Siguiendo con la cobertura de Sundance este año, ahora tuve la oportunidad de ver dos películas muy distintas sobre crecimiento personal. La primera, Big Girls Don’t Cry de Nueva Zelanda, es un coming-of-age adolescente que debería apelar a los millennials. Y la segunda, Bedford Park, es una historia sobre adultos estancados y romances que parecen salir de la nada. Dos experiencias muy variadas que, sin embargo, igual que cuentan con algunos elementos en común que hicieron que verlas de corrido tenga más sentido de lo esperado.
Big Girls Don’t Cry (2026 – Nueva Zelanda)
Esta es una historia tipo coming-of-age que, sin llegar a revolucionar el género, debería apelar a quienes disfruten de historias de este tipo, y especialmente a la generación millennial (a la que pertenece vuestro servidor) que creció con conexión a internet dial-up, MSN Messenger, teléfonos Nokia, saldo limitado para llamadas y mensajes de texto, y demás. Es un filme de crecimiento personal y autodescubrimiento sexual, donde una chica de catorce años va dándose cuenta, poco a poco, de que el mundo es más complicado y cruel de lo que se hubiera podido imaginar antes.

Nuestra protagonista es la joven Sid (Ani Palmer), quien vive en un pueblo neozelandés a principios de los años 2000 en una casa aventajada junto a su padre, un artista frustrado y venido a menos llamado Leo (Noah Taylor). Las cosas cambian, sin embargo, cuando su hermana regresa de la universidad para pasar las vacaciones de verano con su amiga estadounidense de intercambio Freya (Rain Spencer, de The Summer I Turned Pretty), quien hace que Sid sienta cosas que nunca había sentido antes. Y su vida se torna incluso más complicada cuando la chica deja de lado a su mejor amiga y vecina Tia (Ngataitangirua Hita) para comenzar a andar con un grupo de chicas mayores y fiesteras. Es así que, en sus seis semanas de vacaciones de verano, Sid tiene experiencias nuevas y frustrantes, las cuales la obligan a crecer antes de tiempo.
En pocas palabras, Big Girls Don’t Cry es una cinta sobre una chica que quiere creerse más grande de lo que es. Por ende, abandona a su amiga de la misma edad para salir con gente mayor, alardear de experiencias sexuales que nunca ha tenido, y copiarse de la moda y estilo de los demás (esto último resulta, por ejemplo, en ella haciéndose solita un piercing en el ombligo, el cual se infecta). Sid es alguien que todavía no se conoce mucho ni a ella misma ni al mundo, y que se siente abandonada tanto por su padre (un excelente Noah Taylor, siempre infravalorado) como por su hermana mayor, Adele (Tara Canton). Puede que Big Girls Don’t Cry no nos diga nada que no hayamos visto en otras películas, pero al situarse en un lugar y tiempo bien específicos (los treintañeros reconoceremos las interacciones por MSN Messenger con conexión limitada) y contar con excelentes interpretaciones, el filme se termina sintiendo íntimo, verosímil y emotivo.
Bedford Park (2026 – Estados Unidos)
Coproducida por Hyundai Motors (sí, la marca de automóviles), Bedford Park, de Stephanie Ahn, es un sutil drama sobre dos almas solitarias que terminan encontrándose. Dirigida con delicadeza y pecando por momentos de la sobreutilización de coincidencias, la película funciona al empatizar con sus protagonistas, dos personas que se encuentran en momentos difíciles de su vida, batallando con demonios internos, las expectativas de los demás y los miedos que sienten en base a los errores del pasado. Esta película es un romance atípico, de sólidas actuaciones y conclusión agridulce, que sin llegar a hacerlos llorar, debería afectarlos de alguna manera u otra.

Audrey Park (Moon Choi) es una chica neoyorquina de padres coreanos que trabaja como fisioterapeuta, parece tener un buen grupo de amigos, y la pasa bien teniendo sexo casual (y ligeramente sadomasoquista) con chicos que conoce en apps de citas. Por su parte, Eli Wolkoliak (Son Sukku) es un chico coreano de familia adoptiva americana y un expeleador de lucha libre, que ahora trabaja como guardia de seguridad en Nueva Jersey. Ambos se encuentran cuando la primera se ve obligada a ir donde sus padres luego de que su madre, Hey Sook Park (Won Mi Kyung) choca su carro con el de él. Su primer encuentro es agresivo y accidentado, pero poco a poco, mientras van interactuando más, más se van dando cuenta de lo que tienen en común.
En pocas palabras: ambos son adultos jóvenes que, de alguna manera u otra, están pasando por crisis personales. Audrey tiene que lidiar con una madre que la presiona para casarse y tener hijos (a pesar de que ella no puede tener bebés, y de hecho sufre de abortos espontáneos) y un padre alcohólico y de sueños rotos. Y él tiene que lidiar con un medio hermano agresivo llamado Jay (Jefferson White), así como una exesposa e hija que tiene miedo de ver. Son criaturas frágiles, que no saben comunicar sus sentimientos, pero que al encontrarse van desarrollando una fuerte amistad —y eventualmente algo más— muy gradualmente. Bedford Park tiende a ser un poco muy sutil, y nuevamente, depende por momentos de coincidencias para que la trama avance. Pero en general, se trata de un drama delicado, realista e impecablemente actuado. (Igual, me sigo preguntando por qué Hyundai decidió coproducirla…)



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