Entrevista a Salvador del Solar, director de “Ramón y Ramón”


Ramón y Ramón (Perú / España / Uruguay, 2024) es el segundo largometraje del director Salvador del Solar (Lima, 1970). Tuvo su estreno mundial en la sección Horizones Latinos del Festival de San Sebastián, donde además compitió por el premio Sebastiane dedicado a la mejor película LGBT. Este mes formó parte de la muestra Galas en el Festival de Cine de Lima y después ingresó a la cartelera comercial, de manera limitada.

Este drama narra la historia de Ramón (Emanuel Soriano), un hombre gay que recibe las cenizas de su padre, con quien tenía una relación distante. Durante el confinamiento de la pandemia de covid, Ramón conoce a Mateo (Álvaro Cervantes), un hombre español que ha quedado varado en su edificio. A pesar de que son muy diferentes, surge una gran complicidad entre ellos, que los lleva a cuestionar sus propias identidades. Mateo decide acompañar a Ramón en un viaje para llevar las cenizas de su padre a Mito, Junín, su tierra natal.

En julio pasado, antes del inicio del 29 Festival de Cine de Lima, conversamos con Salvador del Solar sobre el proceso de escritura, preproducción y rodaje de su nueva película, sobre el 25° aniversario de Pantaleón y las visitadoras de Francisco Lombardi, su participación como actor en Astronauta de Paul Vega, la nueva ley de cine, entre otros temas. Esta entrevista ha sido editada y resumida, por motivos de longitud y claridad.

Laslo Rojas: Salvador, sabemos que el guion parte de una historia original del productor Miguel Valladares. ¿En qué momento él los busca a ti y a Héctor Gálvez para escribir el guion, y luego para que te encargues de la dirección?

Salvador del Solar: Sí, Miguel me busca y me dice: “Mira, ha pasado esta historia, me da la impresión de que podría haber una película ahí y quisiera saber si tú crees que podría haber una película, y si te animarías a desarrollarla desde el guion”. A mí me pareció que efectivamente había una historia interesante, que es la historia de este encuentro en medio del encierro de la pandemia entre un hombre gay y un hombre heterosexual, ambos jóvenes, uno peruano y el otro europeo, atrapado en Lima en un mundo sin aeropuertos. Y cuando le doy mi devolución, le digo: “Me parece que esta historia se enriquecería si incluimos el otro gran amor de este chico gay, el protagonista Ramón, su otro gran amor por un hombre heterosexual”. Miguel me dice: “¿Qué otro hombre heterosexual?”. Le respondo: “Bueno, su padre”. Miguel primero se sorprende, luego lo piensa y me dice: “Oye, me gusta”. De esa forma me interesaba más la historia.

Laslo Rojas: ¿Ese es un elemento que no parte de su historia original? ¿Ahí comienzan a escribir la ficción?

Salvador del Solar: Lo que le digo básicamente es que primero, le agradezco la confianza. Miguel y Tondero [su empresa productora] fueron muy importantes para Magallanes, nos ayudaron, ellos se sumaron al proyecto. Entonces, le dije: “La verdad es que me interesa más esta historia, una historia en la que sucediendo este encuentro entre un joven gay y un joven que no lo es, este joven gay carga con otra historia que para mí define al personaje de Ramón”. Miguel acepta y luego viene la invitación a Héctor, que para mí fue un placer trabajar con él. Estuvimos desarrollando la historia durante un poco más de dos años. En un primer año el proyecto se presenta al concurso de DAFO, a pesar de que yo había comentado que sentía que no estaba listo todavía, tenía una sensación y efectivamente no ocurrió nada con esa primera postulación.

Laslo Rojas: ¿En qué año fue eso?

Salvador del Solar: El 2022. El proyecto estaba crudo aún. Para el siguiente año pasé varios meses repensando la historia y cuando vino la oportunidad de presentarse otra vez, yo sentía que ahora está más sólida, esta historia se está contando mejor, creo que tenemos más perfilado al protagonista, el personaje Mateo -que interpretará Álvaro Cervantes luego- no tenía mayor consistencia y ya en este segundo guion era un personaje que, aunque de una manera menos protagónica que el de Ramón, tiene su propio rollo. Es un tipo que está agradecido con el paréntesis, que no se ubica en la vida, que no le viene nada mal tener la excusa de estar encerrado, tiene pocas pistas al respecto, pero al mismo tiempo es un tipo que tiene un padre que se preocupa por él y que está pendiente. Y además este segundo guion Miguel se lo presenta a Esther García, la productora española en El Deseo. Él conocía a Esther y a los hermanos Almodóvar desde hace un tiempo y creo que habían estado hablando de algunos proyectos, y le dicen: “Oye, este guion nos interesa”, se suman al proyecto, lo cual fue un espaldarazo súper importante. Es de esa manera que llegamos a la segunda postulación de la DAFO.

Juan Carlos Ugarelli: La película aborda temas como la soledad y el encierro real, producido por la cuarentena, y el encierro figurado, que son las emociones del protagonista, así como también la identidad y la herencia. ¿Cómo fue el proceso para plasmar todos estos temas en la escritura junto a tu coguionista Héctor Gálvez?

Salvador del Solar: Me parece muy preciso lo que dices. Lo que teníamos claro con Héctor es que en verdad no es una película sobre este encierro literal o histórico, sino el otro. Y por eso nos parecía un muy buen contexto el de la pandemia. Si bien es cierto que la historia que trajo Miguel ya contenía ese elemento, lo que nos parecía interesante era, así como conversábamos de que para el personaje de Mateo esto podía ser una bendición, para el personaje de Ramón el hecho de no poder salir salvo para hacer las compras o algunas cosas específicas y recibir las cenizas de un padre con el que no había hecho las paces, con el que no habían puesto las cosas sobre la mesa, nos parecía que era como una especie de olla a presión que hacía interesante ver qué pasaba con este personaje, qué ocurre si de pronto no hay ningún otro familiar en Lima. La familia cercana y original de Ramón padre está en Mito, en Junín, y ese punto de partida nos parecía potente. ¿Qué hacer en una situación como esa? Y al mismo tiempo, como mencionabas en tu pregunta, creo que muchas veces cuando pensamos en encierro, pensamos en la persona que está dentro, pero no necesariamente en aquello que lo encierra. Entonces, con Héctor sentíamos que Ramón era un personaje que se había acorazado en la vida. Era un chico que se había separado del padre, que se había separado de las tradiciones del padre y que había querido hacerse fuerte. Es algo que también trabajamos con Emanuel Soriano como actor, desde sus posturas, y es un tipo que en el fondo, para ser fuerte, había escondido muy profundamente la ternura, que es algo que teme. Aunque haya poquitas pistas al respecto, él tenía una relación tierna con su padre, de niño, cercana, con mucho afecto y luego el padre no sabe qué hacer cuando descubre los primeros signos de homosexualidad de su hijo, no sabe cómo manejarlo y corta la relación. Entonces eso produce el encierro que nos interesaba y era el punto de partida para la exploración que queríamos hacer, que era cómo se vuelve a la ternura.

