[Crítica] «La llegada» (Arrival, 2016): Denis Villeneuve lo logra de nuevo


Arriesgándome a simplificar un tema potencialmente complicado, podría argumentar que existen dos tipos de película de ciencia ficción: el tipo más fantástico, en donde se favorece la ficción por sobre la ciencia (cintas como «Star Wars», aunque esta es más fantasía espacial que otra cosa, «Star Trek» o hasta producciones recientes como Pasajeros), y el tipo más cercano a la realidad, en el que conceptos científicos son presentados de manera verosímil —filmes como 2001: Odisea en el Espacio, o Interestelar, de Christopher Nolan. En estas películas se favorece la ciencia por sobre la ficción.

Me da mucho gusto comprobar, entonces, que La Llegada, del canadiense Denis Villeneuve, pertenece a la segunda categoría. Realista, emotiva y muy intensa, la película logra introducirnos a un futuro cercano en el que unos alienígenas han llegado a la tierra con intenciones poco claras, y en donde vemos el desarrollo de un proceso de comunicación con ellos. ¿Para qué han venido? ¿Quiénes son? ¿De dónde son? Estas son cuestiones que a cualquiera le gustaría preguntar a seres de otro mundo, pero que podrían llegar a ser dificilísimas de plantear cuando no tenemos idea de cómo se comunican, o si es que incluso manejan algún tipo de idioma.

Es ahí en donde entra a tallar Louise Banks (Amy Adams), una lingüista y profesora estadounidense que es contactada por el gobierno para ayudarlos a comunicarse con los alienígenas. Estos inesperados visitantes han llegado en extrañas y enormes naves espaciales —son doce de estas, y cada una se ha quedado flotando en distintas partes del mundo. Con la ayuda de un físico teórico, Ian Donnelly (Jeremy Renner), Louise tendrá que averiguar, poco a poco, en qué consiste el idioma de estos extraterrestres, cómo traducir lo que están tratando de comunicar y, más importante, conocer exactamente qué pretenden hacer con la raza humana. Lamentablemente, existen otras personas en otros países que no tienen intenciones tan nobles o pacíficas.

La Llegada no es una película típica de invasión o presencia extraterrestre. Carece de secuencias de acción, naves con rayos láser, alienígenas antropomórficos, o seres que buscan “hablar con nuestros líderes”. Lo que Villeneuve y su guionista, Eric Heisserer, plantean, es que si un evento de este tipo llegara a suceder, cada país y gobierno reaccionaría de distintas maneras. Algunos, como los norteamericanos tratarían primero de comunicarse con los aliens y averiguar sus intenciones; otros, como los chinos, reaccionarían de manera mucho más violenta, aliándose con países como Rusia para asegurarse de que estos visitantes no nos hagan daño.

Lo que resulta más cautivador del filme es la manera en que Louis y sus compañeros deciden contactarse con los extraterrestres. Como ella explica en una escena concisa e interesante, para poder hacerles una pregunta, primero tenemos que averiguar cómo entienden el tiempo; hacerles entender que hablamos sobre todos ellos en general, no sobre un individuo; hacerles entender lo que es una pregunta, e incluso averiguar si es que comprenden conceptos básicos como la intención. No se trata de un proceso fácil, y de hecho hubiese podido resultar tedioso bajo la dirección de un cineasta menor.

Felizmente, ese no es el caso. Villeneuve claramente está enamorado del material con el que trabaja, pero lo explota al máximo. La cámara siempre está siguiendo a Louis, mostrando todo desde su punto de vista, lo cual le permite al espectador ir descubriendo todo junto a ella, poco a poco. La secuencia en que Louis e Ian entran a la nave por primera vez es de las más tensas que he visto en mucho tiempo; uno verdaderamente siente el miedo que ellos deben estar sintiendo, enfrentándose a lo desconocido, a lo nuevo, a lo potencialmente mortal. Cada descubrimiento que Louis hace es razón para celebrar; realmente vivimos estos acontecimientos con ella, maravillados con la naturaleza de estos alienígenas y su lenguaje, el misterio de su propósito en la Tierra.

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A nivel técnico, «La llamada» es hermosa. Villeneuve le otorga al filme una cualidad casi de ensueño, utilizando mucho las cámaras en mano, los enfoques y desenfoques, los planos cerrados con fondos desenfocados y sutiles movimientos de cámara para acompañar siempre a los personajes, quedándonos con sus expresiones frente a lo desconocido. La cinta maneja una segunda narrativa que inicialmente parece consistir de flashbacks (no diré más para no malograrles algunos de los mejores giros que presenta la trama), la cual complementa de manera perfecta a la historia. Los efectos digitales son de primera — Villeneuve jamás abusa de estos— y la música, minimalista y perturbadora, se mete debajo de la piel del espectador.

Amy Adams es magistral como Louis. Es una mujer seria, atormentada pero inteligentísima, alguien que sabe lo que hace pero que sin embargo reacciona a un evento de esta magnitud de la misma manera que lo haríamos cualquiera de nosotros. Adams logra transmitir toda sutileza requerida por el guión, y convencernos de que lo que sucede en la historia podría pasar de verdad. De hecho, «La llegada» le pertenece a Adams, por lo que, a pesar de hacer un buen trabajo, el Ian de Jeremy Renner no resalta demasiado. Actores de la talla de Forest Whitaker (como un coronel del ejército estadounidense) y Michael Stuhlbarg (como el Agente David Halpern) destacan en roles pequeños pero cruciales.

«La llegada» es una inteligente película de ciencia ficción, es algo así como un “anti Día de la Independencia”, un filme que propone un escenario verosímil y que se deleite al sorprendernos con diferentes giros en la trama y descubrimientos fascinantes por parte de sus protagonistas. Todo encaja en el guión —desde la manera en que ciertas escenas son introducidas, hasta algunas características específicas de los protagonistas. Villeneuve sigue probando que es de los directores más talentosos trabajando actualmente en Hollywood.

Por más innecesaria que se pueda sentir inicialmente, no tengo la menor duda de que la secuela del clásico de Ridley Scott, Blade Runner, está en buenísimas manos.

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