial razonablemente eficaz; pese a algunos elementos no convencionales.

    Finalmente, no estoy seguro de que me interese “defender” esta película. Simplemente la he disfrutado, porque he aprendido a disfrutar y aceptar tanto las grandes obras de arte como el arte popular convencional.

    Y me esfuerzo en hallar las virtudes de los productos medianos o menores y no necesariamente malos o fallidos, como me parece es el caso de El Premio.

    No obstante, eso no da para un debate como el que estamos teniendo; y diría más: ni siquiera para un debate en sí. Esto sólo ocurre en Lima (ni siquiera en todo el país) y únicamente por tartarse una una cinta “peruana”.

    En el resto del mundo (y buena parte del país) nadie se molestaría en lo más mínimo por “defender” ni “atacar” esta película.

  14. Juan José Beteta
    4 de junio de 2009 at 16:40 — Responder

    Rodrigo: Gracias por el dato del post de Rogelio Llanos. Es una alegría volver a leerlo después de muchos años. Comparto mucho de lo que dice allí. En lo que a mi respecta, la respuesta a su inquietud sobre mi crítica está en el comment anterior.
    En cuanto a tu comentario, estoy de acuerdo en general; sobre todo con lo del Manual de Estilo.

  15. Anónimo
    5 de junio de 2009 at 17:51 — Responder

    “En el resto del mundo (y buena parte del país) nadie se molestaría en lo más mínimo por “defender” ni “atacar” esta película”.
    Sólo en el Perú se puede comparar una película así con Kaurismaki y Hawks, solo aquí.

  16. 16 de junio de 2009 at 20:05 — Responder

    Hola estimado Juan José
    Sorprendido por leer que en mi comentario de EL PREMIO se ha comparado a Durant con Hawks. A los que leen traten de darse el trabajo de comprender la lectura en su verdadero contexto y no desnaturalizar su intencionalidad. A estas alturas no saber distinguir se me hace poco creible y mucho más cuando se supone que son gente preparada para analizar tendencias. Saludos a Cinencuentro.

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