Laslo Rojas: Dices que el personaje de Ramón es muy fuerte, muy duro, pero también muy necesitado de afecto, porque sabemos que viene de romper una relación, conoce a Mateo y también confunde un poco la relación de intimidad que comienzan a tener como amigos. Es un personaje con una necesidad, y además esta figura que dices de encierro también me remite a un elemento que hay en la película que son estas máscaras digamos, ficcionales y luego literales que vamos viendo a lo largo de la historia.

Salvador del Solar: Sí, estoy de acuerdo con lo que dices. Y creo que ahí hay una combinación interesante, porque no es contradictorio, ¿no? Hay una fuerte necesidad de afecto, pero no necesariamente una manera de saber cultivar el afecto. Aunque haya apenas una escena con Rodrigo, que era su ex, creo que podemos llegar a entender que por alguna razón, que no tenemos del todo claro, Rodrigo ha querido salir de ahí, a pesar de que parece claro que Rodrigo lo quiere. Apenas se va, Ramón lo agarra, no lo quiere dejar ir, tan pronto se va agarra a golpes el sofá, cuando lo va a buscar en la noche, desesperado, tiene una especie de forcejeo con unas policías. Entonces creo que ese es el problema en muchos casos en los seres humanos. Cuando queremos refugiarnos y protegernos y guarecernos respecto del dolor que alguna vez hemos tenido, esa defensa también puede ser agresiva respecto de los demás, o puede percibirse como agresiva. En la medida que Ramón no pueda reconectar con su ternura, con esa ternura que se frustró, que se bloqueó, que fluía espontáneamente con su padre, y que por querer presentarse como alguien fuerte, se relacione desde ahí, desde una máscara y no la máscara literal, como dices con mucha pertinencia. Quizás es importante recordar que el origen de la palabra persona, del teatro griego, es la máscara sobre unos coturnos con esta cosa grande, para que en el anfiteatro abierto se les pueda escuchar. En el mundo público nos presentamos con un personaje, no queremos mentirle a nadie, pero todos sabemos, sobre todo pasando el tercer o cuarto piso [se refiere a los 30 ó 40 años de edad], nos va quedando claro que la segunda parte de la vida se trata de ver si tenemos el coraje de desmontar lo que hemos armado. Ya no somos el niño que es muy vulnerable al mundo, que puede ser agreste, ya algunos sentimos que quizá podemos ir mostrándonos como somos. Ramón todavía no está ahí cuando comienza la historia. El encierro por un lado, y la llegada de las cenizas del padre en un espacio más o menos pequeño por otro, hacen que él haga lo mejor que pueda. De pronto aparece este otro chico, y como creo que bien lees tú, hay esta necesidad de estar cerca, que es normal y es humana, hasta un punto, pero luego Ramón no mide, no sabe, y de alguna manera esa era un poco la idea de lo que queríamos buscar. ¿Cómo podría Ramón volver a recuperar esa ternura que creo es la base de relaciones honestas? Y qué tanto influye el hecho de que haya llegado el padre, lo sepa o no, él se la pasa diciendo que va a mandarlo con una encomienda, lo encierra en un cuarto para no verlo, cuando llega entra a un departamento que huele a su padre, él ventila el cuarto y luego se da cuenta que él también huele a su padre y se lava, y poco a poco va regresando, hasta que es capaz de decirle al padre lo que no le pudo decir. De alguna manera Mateo, que a veces la vida nos presenta esto que podemos llamar como si fueran ángeles de la guarda, Mateo se encuentra que este chico con el que él no está buscando una relación de pareja, pero que es una persona que merece su afecto y busca una manera de ayudarlo a sanar, por lo menos a comenzar.

Juan Carlos Ugarelli: En la película los protagonistas son Emanuel Soriano y Álvaro Cervantes, quienes comparten la mayoría de sus escenas. ¿Cómo trabajaste junto a ellos para lograr esa complicidad y esa afinidad que transmiten en pantalla?

Salvador del Solar: Yo soy actor y lo que conozco es, hasta donde puedo, el trabajo del actor y parto de ahí. Me gusta mucho cuando como actor tengo la oportunidad de trabajar, ya sea en teatro o en el audiovisual, con alguien a cargo de la dirección que quiera ver qué traemos los actores, en lugar de decirnos cuál es su visión, porque hay espacio para las dos cosas, pero creo que el cine es tan colaborativo, es tan interesante ver qué propone quien está a cargo de la dirección de arte o de la dirección de fotografía, qué proponen tus actores. Y había dos parejas que me interesaban en especial a mí, aunque a una se le vea mucho más que a la otra, una era la pareja que mencionas y la otra la pareja con el personaje de la prima. No sé si están familiarizados con el tarot, pero entre los arcanos mayores hay una carta en la que aparecen como dos gemelos, además se parecen bastante Jely y Emanuel, parecen primos. Pero tú me preguntas por la otra pareja primero: al inicio fue verlos, ver qué traían ellos y fue fantástico, son dos muy buenos actores, muy generosos ambos, no se conocían y eso era muy bueno también, contribuía. Y pasó algo muy interesante, Emanuel por ejemplo no sentía ningún impulso por querer volver a abrazar a su padre, le parecía que no, que ese personaje tal cual él lo interpretaba al leer el guion, podía seguir sin su papá. Hay una escena en particular que estaba escrita en el guion donde hay un abrazo simbólico con el padre, y entonces fue muy interesante porque esto pasó dos días antes de comenzar a rodar y luego de un ensayo Emanuel me dice: “Oye Salva, no me lo creo”. A mí me había pasado en Magallanes, que en una versión del guion bastante avanzada, yo descubrí que seguía buscando como guionista y director algo parecido a una reconciliación entre Celina y Magallanes, y ver a Magaly y a Damián en los ensayos me hizo notar que quizás era un deseo de mi parte más que algo que fluyera genuinamente de los personajes. Suena muy cliché, pero es verdad que hay un punto en que los personajes cobran cierta vida y autoridad como para decir: “No estés jugando conmigo, respétame”. Y me pasó algo parecido acá con Emanuel, entonces programamos un ensayo más para ver qué pasaba y fue muy lindo porque en un ensayo que duró como 3 horas descubrimos que el guion tal cual lo estábamos proponiendo con Héctor para esa escena no había dado suficiente espacio para el rechazo que Ramón necesitaba expresarle a su padre y entonces, a nivel físico esta escena del abrazo creció gracias a ellos, con esta tensión en la cual él no se deja, porque la escena originalmente estaba planteada como el hecho de ver la sola imagen del padre con su máscara de huacón y el ofrecimiento del abrazo causaba un desconcierto, una perplejidad y al mismo tiempo una bajada de guardia que no de manera inmediata, pero lentamente iba a un abrazo. La escena cambió, no por la propuesta de los actores espontáneamente, sino primero por el rechazo de los actores a aceptar la escena tal cual por no creerla y luego por su generosidad de buscar un ensayo adicional y hacer que aparezca un rechazo físico, luego del cual había espacio para un abrazo. Terminó el ensayo y cuando dije “Muchas gracias”, se abrazaron y no se separaban, porque es uno de esos ensayos largos donde dieron mucho de verdad. Fue muy emocionante verlo y creo que es una manera de responder a la pregunta de lo que pasa cuando tienes a esos actores. No digo que otros directores que no sean actores no trabajen así, pero siendo actor, mi punto de partida generalmente es qué traen los actores y observar y ver de nuevo.

