[Disney Plus] “Ella McCay” (2025), de James L. Brooks: desordenada a más no poder


Ella McCay (2025), de James L. Brooks, es el tipo de película que se estrenaba con frecuencia en cines allá por los años noventa: una comedia dramática de mediano presupuesto y estrellas conocidas que trata de apelar tanto a públicos jóvenes como adultos. Lamentablemente, también es el tipo de película que en el año de nuestro señor 2026 ha sido relegada al streaming, tanto así que cuando 20th Century Studios la estrenó en cines norteamericanos el año pasado, terminó siendo un fracaso estrepitoso de taquilla. De hecho, Ella McCay tambiénse iba a estrenar en cines latinoamericanos (con el cuestionable título de Perfectamente imperfecta, el cual todavía aparece en algunos afiches y tráilers online), pero cuando fracasó en su país de origen (tanto en la taquilla como con la crítica), dicho estreno fue inmediatamente cancelado.

Y en esta ocasión, debo decir que entiendo perfectamente a las distribuidoras. Porque Ella McCay es de las películas más curiosas (en el mal sentido) y frustrantes que haya visto en un buen tiempo. Debería sentirse como una experiencia tipo feel-good, inspiradora y encantadora, pero en realidad termina sintiéndose como… nada en especial. Es una cinta que lo deja a uno completamente indiferente, consciente de que acaba de ver a muy buenos actores trabajando con material que los decepciona cada vez que puede y que, sin llegar a ser horrible, como muchos colegas manifestaron en el norte del continente, tampoco es particularmente entretenido. Esta cinta es ciertamente imperfecta, pero no de forma encantadora (y mucho menos perfecta).

Nuestra protagonista es la mujer del título (Emma Mackey, merecedora de protagonizar mejores historias), quien fue prácticamente una genia desde el colegio: alguien que siempre tuvo grandes ambiciones y que eventualmente las consigue. De hecho, al iniciar la película, vemos que a los 34 años ya es la gobernadora lugarteniente de su estado y se lleva muy bien con el Gobernador, Bill (Albert Brooks, con una peluca horrible). Y las cosas están a punto de mejorar: Bill está siendo ascendido, por lo que Ella se convierte en la nueva gobernadora, por más que vaya a tener el cargo por solo catorce meses.

Pero como lo bueno siempre trae consigo lo malo, Ella también tiene varios problemas. Para comenzar, su padre, Eddie (Woody Harrelson), a quien no ve hace trece años y de quien se alejó por lo tóxico, infiel y mentiroso que es, ha regresado, diciendo ser una persona cambiada. Por otro lado, un periodista la quiere sobornar, ya que manifiesta haberla atrapado teniendo sexo con su esposo, Ryan (Jack Lowden), en una habitación del edificio gubernamental donde trabaja. Y su hermano menor, Casey (Spike Fearn) no contesta el teléfono hace tiempo, y cuando finalmente lo ve, parece haber estado sufriendo debido a una ruptura amorosa. Felizmente, Ella cuenta con la ayuda de su tía Helen (Jamie Lee Curtis), quien siempre ha estado para ella, y se convirtió en su figura materna luego del fallecimiento de su madre, Claire (Rebecca Hall, en lo que es básicamente un cameo).

Como seguramente se deben haber dado cuenta, Ella McCay intenta hacer bastante. No solo nos cuenta la historia de su protagonista durante un periodo de transición y cambios importantes, sino que también se enfoca en su vida amorosa, en sus relaciones con sus figuras paternas (presentes y ausentes), y hasta en cómo se lleva con su chofer, el bienintencionado Nash (Kumail Nanjiani, desperdiciado). Adicionalmente, el filme cuenta con varias subtramas, de las cuales resulta más decepcionante la de Casey, quien es desarrollado de forma francamente estereotípica y frustrante. No ayuda, incluso, que Ayo Edeberi tenga una aparición breve como su exenamorada, Susan —si hay algo que Ella McCay hace, es desperdiciar a sus talentosos actores en roles planos, inconsecuentes o en algunos casos poco carismáticos.

Quien sale con la dignidad intacta, en todo caso, es Emma Mackey. La actriz británico-francesa interpreta al personaje del título como una mujer compleja: altamente inteligente, siempre enfocada en lo académico y luego en su trabajo, y preocupada de cómo los demás la perciben, consciente de que no es tan simpática como, por ejemplo, el gobernador Bill. Se trata de una interpretación muy humana que merecía mejor material, y que por (muchos) momentos se ve decepcionada por la desordenada que es la película. Ella hubiese resultado incluso más interesante como protagonista si es que Ella McCay hubiese eliminado por lo menos un par de sus múltiples subtramas.

El resto del reparto hace lo que puede, con diversos resultados. Jamie Lee Curtis sobreactúa de lo lindo como la tía Helen, convirtiéndola en una caricatura andante quien, más bien, debería haberse sentido como la madre que Ella casi no tuvo. Albert Brooks da una actuación más bien medida como el gobernador Bill, por más que su peluca parezca haber sido sacada de un sketch de Saturday Night Live. Spike Fearn destaca como Casey, aunque nuevamente, su subtrama termine sintiéndose absolutamente innecesaria. Jack Lowden es tremendamente odioso como Ryan, y tanto Woody Harrelson como Kumail Nanjiani y Ayo Edebiri tienen poco que hacer con papeles más bien planos y poco creíbles.

Y creo que es ahí donde radica el mayor problema de Ella McCay: es poco creíble. La trama principal depende de varias coincidencias, que no solo hacen que el desarrollo de la película se sienta aburrido y previsible, sino que también hacen que la protagonista, una supuesta genia del trabajo, se vea menos inteligente. Los personajes toman decisiones que no tienen sentido —la Susan de Edebiri es particularmente incoherente—y la narración en off de la Estelle de Julie Kavner (la eterna voz de Marge en Los Simpsons) es totalmente gratuita. De hecho, mientras veía la película, no podía evitar pensar en cómo eliminar la narración mejoraría buena parte de la experiencia, permitiéndole al espectador averiguar qué es lo que pasa con los personajes (qué hacen, qué piensan, por qué toman ciertas decisiones), en vez de que Marge Simpson nos lo esté contando.

Hay algunos elementos disfrutables en Ella McCay. Nuevamente: Emma Mackey está muy bien como la protagonista, manteniendo un buen balance entre carisma sutil y las neurosis propias del personaje. El filme en sí está bien dirigido y fotografiado, aprovechando sus locaciones reales e interiores cálidos. Y aunque los personajes secundarios no convencen del todo, el talentoso reparto hace lo que puede con sus limitados roles. Esta película no es el desastre absoluto que nos vendieron hace unos meses, pero tampoco es que esté a punto de declarar que se trata de un clásico de culto infravalorado. De hecho, se encuentra precisamente en el medio; por ende, no complace a nadie, dejando indiferente a la mayoría de sus espectadores. Entiendo por qué su estreno en cines fue cancelado, pero francamente, tampoco creo que valga la pena verla en la comodidad de sus hogares.

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