Jonah Hill

El lobo de Wall Street, del director Martin Scorsese, hace una crítica ética –y de fuertes connotaciones políticas– al capitalismo financiero estadounidense, la que adquiere contundencia y verosimilitud al estar basada en el libro testimonial de Jordan Belfort (Leonardo Di Caprio), un corredor de bolsa en Wall Street, que describe una odisea de auge y caída provocada por sus manejos fraudulentos.

Desde un punto de vista ideológico, el filme cuestiona a profundidad los valores arraigados en la sociedad norteamericana y que el cine de Hollywood difunde a raudales en sus producciones. Mientras que desde el punto de vista político, la obra puede ser considerada como una anticipación de los manejos bursátiles que llevarían a la crisis sistémica de 2008, cuyos efectos continúan en la actualidad.

The Wolf of Wall Street tiene de sobra lo que no tuvo Jobs (por citar un biopic reciente sobre un personaje contemporáneo, real, desmedido y extraordinario): locura, pasión, nervio. Es lo que diferencia a uno de los autores fundamentales de los últimos 50 años del cine mundial, Martin Scorsese, de un artesano que juega simplemente a la corrección, Joshua Michael Stern.

Jordan Belfort es el típico inspirador de épicas scorsesianas, que pleno de ambición y falto de equilibrio –cuando no de escrúpulos– irrumpe en un territorio escabroso, como Jake LaMotta (Raging Bull), Henry Hill (Goodfellas), Sam Rothstein (Casino), Howard Hughes (The Aviator), James “Whitey” Bulger (The Departed) y hasta el mismísimo Jesús (The Last Temptation of Christ), se apodera de él, abraza la cumbre e implosiona luego hasta llegar a la autodestrucción y la penitencia.

Asistimos al estreno del Scorsese más Scorsese que imaginarse pueda. Un compendio de toda una carrera resumida en no poco tiempo, puesto que El lobo de Wall Street es una película larga, extensa (179 minutos, y hubo que cortar por su duración de 4 horas), discursiva, enorme, que tiene como protagonista al dios de estos tiempos, el dinero. Con humor, extrema brillantez y mucha socarronería, Martin Scorsese ha dejado bien sentado que el cine que se hace ahora mismo no es, ni de lejos, el que se hacía antes.

ciro

Cyrus, de Jay y Mark Duplass, es la típica película de perfil “independiente” en la que el lucimiento de los actores se premedita como valor agregado. Por tanto, el estilo de trabajo de estos hermanos, de preponderar la libertad interpretativa de sus elencos, debió dar mejores réditos que la apenas medianía de éste su tercer filme como tándem.

Se trata de una comedia romántica ‘decorada’ de algunos atavíos indies como el exiguo uso de la música incidental, largas conversaciones sin trascendencia y tempo cansino en pos de parecer inteligente, sobria y genial hasta donde pueda.

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