Laslo Rojas: Justamente por tu experiencia, imagino que la labor de dirección de actores es un trabajo fuerte que tú realizas en el rodaje. ¿Y cómo es la otra parte de dirección, un poco más técnica que tiene que ver con las cámaras, con la luz, con el sonido? ¿Tú te desarrollas en las dos áreas, te apoyas en alguien más?

Salvador del Solar: Yo me apoyo en todo lo que pueda. Nada más he dirigido dos películas y también trabajé como director en una serie, pero también quiero decir que la vida por cuestiones medio inexplicables hizo que yo fuera Ministro de Cultura o en otro caso Presidente del Consejo de Ministros y lo que yo llevaba era un poco la experiencia que tengo y la experiencia que tengo cada vez le da más valor a reconocer mi ignorancia, pero al mismo tiempo no por dármelas de modesto, sino yo creo que estamos al servicio de una historia, al servicio de una experiencia audiovisual. Yo creo que trabajar el guion durante un tiempo obviamente te da la autoridad, que puede tener a veces un familiar, cuando le preguntas por alguien si tienes tantos años trabajando. En Magallanes fueron como ocho años con el guion, igual los actores me sorprendieron. O sea Damián Alcázar en un momento me dice: “Yo siento cariño por el Coronel”, por el personaje de Luppi. Y no era algo que hubiera contemplado. “No quiere decir que no me molesten algunas cosas de él”, pero para mí en la imaginación de Damián ocupaba el lugar de un padre que él no había tenido. Entonces, si tengo el lujo de trabajar con Inti Briones [director de fotografía], que además es un hombre de curiosidad y que me pidió estar en los ensayos. Teníamos una broma que era como que terminamos un ensayo y le decíamos: “Bueno maestro Briones, ¿cuál es la solución?”, pero en realidad le decía: “¿Cómo lo ves?”. Entonces él me decía “Yo lo veo así, me encanta” o “¿Qué te parece esto otro?”. A mí me gusta también el trabajo en equipo. Creo que es un error referirse a las películas como si fueran de quien las dirige, salvo en los casos de aquellas personas cuya maestría realmente hace que tú dices: “Es una película de…”. Hay una visión genial o muy particular de alguien que por supuesto imprime todo, impregna todo, pero nadie puede describir el cine sin reconocer que es una actividad colaborativa. Yo creo que la autoría es compartida en cualquier película que sea. Magallanes no es Magallanes sin la música de Federico Jusid, sin el montaje de Eric Williams. Entonces yo soy un actor y también como mucha gente, alguien amante del cine desde niño y si tengo una historia y la oportunidad que se pueda hacer, quiero que llegue y quiero mantenerme abierto. Eso no quiere decir que no tenga una opinión o que a veces no pueda decir: “Maestro Briones, esto no me gusta tanto”. El rol del director viene con eso también, asumes la responsabilidad de decir: “Me encanta lo que me propone la dirección de arte o no me gusta tanto”. Y en mi caso, ya fuera en el Ministerio de Cultura o dirigiendo las películas, trataba de asumir la responsabilidad de buscar convencer a la mejor gente posible que me acompañe en la aventura para poder realizarla.

Laslo Rojas: En esta idea del trabajo en equipo para hacer la película, ¿puedes contarnos cómo fue el proceso de rodaje? ¿Cuánto tiempo les tomó? ¿Dónde se realizó la filmación?

Salvador del Solar: El primer gran período que no quisiera pasar por alto antes del rodaje es la gran conversación con Héctor Galvez. Un proceso de preguntarnos, de probar en una dirección, de probar en otra, de preguntarnos si de pronto necesitamos que tuviera cierto sabor documental o no, cosas que fuimos descartando, pero que dejaron algunas cosas. Por ejemplo que las cenizas llegan de manos de un venezolano, tratar de no dejar de honrar de alguna manera que no es una película sobre la pandemia, no es una película gay. Es una película que sucede en un contexto pandémico por un par de razones específicas. La primera, la historia original lo traía. La segunda, nos parecía super pertinente para reforzar esta idea del encierro. Mientras hablábamos del tema con Héctor, más de 50 mil peruanos abandonaron Lima a pie en ese contexto, no queríamos que eso pasara desapercibido. Ese tipo de conversaciones fueron muy interesantes. La aparición de Mito es una propuesta de Héctor, a él le pareció que podía ser una buena idea que fuera allá, y que fuera una manera de conectar en ese mismo sentido. O sea, el viaje de Ramón va en el mismo sentido por motivos diferentes, que estos 50 mil peruanos de los cuales tomamos simplemente a un grupo que están caminando por la carretera. Y pensamos que no estaría mal que, reconectando con las raíces de su padre, no fueran simplemente las de su tierra, sino que su tierra estuviera revestida también de algo que caracteriza mucho al Perú, que hay una conexión muy cercana, muy estrecha con las festividades, con manifestaciones culturales potentes, que hacen de la identidad de esa región algo particular, en este caso de Mito y su danza de los huacones.

