Lo mejor que puedo decir de la enervante Sound of Falling (In die Sonne schauen, 2025) es que se siente como una pesadilla. O mejor dicho, como los fragmentos de una pesadilla —como cuando uno recuerda, horas después, lo que soñó la noche anterior, y está más consciente de lo que le hizo sentir que de los detalles. Por ende, este film no nos presenta personajes tridimensionales ni narrativas convencionales para ellos. Más bien, lo que hace es entrelazar diferentes historias que, de alguna manera u otra, se unen a través del tiempo y el espacio, enfatizando la relación que distintas mujeres tuvieron, a lo largo de los años, con la vida, la muerte, la familia, la sexualidad y el abuso.
No hace falta aclarar, entonces, que esta no es una película convencional. De hecho, cuenta con un guion admirable por el simple hecho de que debe haber sido increíblemente difícil de desarrollar. Es una experiencia ambiciosa: un film que se sitúa básicamente en una locación —una granja en Alemania y sus alrededores—, pero que cuenta distintas historias en distintos momentos, enfatizando cómo diferentes generaciones de mujeres están, de alguna manera u otra, vinculadas. No solo a través de sus traumas, sino también a través de sus miradas, sus experiencias con los hombres, los secretos que esconden y que descubren, y hasta sus cuerpos. Curiosamente, el resultado es emocionalmente distante, pero igualmente fascinante.

Sound of Falling cuenta con cuatro narrativas principales. La primera se lleva a cabo a principios del siglo pasado y tiene como protagonista a una niña de siete años llamada Alma (Hannah Heckt), quien crece con varios hermanos y hermanas en la granja ya mencionada. Es a través de ella que vemos la forma en que la sociedad alemana de la época lidia con la muerte, e incluso con tragedias como la de Fritz (Filip Schnack), quien pierde una pierna en un supuesto accidente de trabajo. En la segura historia, que se lleva a cabo en los años cuarenta, tenemos a la adolescente Erika (Lea Drinda), que vive con su hermano mayor y su tío Fritz ya adulto (Martin Rother), quien no puede salir de cama.
Por otro lado, tenemos a la joven Angelika (Lena Urzendowsky) en los años 80, quien tiene que lidiar con chicos aparentemente atraídos por ella (¡incluido su primo hermano!), así como con los rumores de que se está acostando con su tío Uwe (Konstantin Lindhorst). Esta historia tiene que ver mucho con el despertar sexual, pero también con temas complicados como el incesto y el machismo agresivo. Finalmente, tenemos la historia del presente, en la que vemos a la hija de Angelika, Christa (Luise Heyer), y a su propia hija, Lenka (Laeni Geiseler), quien se hace amiga de Kaya (Ninel Geiger), una vecina un poco mayor que ella.
Puede que estas historias se lleven a cabo en momentos muy específicos, pero Sound of Falling no se contenta con presentarlas de forma cronológica. Más bien, lo que hace es entrelazarlas de manera aparentemente desordenada, utilizando transiciones sutiles y hasta momentos que parecen romper la cuarta pared para ayudarnos a pasar de una narrativa a otra. Me gusta, por ejemplo, cómo la directora Mascha Schilinski utiliza las miradas de sus personajes para crear una sensación palpable de tensión. Si ciertos protagonistas parecen estar conscientes del espectador, de que están siendo observados, es porque de alguna forma logran trascender el tiempo y el espacio, como si supieran que tienen alguna conexión con el pasado o el presente. Suena aleatorio, pero en el contexto del filme, resulta perturbador y efectivo.

Por otro lado, el guion hace un excelente trabajo desarrollando temas claros a través de cada historia. La de Alma, por ejemplo, tiene todo que ver con el paso del tiempo y la muerte. Esto se transmite, por ejemplo, a través de la utilización de una foto de una niña muerta con sus juguetes y también a través de la relación cercana pero de pocas palabras entre la chica y su abuela. Incluso se logra incluir un poco de comentario sobre cómo las mujeres eran subyugadas por los hombres en aquella época, siendo la madre del hogar alguien de poquísimas palabras, cero afecto y mucho trauma. Resulta enternecedor y triste, por ejemplo, cuando se muestra que la madre solo era capaz de decirles a sus hijas que las quería a través de parpadeos a la hora del almuerzo.
Adicionalmente, como una herramienta para desarrollar enlaces temáticos entre cada historia, Sound of Falling tiende a repetir ciertas imágenes y frases en diferentes épocas y con distintos personajes. Cada protagonista, por ejemplo, tiene un momento en el que agarra algo (desde una piedrecita de playa… hasta un pene) y menciona que “se siente tibio”. Varias se preguntan si es que están viviendo vidas en vano, ya sea porque no pueden destacar, porque sus vidas terminarán siendo olvidadas o simplemente por la falta de oportunidades que se les dan. Y hay bastante simbología —los pies, por ejemplo, son utilizados para representar la fortaleza y unión entre personajes (como cuando Angelika y su primo corren descalzos por el campo, y de ahí se ponen a contar las heridas con la que terminan en las plantas de sus pies), o el deseo de una de ser parecida a la otra (como cuando Christa de pronto se pone las sandalias de Lenka, para sentirse como ella).

Evidentemente, Sound of Falling no es una película fácil. Es más simbólica que literal —más de ensueño que de narrativas tradicionales. Y por supuesto, lidia con temas complejos y duros, como el ya mencionado incesto (aunque felizmente queda más en una idea que en algo que se vaya a ejecutar), la exploración de la sexualidad y el suicidio (un par de personajes contemplan matarse en breves escenas de sueño y otros logran hacerlo de verdad). Lo que hace el filme es mostrarnos las difíciles experiencias que estas mujeres tienen en diferentes épocas de la historia de Alemania, ya sea porque son discriminadas, menospreciadas, juzgadas o simplemente olvidadas. ¿Fueron sus vidas en vano? Lamentablemente, para ellas, parece que sí.
No le recomendaría esta película a todo el mundo —es demasiado obtusa, misteriosa y perturbadora como para ser disfrutada por un público masivo. Y sin embargo, no puedo negar que la experiencia en general se ha quedado grabada en mi mente. El tono que maneja, que se ve amplificado por una banda sonora minimalista y que en muchos casos hace uso de efectos de sonido que parecen haber sido sacados de una cinta de terror, te agarra para nunca soltarte. Y las actuaciones naturalistas y sutiles no hacen más que retratar a estos personajes no de forma tridimensional, sino más bien para que luzcan como los recuerdos de gente real olvidada. Sound of Falling es más efectiva que cualquier película de horror convencional y seguramente los hará reflexionar sobre la naturaleza de la muerte, el tiempo y el ser humano a través de la historia.
Nota: Vi este film gracias a un screener cortesía de Mubi.



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