Dealer (2004)

Dir. Benedek Fliegauf | 130 min. | Hungría

Intérpretes: Felícián Keresztes (Dealer), Barbara Thurzó (Barbara), Lajos Szakács (Apa), Anikó Szigeti (Wanda), Edina Balogh (Bogi).

Guión: Benedek Fliegauf.
Edición: Balázs Féjja y Károly Szalai.
Música: Benedek Fliegauf y Zoltán Tamási.

Con una hipnotizante y perturbada calma, el realizador húngaro, Benedek Fliegauf, esgrime una delicada cinta que se viste de finas indumentarias sumamente artísticas, jugando con la impresión e incógnita del público, y cautivando con un muy personal y equilibrado sello audiovisual. Dealer persigue a paso lento pero sabio, la meditación continua sobre los arrabales donde anidan las drogas, y la gélida y abrumante presentación de su joven director es el motor, el alma que da forma y estructura esta gran película.

Dealer nos narra un día en la vida de un traficante de drogas, y con esto Fliegauf nos revela tantas emociones y discernimientos como sea posible. La sensación de estar escogiendo día tras día la decisión incorrecta provoca en el protagonista, Dealer (Felícián Keresztes), una deliberada encrucijada sobre sus actos, sus pensamientos, su futuro y el recóndito destino que le depara, pero en mayor medida, sobre todas las consecuencias que repercutirán fuertemente en su presente, acorde transcurre la película.

Fliegauf retrata una atmósfera indiferente en un mundo apático, casi sombrío. La lejanía que el espectador presume de los personajes, por ser éstos tan poco accesibles, provoca un desvío, un apartamiento adrede, lejos de poder identificarnos con los mismos, con el fin de templar aún más la particularidad del filme. El realizador consigue esto a través de una decoración espléndida que se basa mayoritariamente en la acertada inclusión de un misterioso soplo de viento desolador que no se detiene jamás, sonando trágicamente de fondo, más unos perpetuos travellings que detallan cada expresión de los sujetos propuestos, de los desolados escenarios, y del amargo elipsis predominante.

En este sentido, podemos reparar inmediatamente en cuáles son las posibles influencias que Fliegauf, más adelante, admitiría haber concentrado implícitamente en este filme. Uno de los directores citados es, sin duda, el grandioso David Lynch, de quién es imposible no acordarse al presenciar escenas tan lóbregas y profundas. Tomas que se asemejan a obras como Terciopelo azul o Carretera perdida, y que además utilizan una ambientación sonora de manera muy similar, siguiendo los mismos patrones de raíz tenebrosa y envolvente.

Pero a diferencia de Lynch, Fliegauf procura contarnos una historia más emparentada con la triste realidad de un adicto, con la cruda verdad, abandonando todo acertijo o metáfora en la narrativa y dejando al descubierto una premisa tan simple como brutal. Contraponer personajes tan desagradables, tales como los drogadictos que solicitan la presencia de Dealer, tomando en cuenta la respectiva y extraña situación que los aqueja en diversos contextos, junto a un tema mil veces tratado en la industria del cine como lo es abuso de ciertas substancias, triunfa sin lugar a dudas debido a su abundancia de originalidad a la hora de proporcionarle otro punto de vista, otro giro de tuercas a la trama.

Claro, porque Dealer, más que una película que indaga en la temática de los cataclismos metafísicos y psicológicos que produce la droga, a resumidas cuentas, nos introduce en la singular vida de un desorientado tipo que se replantea de manera inconsciente su forma de vida. Todo apunta a un aspecto más personal, y ese manifiesto intimista que se deslumbra proporciona una brillantez absoluta a la película.

El uso de la fotografía es probablemente lo más llamativo de esta gran cinta. Péter Szatmári es el encargado de concretar esta impar captación de los personajes, el ambiente, la tensión que producen; envolviéndolos, rodeándolos en un espacio circular, y por ende, capturando la turbación que se desarrolla en cada escena, Fliegauf y Szatmári aciertan definitivamente en este punto. En cuanto a la música, y más que nada al ornamento sonoro, el mismo director, junto a Zoltán Tamási (quién también actúa en la película) son los autores detrás de esta escalofriante banda sonora, que va de la mano junto a la fotografía, ambas se fusionan creando el mismo concepto antes mencionado.

Este joven director, de nacionalidad húngara, ya ha mostrado su talento antes con algunos brillantes cortometrajes, como Hypnos (2001), y como no, su correcta ópera prima llamada Rengeteg (2003), trabajos que mantendrían vigente el particular estilo que define su obra. Sin embargo, con Dealer, Fliegauf logra superarse a sí mismo, así como engrandecer más aún su propio estilo. Puede que Dealer sea una película que podría aburrir e impacientar a algunos, pero si eres un amante acérrimo del cine de imágenes y atmósferas audiovisuales, seguramente quedarás fascinado con esta destacable propuesta.

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1 comentario

  1. […] venida de la notoria Rumania; las películas del húngaro Benedek Fliegauf, de las que sobresale Dealer; y la austriaca La muerte del trabajador manual, de Christian Glawogger, […]

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