Entonces, primero fue esa conversación con Héctor y luego el proceso de rodaje. Fue muy armónico, tuvimos una parte de la preproducción en la que el 1 de enero de 2024 nos fuimos a Mito porque la huaconada dura del día 1 al 4. Estando en Mito, en esa parte de la preproducción, poco antes de comenzar a rodar, los huacones tienen la generosidad de invitarnos a ser bautizados, lo cual implica un latigazo a Miguel Valladares, a Inti Briones, a mí y de pronto Jely se acerca para ser bautizada y le dicen: “No, esto es solo de hombres”. A Jely eso le causó un impacto, que un artista de su talento, de su sensibilidad, llevó al personaje. Si se fijan, el personaje es una especie de hombrecito. En un momento Jely me dice: “Salva, estoy con el pelo corto, pero me han traído unas pelucas y funcionan bien. ¿Me quieres con el pelo largo o no?”. Entonces yo le dije: “¿Cómo lo ves tú?”.  Y me dijo: “¿Sabes qué? Creo que lo veo con el pelo corto, porque además, por el dolor que me causó que me rechazaran, que no me dejaran entrar, creo que podríamos hacer de Verony una chica cuyo deseo es ser un chico y ser un huacón y participar de esto”. Volviendo a tu pregunta respecto a esta otra pareja, los ensayos con ellos fueron fabulosos, porque ahí donde Ramón no quiere ser un huacón, o al menos quiere creer que no quiere serlo y que no quiere nada con el pasado, su prima no hubiera querido otra cosa que nacer varón y poder participar. Y durante la escena donde se homenajea al padre y se le despide en Mito, ella también participa como uno más hasta donde puede, en una mesa de hombres. Y también nos pasó algo interesante con Diego López, el director de arte colombiano. Él se fue por su cuenta a Mito y observó. Encontramos en Aco una casa que nos servía muy bien. Aco está al lado de Mito, no es muy lejos y resultó que la casa ideal que habíamos encontrado era compartida en herencia por once hermanos y eso era imposible, no se pudieron poner de acuerdo. Entonces, eso se nos cayó y la reemplazamos por una casa en Surco Viejo, porque además por razones también de limitaciones presupuestales mientras más tiempo estuviéramos en Mito era muy costoso estar fuera. Pero Diego López hizo una casa como no hay ninguna en Mito, pero más miteña que cualquiera, que es una experiencia que también me sirvió de Magallanes. En Magallanes para mí fue muy importante que un colombiano como Diego Jiménez que no conocía Lima hiciera la foto, porque para él todo era descubrimiento y a cada rato nos hacía notar a los limeños que había cosas que siempre habíamos mirado de reojo y que él miraba como una persona con una vista fresca, nueva. Lo mismo con la dirección de arte de Diego López ahora en Ramón y Ramón, la casa que él recrea de Mito, tú crees y sientes que estás en Mito.

Laslo Rojas: ¿Cómo fue el proceso elección de los otros actores, que interpretan a los familiares y los amigos del papá?

Salador del Solar: Me pasó un poquito como Magallanes. Me acuerdo que la escribía teniendo dos personas en mente. Uno era Aristóteles Picho, pero lamentablemente no podía ser. Y después decía: “Este es alguien como Damián Alcázar, y el coronel es alguien como Federico Luppi”. Y escribí pensando así y pensando en Magaly. Acá escribí pensando en Emanuel todo el tiempo, junto con Héctor hablábamos de Emanuel, y le dije: “Por si acaso, estamos escribiendo, estamos pensando en ti”. Pero también le dije: “Voy a hacer un proceso de casting”, porque también como actor, me parece importante abrirnos a la posibilidad de que aparezca alguien que no tenemos en mente y que pronto demuestre que es el Ramón que estábamos buscando. Emanuel muy generoso me dijo: “No te preocupes, claro que sí, entiendo”. Le dije: “Nada más quiero que sepas que te estamos usando mentalmente para escribir, te imaginamos a ti, pero podrías no ser tú”. Pero el proceso de casting derivó, el casting que hizo Emanuel fue muy conmovedor, muy lindo, contundente, no tuve ninguna duda, a pesar de que hubo otros castings muy interesantes también. Y, aunque fuera una participación pequeña y no solo pequeña, sino enmarcada dentro de los confines de la pantalla de un celular, Liliana Trujillo para mí era la mamá de Emanuel y tuvo la generosidad de aceptar.

Laslo Rojas: ¿Y el papá? Tiene un cameo en una imagen, una fotografía…

Salvador del Solar: El papá no tiene solo una fotografía, sino que además de aparecer en un par de fotografías, una cuando él es niño y lo está abrazando, cuando todavía se abrazaban, tiene otra en la que se le ve con el grupo de amigos. Y luego hay una una escena de un sueño donde Ramón está con su papá, que es Carlos Mesta. Yo aprecio mucho a los colegas que tienen esa generosidad de aceptar aunque sea una participación pequeña. Otro actor que escribí y también lo hablamos con Héctor, muy presente para nosotros era el personaje del tío. Lucho Ramírez también fue una inspiración para nosotros y que él pudiera estar en la peli y aceptara también fue muy importante, así que en verdad contar con la participación de Bruno Odar y Ebelin Ortiz en el mercado y Bruno luego en el camión también manejando venía muy espontáneamente a nosotros. Hubo un proceso de casting abierto para personajes que son menos protagónicos o que tienen apariciones pequeñas, los policías, quienes acompañan al personaje de Bruno en el camión, la señora que recibe y que es la dueña de la casa grande donde en el último piso vivía el papá de Ramón, eso fue un proceso de casting entre otros personajes, pero el cast de los personajes centrales y secundarios más cercanos afortunadamente fueron quienes con Héctor habíamos estado hablando desde la escritura del guion.

Laslo Rojas: ¿En el proceso de escritura habían pensado entonces en Beto Benites, Lucho Ramírez, Jely Reátegui?

