La empleada (The Housemaid, 2025), de Paul Feig, se inscribe dentro del subgénero cinematográfico del thriller psicológico que tiene como protagonistas a dos mujeres que comparten el mismo espacio, sintiéndose la anfitriona amenazada y desplazada por la otra, a la que considera una intrusa que debe ser eliminada.
Con una puesta en escena impecable, se presenta una lujosa casa, la de los Winchester, gente de la clase alta aparentemente feliz, pero que esconde secretos que poco a poco van resquebrajando la idílica imagen a los ojos de la joven que contratan para que ayude en los quehaceres de la casa, y el cuidado de la hija menor de la pareja.
La cosa se complica cuando nos enteramos que la empleada de servicio doméstico tiene también un pasado oscuro, con una larga estancia en prisión por un asesinato, que duerme en su auto y que necesita un empleo para sacarse de encima a su oficial de libertad condicional. El duelo entre las dos mujeres es inevitable, pues el marido es un tipo sumamente atractivo, amable y caballeroso, dueño de una gran fortuna, y despierta el interés amoroso de la empleada.
Como en toda película de suspenso que se respete, hay sorpresivos giros del guion (basado en una exitosa novela de Freida McFadden), y pasada la mitad de la película, todas las máscaras se caen, incluso las de la inocente hija del matrimonio, y nada es lo que parece, mostrándonos que aún en las atmósferas más pudientes se esconde la psicopatía más terrorífica.
Hay referencias a temas similares en producciones anteriores, como La mano que mece la cuna (1992) de Curtis Hanson; Mujer soltera busca (1992) de Barbet Schroeder; Seduciendo a un extraño (2007) de James Foley; Perdida (Gone Girl) (2014); hasta las más contemporáneas Parásitos (2019) en el concepto de la lucha entre propietarios del hogar y sirvientes, y Knieves Out (2019) en la que una empleada del hogar es testigo de la degradación de la familia a la que sirve; y, entre los clásicos del cine negro que Hitchcock nos legó sobre amas de casa, Rebecca (1940), y Luz que agoniza (Gaslight, 1944), en los que la cordura parece derrumbarse entre las paredes de una mansión.
El triángulo protagonista es encarnado por Sydney Sweeney, como Millie, la perdedora ex presidiaria convertida en doméstica, y Amanda Seyfried y Brandon Sklenar como el matrimonio Winchester, Nina y Andrew. Todos cumplen a cabalidad sus roles, destacando Seyfried, a quien ya estamos acostumbrados a ver en personajes complejos.
Completan el elenco Indiana Elle, como la parca niña Cece, Michele Morrone como un enigmático jardinero, Ellen Tamaki como una amiga de Nina, Alexandra Seal como una oficial de policía que contribuye a la conclusión del drama, y la excelente Elizabeth Perkins como la suegra de Nina, una posesiva madre, adusta, imperturbable, ejerciendo la distancia como una bandera flamígera.



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