Salvador del Solar: Julián Vargas y Beto Benites luego nos parecieron adecuados. También es interesante cómo funcionan las cosas, Beto ha trabajado mucho con Lucho Ramírez. Entonces a veces tienes a Lucho y dices: “Si pudiera estar Beto y contar con Julián”. Además que cante también fue un regalo increíble, que se entusiasmara con la idea, que lo hiciera con tanto corazón, me parece un momento entrañable. En realidad, a veces parece que la historia que cuenta la película es el camino que puede conducir a ese momento, donde tu protagonista enfrenta aquello que quizá no desea, pero sí necesita enfrentar o al menos él cree no desear y manifiesta. Al principio es parco hasta con la prima a la que le tiene mucho cariño, pero que ha puesto en el mismo saco que el papá. Es uno el Ramón que llega, es uno el Ramón que habla con la prima con frialdad por teléfono, y es otro el que llega, ella lo abraza y él le dice: “No, estoy bien, estoy bien”. Y hacia el final de la película, es Ramón el que puede abrazar otra vez, es tierno otra vez, la abraza.

Laslo Rojas: ¿Cómo fue el caso del español Álvaro Cervantes?

Salvador del Solar: Fue una propuesta de Esther García, tuvimos una reunión larga con él, pero te digo que no habían pasado ni cuatro minutos y yo ya sabía que era él [el indicado para el rol]. Tenía todo lo que imaginaba para Mateo, parecía una de esas cosas que decía: “No puede ser, me están bromeando”. A veces bromeamos que parece un actor autoiluminado por su coloración, es un tipo que parece iluminado, tiene brillo, es muy blanco, probablemente haya sido rubio de niño. Correspondía un poquito a ese contraste con Ramón y que tuviera algo que pudiera ser una persona por la que Ramón pudiera interesarse, sentirse atraído, que pudiera ser alguien que pudiera creerse que no podría tener ningún interés en una relación con otro hombre y que de pronto te dé la sensación de que quizá se está abriendo, que al menos ha considerado la opción de decir: “Este chico no es cualquier chico, Ramón tiene un dolor, tiene una fuerza, tiene un corazón que está ahí”. Quién sabe si hubiera podido pasar algo entre ellos. No quiero ‘spoilear‘ ni nada, pero si bien no termina sucediendo en la película, a mí me interesaba que se mantuviera abierta la posibilidad de que pudiera suceder. Hay momentos en que Ramón duerme y él lo observa y Mateo es alguien que observa mucho a Ramón, en diferentes momentos lo mira. Cuando en la plaza de Mito le cuenta de la huaconada, lo mira, cuando ve la máscara lo observa, le quiere tomar fotos. A mí me da la sensación de que es alguien que en algún momento podría estarse planteando y quizá no, y al final decide que él va a continuar por una ruta. Yo creo que no es que él decida que no va a seguir acompañando a Ramón solamente, lo que claramente está decidiendo es que no quiere tomar un vuelo humanitario de regreso a España, todavía.

Volviendo un poco a la pregunta de cómo fue el rodaje, fue una experiencia muy generosa. Fue un rodaje de cinco semanas afortunadamente, que es difícil conseguir ese tiempo y tampoco quiero dejar de mencionar que para mí contar con ‘Pinky’ Campos y Enrica Pérez en la asistencia de dirección fue un apoyo increíble, un privilegio tener una productora así, con quien ya habíamos trabajado en Magallanes y a una directora como Enrica, pero estoy mencionando solamente algunos cuando hay muchas personas que también me gustaría mencionar.

Juan Carlos Ugarelli: En esa película cuentas con la coproducción de El Deseo, que es la productora de los hermanos Almodóvar y de hecho Agustín Almodóvar tiene un cameo en la película, como el papá de Mateo. ¿Cómo fue trabajar en conjunto con El Deseo?

Salvador del Solar: Nos ayudaron a facilitar mucho las cosas. A veces es como en términos futbolísticos, preguntas: ¿Qué tal jugar con una persona que sabes que es un buen jugador? Y te dicen: “Hace las cosas más fáciles”. Fue muy importante el apoyo que nos dieron respecto al guion. Luego también dieron comentarios sobre el proceso de postproducción. Y sugirieron a Álvaro, que fue un aporte muy importante y en la conversación que acompaña el montaje, la musicalización, también fue muy útil contar con su punto de vista. Efectivamente Agustín ha tenido muchos cameos en películas de su hermano y tuvo la generosidad también de poder ofrecerse para esta película, que en verdad es un instante, pero también creo que es un gesto de afecto, de cariño que aprecio mucho. Además nos acompañaron en el estreno en San Sebastián, estuvieron al lado de la película, estuvieron con nosotros. Ha sido algo muy importante y no creo que sea el único que está muy agradecido con que se hayan sumado al proyecto.

Juan Carlos Ugarelli: El año pasado se cumplieron 25 años del estreno de Pantaleón y las visitadoras y recientemente ha fallecido Mario Vargas Llosa. ¿Qué representó para ti en tu aprendizaje y crecimiento como actor la experiencia de esa película?

Salvador del Solar: En muchos sentidos ha sido algo crucial para mi carrera, para mi vida, porque aparte no soy tan fan de la palabra carrera por un lado y realmente no está separada de la vida de uno. Fue un gran aprendizaje trabajar con ‘Pancho’ Lombardi y descubrir como actor también con la ayuda de Teo Delgado, encargado de la foto. Yo había trabajado en A la medianoche y media (1999) y en Coraje (1998) y Pantaleón fue el tercer largometraje en el que trabajé. Cómo relacionarme con la cámara, cómo cargar la historia respecto a la cámara fue algo de lo que siempre voy a quedar muy agradecido a ‘Pancho’. Muchas veces me decía: “Menos”, su indicación más constante era: “Está bien, pero menos. Es en esa dirección, pero menos, que se note menos”. Me acuerdo que una vez Teo Delgado me dijo: “Todo actor debería ir a una sala de montaje para darse cuenta de que su trabajo es bastante menos importante de lo que cree”. Y eso no tiene que ver con que uno pueda ser pretencioso, sino que lo ayuda a relajarse un poco, a quitarse presión de encima.

Recordamos 25 años de la película, pero nos olvidamos a veces que en realidad el proyecto era de una miniserie de 4 capítulos, como consecuencia de la cual, ya que habían decidido rodarla en 35 mm, Lombardi dice: “¿Vamos a rodar una serie de 4 capítulos en 35 mm con lo difícil que es tener esa oportunidad? Hagamos la película también”. Entonces, hubo dos guiones y fue un rodaje de 13 semanas, con 8 semanas en la selva, una semana de para y 4 semanas más en Lima, haciendo interiores. Para un actor que está todavía comenzando, fue un aprendizaje fenomenal compartir con Aristóteles Picho, con Pilar Bardem, con Pold Gastello, obviamente con Angie Cepeda, con Tatiana Astengo, con Sergio Galliani, con Mónica Sánchez. Terminó siendo una película muy querida por el público, que ha viajado mucho, que se sigue repitiendo y al mismo tiempo fue una muestra de lo que pueden ser las adaptaciones. Yo no conocía a Mario Vargas Llosa, lo conocí como consecuencia de la película y me acuerdo que lo primero que me dijo fue: “Estoy impresionado de cómo lo que yo escribí como una comedia, que era una sátira respecto del gobierno militar que en ese momento teníamos, se ha convertido, sin dejar de ser graciosa, a través del personaje de Pantaleón, en un drama”. Pantaleón está sumergido en un drama de querer hacer las cosas lo mejor posible por su país y ese no era el Pantaleón que había imaginado Vargas Llosa y creo que es consecuencia fundamentalmente del trabajo de Giovanna Pollarolo y Enrique Moncloa junto con ‘Pancho’, que siempre acompaña el proceso de desarrollo de guion.

Juan Carlos Ugarelli: En el Festival de Lima, además de presentar Ramón y Ramón, también se va a presentar Astronauta, la ópera prima de Paul Vega, donde tienes también una participación como actor junto a Daniel Hendler y Angie Cepeda. ¿Qué nos puedes contar sobre tu personaje en esta película?

Salvador del Solar: Bueno, es un guion que me gustó muchísimo y me sentí muy agradecido que Paul me convocara. Creo que una manera de ver Astronauta es como la historia de personas que llegado a un punto en la vida se preguntan si han venido viviéndola bien, qué han dejado en el camino, qué sueño pendiente quisieran tener. Y en ese contexto mi personaje representa una vida que pudo llegar a ser respecto al personaje de Angie. Entonces se trata de una pareja protagónica que lo tiene todo básicamente, están construyendo una casa nueva después de muchos años de trabajo y de éxito. Y claramente en ambos hay un descontento difícil de definir. Ambos están un poquito en esa búsqueda, sin que necesariamente lo sepa el otro integrante de la pareja. Entonces en medio de un contexto así, de manera casual hay un reencuentro. Los tres éramos muy amigos de la universidad y la vida nos separó. Y entonces reaparece este personaje, como si la vida te dijera: “¿Te estabas preguntando que querías hacer con tu vida?”. Eso es más o menos lo que hace mi personaje en la película.

Laslo Rojas: Ahora quisiera pasar a unos temas quizá menos felices. Estamos en Fiestas Patrias, en teoría celebrando algo, pero no tenemos mucho que celebrar. ¿Qué te genera la situación social y política que estamos viviendo desde hace varios años? Es una situación que no parece tener una salida clara. Vienen elecciones, pero no hay muchas opciones ahí al parecer. ¿Cómo lo ves tú desde tu posición de artista, y de alguien que ha tenido también una actividad política?

Salvador del Solar: Es bien difícil. Me imagino que les pasará a ustedes también. Es difícil terminar de procesar lo que estamos viviendo y responder a ello. Por un lado puede ser fácil decir: “Qué desastre, está todo mal”. Y no creo que nadie que diga algo así se equivoque, pero ese es el lado fácil. El lado más difícil creo que tiene que ver con preguntarnos qué parte de responsabilidad tenemos los peruanos de que estemos así y por otro lado, ¿cómo podríamos pasar a una situación mejor? Creo que lo primero que a mí me produce es al menos tratar de entender. Un ejemplo que sirve de analogía para mí es el fútbol. El fútbol, en teoría, le interesa a una enorme cantidad de peruanos y sin embargo ahora está en manos de personas que no respetamos, que no admiramos, sobre quienes no ponemos ningún tipo de esperanza a nivel dirigencial en general. Como en todo en el Perú, hay excepciones valiosísimas, hay esfuerzos, pero en general uno diría que es paradójico que interesándonos tanto el fútbol no seamos capaces de producir liderazgos, que además nos lleven a tener resultados como los que soñamos. El fútbol peruano sigue siendo el fútbol peruano y está donde está a pesar de que lo queremos tanto. Creo que lo mismo aplica el país. Cómo queriendo a nuestro país y queriendo tener una vida mejor, resulta que estamos en manos de personas que no respetamos, que no admiramos, que no vemos como referencia, que no consideramos inspiración. Y creo que ahí hay una pregunta que tenemos que respondernos todos…

Laslo Rojas: ¿Podrá ser que de repente no queremos mucho al país? O sea, no tenemos esa idea de qué cosa hay que querer, de manera colectiva. Veo que parte de una cuestión muy individualista, en muchos casos vemos en qué me va a beneficiar tal situación a mí o a los más cercanos y hasta ahí llegamos. No hay una cuestión de comunidad mínima, mucho menos a nivel nacional. Entonces, ¿cómo pedir a la gente que quiera el país?

Salvador del Solar: Creo que mencionas un tema crucial. No digo que no haya un cariño por el país, que no se quiera el país y no creo que el orgullo por las cosas lindas de nuestro país sea falso. Pero efectivamente nuestro país no vive en el vacío. Desde la caída del Muro de Berlín para adelante y la disolución de la Unión Soviética ha habido un fortalecimiento exponencial del individualismo. Entonces los tiempos que vivimos hacen que pensemos primero en uno mismo, luego en los hijos, en la familia, luego en los amigos y un poco que hasta ahí. Y la vida que nos ha tocado vivir, que además coincide con un período de bonanza económica, de recuperación económica en un montón de sentidos, ha sido luego derruido por el manotazo de la pandemia, que nos demostró que con todo el crecimiento económico cuyos efectos positivos creo que no debemos negar, pero que no hemos construido una expresión particular de lo que es una nación. Es la nación expresada institucionalmente. Somos una sociedad sin una salud pública capaz de atendernos, capaz de educarnos y en un contexto que si lo vemos en términos más históricos, donde un tiempo que no dura nada, que son tres décadas, cuatro décadas, como ha ocurrido en otros momentos de la historia de nuestro país, hay una cantidad de dinero que podría habernos llevado a construir institucionalmente aquello que se sostiene, una vez más no lo hemos hecho. Entonces creo que, ante cada cosa podemos tener un montón de reacciones, pero básicamente en los extremos hay dos. Una opción siempre es: “Hay que hacerlo mejor, en algún momento tenemos que hacerlo mejor”. Entonces no veo en el cortísimo plazo que las cosas vayan a cambiar por sí solas, pero no pierdo la esperanza un poquito más allá, en que luego, agotados, hastiados de lo que iremos descubriendo, como no solamente una representación inexistente, sino como una representación que tendría que avergonzarnos de nuestra sociedad, aparezcan deseos de organizarnos colectivamente, desde un pensamiento político o desde el otro, para tratar de tener mejores representantes. Yo creo en eso también. Creo que como en muchos otros momentos, habrá un momento donde el hartazgo hará que busquemos una reconstrucción y en este momento creo que quizás sea exagerado decir reconstrucción, no hay una institucionalidad que realmente hayamos construido y se haya venido abajo. Lo que se ha venido abajo creo yo es un edificio de valores precarios que de alguna manera iluminaban cierta orientación de organizar una sociedad y que ahora no están, ahora no hay ni siquiera pudor para gobernar o representar desde el Congreso o desde un gobierno regional o local, con prepotencia, sin rendir cuentas, pensando que el poder da derecho a todo y que es permanente cuando es absolutamente efímero. Yo no pierdo la esperanza de que toma más tiempo, pero las colectividades toman conciencia y una vez que toman conciencia toman acción. El tema es que nada garantiza que la acción que se tome sea la solución, pero como queda claro es muy difícil para mí tratar de responder esa pregunta.

Laslo Rojas: En ese contexto de deterioro de la política y de la sociedad, ha surgido la nueva ley de cine que trae sus propios peligros y riesgos, porque en este contexto de crecimiento a nivel económico la producción de películas había crecido, se había fortalecido y ahora viene esta amenaza. ¿Cómo ves tú este contexto?

Salvador del Solar: Hay algunas cosas que me gustaría decir al respecto. Primero, hay un crecimiento de la producción, pero no solamente hay más producción, sino que conseguimos generar mayores oportunidades para que un cine regional existiera y eso es parte de la mayor producción. Mucho del cine más apreciado en años recientes producido en nuestro país es un cine regional, es un cine que trae historias que espontáneamente Lima no necesariamente traía y que creo que eso es muy positivo, y que pretender encontrar algún tipo de ideología que combatir en eso, en el que se pueda decir: “Parte del presupuesto se va a reservar para incentivar la producción de cine regional” y encontrar ideología ahí para tratar de que ahora sea otra vez: “No, no, que se compita libremente y que en teoría gane el mejor”, es una manera de encontrar ideología ahí y no ver la ideología en ese tipo de intervención, que es una ideología liberal, que enalteciendo el esfuerzo individual y supuestamente la competencia, pierde de vista que no se puede hablar de competencia cuando no existen las mismas condiciones de punto de partida y eso me parece super grave. También es muy grave que se abra la puerta de la posibilidad de la censura, que otra vez supuestamente encontrando una ideología que no le gusta a algunos que hoy efímeramente están en el poder, ellos crean que no tienen ideología al querer intervenir y decir por preservar los intereses de la patria o la defensa de la patria o lo que ellos creen ideológicamente que es patria, autorizamos censura. Eso me parece gravísimo.

Pero dicho eso y no quiero quitarle ninguna importancia a eso, creo que se ha hablado menos de algo que a mí me parece quizás lo central, que es que me consta lo difícil que es tratar de armar un nuevo esquema reglamentario legal para el cine. Es muy difícil. Que se haya hecho un esfuerzo en la dirección que sea y se haya desaprovechado colosalmente la oportunidad de brindarnos un esquema legal que haga de un país como Perú, un país que puede tener un audiovisual que realmente lo posicione regionalmente o más, eso me parece imperdonable. Es decir, tienes a Colombia al lado, a Chile, a México, si quieres tienes a República Dominicana e incluso a Ecuador, por no mirar Europa directamente, para que no digan que uno exagera. Yo he tenido el privilegio como actor de ser parte de Cien años de soledad, de Delirio y de ser parte de producciones cuyos estándares, cuyos recursos y cuyos alcances no existían cuando yo llegué a Colombia hace 20 años. 20 años de políticas públicas que miren al cine como un todo, que lo entiendan como industria y como cultura, como industria cultural, como mercado que tiene que potenciarse, como cultura que tiene que preservarse y que con errores que vayan corrigiendo, pero yendo en una dirección. Teniendo ese ejemplo al lado, en lugar de mirar eso, actuar simplemente como un acto reflejo de mezquindad, de ideología que no se reconoce como tal y achicar eso a la política, cuando la cultura no debiera ser empequeñecida por la política. Una cosa que he dicho varias veces y que no me canso de decir porque para mí es crucial, es que cuando se habla de cultura nosotros no somos cualquier país. Como Ministro de Cultura yo estuve en el Primer Foro de Civilizaciones Antiguas: China, Persia, Irán, Egipto, Mesopotamia, Irak, México y Perú, somos cuna de civilizaciones. Cuando se habla de cultura nosotros somos uno de aquellos poquísimos países que han hecho del mundo que hoy existe, los orígenes, con una herencia cultural no solo a nivel patrimonial físico, sino a nivel patrimonial inmaterial inmenso. Como un ejemplo de cómo la gastronomía es una manifestación de lo que la riqueza cultural puede traducir, que no quiera pararse a esa altura el audiovisual cuando el audiovisual es el principal vehículo de transmisión de todo eso, de nuestro acento, de nuestros problemas, de nuestras tradiciones, de nuestros ritos, de nuestra arquitectura, de todo y quieras, decidas cuando tienes el poder de conseguir lo difícil que es, reglamentemos de nuevo y hagas una cosa tan pequeña y tan mezquina, en lugar de ponernos en el lugar al que deberíamos aspirar, eso es imperdonable.

Laslo Rojas: Porque una ley de cine no se va a dar cada año…

Salvador del Solar: Cuando me tocó estar ahí, estaba Pierre Emile Vandoorne en la DAFO, me consta que ha habido múltiples esfuerzos y la política es muy complicada. Cuando finalmente conseguimos que un presidente como Pedro Pablo Kuczynski al menos accediera a triplicar los recursos, no de la manera que queríamos, porque bueno, teníamos un presidente que había sido Ministro de Economía, un primer ministro que había sido Ministro de Economía y nos dijeron: “La manera que ustedes quieren, no la vamos a aceptar”, porque lo que llaman un único fondo fiscal, todo viene de los impuestos, nosotros queríamos que los impuestos a las entradas, quizás más adelante los impuestos a las plataformas, vinculados al sector, financiaran al sector. Pero técnicamente, desde un punto de vista económico el presidente Kuczynski finalmente dijo: “Bueno, no va a ser por ahí”, pero hicimos toda nuestra defensa, nuestro speech de cómo el Perú necesita un audiovisual potente. “¿Cuánto necesitan”, dijo Kuczynski, primo de Godard. “Por lo menos el triple, presidente”. Bueno, él decidió que tengamos el triple, gracias a eso se pudo asegurar fondos específicos para las regiones y también otras artes diferentes a la cinematografía. El Ministerio de Cultura del Perú debería ser el Ministerio del Desarrollo del Perú, porque el desarrollo no es solo economía, el desarrollo es conocerse, aceptarse, apreciarse, admirarse. Estamos lejos de todo eso y creo que fuimos en una dirección que estaba lejos de ser la ideal, pero que creo que se acercaba, ponía escalones para que en el tiempo podamos ir escalando. Esta nueva legislación ignora por completo todo eso, no apunta en ninguna dirección y no nos coloca en competencia con ninguno de nuestros países vecinos con los cuales tendríamos que estar al menos a la par.

Laslo Rojas: Tú has sido Ministro de Cultura y Presidente del Consejo de Ministros. Hace poco leí en entrevistas que mencionabas que no tenías planes de volver a la política, pero te escucho hablar y pregunto, ¿quizás en el futuro, a largo plazo, de alguna manera, participarías nuevamente en la actividad política?

Salvador del Solar: Creo que todos tenemos la posibilidad de tener una participación en la actividad política en el sentido más amplio. Creo que hacer una película como Magallanes es participar en la conversación política, aunque quizá de manera más lejana. Hacer que en una película aunque sea haya un momento donde, mientras tu protagonista busca lo que busca, se encuentra con una cantidad de compatriotas en una situación terrible caminando y tengan un momento para escuchar un violín en silencio, es una manera de participar en la conversación política desde lo cultural, desde lo artístico. También creo que uno de los problemas de nuestro país y de nuestros países es buscar esperanzas en esfuerzos individuales y creo que no hay esfuerzo individual que de verdad ayude. El dictador de Singapur, un dictador institucionalista y anticorrupción es demasiado excepcional. Nosotros hemos conocido de caudillos y ahora hay quienes quieren presentarse como si fueran el nuevo Bukele, y yo no quiero menospreciar el hecho de que seguramente mucha gente en El Salvador está muy agradecida de no estar dominada por las bandas criminales y eso se puede reconocer, pero luego se cae una carretera en San Salvador y como no hay solución pronto, porque estuvo mal hecha la carretera por el propio gobierno, el presidente por Twitter ordena que el transporte público va a ser gratuito y cuando los transportistas privados que dan transporte público dicen: “Pero, ¿y quién nos va a pagar? Yo no voy a hacer transporte si no me van a pagar”, los mete presos. No nos olvidemos que Muamar el Gadafi, Saddam Hussein, todos fueron jóvenes idealistas que derrocaron a dictadores 15 minutos antes de convertirse ellos mismos en dictadores. Entonces la solución individual del poder para mí debe ser rechazada. Cualquier gran nación que veamos es una nación que ha conseguido por la fuerza de acuerdos colectivos generar instituciones que perviven lo mejor que se pueda, con buena marea, con mala marea, con buen viento, con mal viento. Los países pueden tener buenos años económicos o malos años económicos, pero lo que los hace ser, es esta especie de edificio institucional, fruto de acuerdos. Por ejemplo Finlandia tuvo una guerra civil tremenda, breve, más o menos cercana a la época de la guerra civil española, en una época de lucha de clases donde los representantes del capital aplastaron a los representantes del proletariado, fue una victoria fulminante, pero luego de la cual dijeron: “Vamos a construir un país donde los hijos de los obreros y los hijos de los ricos vayan a los mismos colegios, donde todos nos atendamos en los mismos hospitales”. Sigue siendo un país capitalista por supuesto, es un país nórdico, pero donde tú te organizas y dices: “Somos hermanos, somos paisanos, somos compatriotas, tenemos que educarnos igual, tenemos que cuidarnos igual”. Sobre eso tienen buenos años económicos y otros no tan buenos. Pero en mi caso en particular, cuando se me ha dicho por ahí: “Deberías candidatear”, no, yo no creo en los liderazgos individuales y creo en que todos somos vulnerables a abusar del poder y por lo tanto necesitamos esfuerzos colectivos.

Laslo Rojas: El problema de la política es que siempre se requiere un líder…

Salvador del Solar: La cuestión es ¿de qué carreta hablamos? ¿De una carreta compuesta por un montón de gente que quiere que alguien se encargue y que haga lo que sea? ¿O de una carreta donde dices: “No, acá en la carreta lo que hay es un ejército de gente”? Y nosotros tenemos todavía en nuestro sector público de hoy una enorme cantidad de gente valiosísima y comprometida por el país. Conozco mucha gente que entró al sector público y no salió, a pesar de tener ofertas del sector privado, porque cuando entras al sector público te das cuenta que se puede hacer una diferencia y ese tipo de recompensa no se consigue tan fácilmente en el sector privado. Esto no es un argumento en contra del sector privado. El sector privado ha hecho muchísimo por nuestro país, pero si no hay un equilibrio… O sea, ¿por qué el máximo honor de una sociedad no es ser maestro o juez? Me acuerdo que una vez Antonio Cisneros decía: “A un poeta no se le cobra el café en Rusia, miren cómo tratan a los poetas en Rusia”. Una sociedad que ponga realmente en un pedestal a sus poetas, a sus maestros… Si apostáramos por maestros y por jueces, solo con eso, como dice Jaime Saavedra, diez a quince años de políticas públicas apostando por maestros, y yo le sumaría a los jueces, sería otro cantar.

Entrevista realizada por Juan Carlos Ugarelli y Laslo Rojas, el 29 de julio de 2025, en el Hotel Los Delfines, en San Isidro.
Fotos: Rolando Jurado


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