Independientes pero invisibles: sobre la problemática en la distribución de películas peruanas

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Escriben Hugo Marcel García y Antuanette Salazar

Entre presupuestos reducidos, escasa distribución y un público poco acostumbrado a propuestas alternativas, las películas peruanas que apuestan por una mirada más artística y crítica apenas logran encontrar un espacio en las carteleras locales.

El cine peruano enfrenta una gran desventaja entre lo comercial y lo independiente. Producciones como ¡Asu mare! (2013), dirigida por Ricardo Maldonado y protagonizada por Carlos Alcántara, marcaron un antes y un después en la industria cinematográfica nacional al recaudar más de 11 millones de soles y atraer a más de tres millones de espectadores. Su éxito confirmó que el público peruano está dispuesto a llenar las salas, pero también evidenció una tendencia: las historias que triunfan en taquilla suelen ser comedias ligeras, centradas en figuras mediáticas y con una campaña publicitaria amplia. En cambio, películas de autor como Canción sin nombre (2019), de Melina León o Manco Cápac (2020), de Henry Vallejo, apenas logran mantenerse en la cartelera durante algunos pocos días, pese a obtener reconocimientos en festivales internacionales. Esta desigualdad no solo se refleja en la taquilla, sino también en la percepción cultural. Títulos como Los patos y las patas (2025), una comedia comercial que repite fórmulas de humor televisivo, reciben amplia promoción en medios tradicionales y redes sociales.

Las producciones independientes se enfrentan a limitaciones estructurales: presupuestos que no superan los 200 mil soles, dificultades para acceder a fondos estatales y la escasa disposición de las salas comerciales a proyectarlas. Incluso cuando consiguen estrenarse, suelen hacerlo en horarios reducidos o en espacios alternativos como la Sala Armando Robles Godoy o el Centro Cultural PUCP.

En ese contexto, voces como Leny Fernández, crítica de cine en la revista Caretas; Guillermo Castañeda, director de Los patos y las patas; y Rómulo Sulca, director del Instituto de la Juventud y Cultura de Huancayo y presidente de la Asociación de Cineastas Independientes del Perú (ACIP), ofrecen distintas perspectivas sobre los retos, tensiones y contrastes que atraviesa la industria cinematográfica nacional, donde el valor del cine sigue medido más por la capacidad de generar grandes ganancias que por su aporte artístico o social.

Decisiones de cartelera

Leny Fernández indica que las producciones independientes no tienen tanta acogida por parte del público nacional, por lo que las empresas exhibidoras no tienen mucho interés en proyectar este tipo de películas en sus salas. “Si no son muy comerciales, por lo general, las películas se ven acorraladas a horarios pésimos, a exhibiciones de una vez o dos veces por día en algunas salas. Por eso es que hay películas que realmente no pueden o no pasan a veces la primera semana de exhibición”.

Por su parte, Guillermo Castañeda también expone que los cines son quienes escogen los horarios, los locales y los días en los que se proyectan las películas. “Obviamente son empresas y tienen que mantener su negocio: si tengo una película que me llena salas, les voy a dar prioridad. Es por eso que muchas veces las cintas peruanas no están tanto tiempo en cartelera”.

Prejuicios y falta de costumbre

Asimismo, Fernández menciona que dentro del cine independiente nacional las películas regionales en lenguas originarias son las que tienen menor repercusión. “El público peruano en general no cuenta con educación audiovisual y eso pesa mucho; aún más que el prejuicio, es un tema de desconocimiento total. El público peruano no quiere leer subtítulos; quieren películas en castellano”.

Esta falta de educación audiovisual se refleja en la escasa conexión del público con las producciones que retratas otras realidades del país. Mientras que algunas películas comerciales se ambientan en Lima y presentan tramas ligeras o humorísticas, el cine regional aborda historias ligadas a la identidad, la memoria o conflictos sociales, muchas veces habladas en quechua, aimara o lenguas amazónicas. 

Guillermo Castañeda coincide en que la distancia entre el público y este tipo de producciones responde a una falta de costumbre más que a un rechazo directo. “Creo que hay una desconexión del público porque quizás se ha repetido mucho la fórmula y en algún momento la gente se ha cansado, por eso cuando ven que salen otras películas piensan que es más de lo mismo”, señala el director.

Un Estado ausente

Manco Capac 2020
Fotograma de Manco Cápac (2020), de Henry Vallejo.

El 26 abril del 2025 se promulgó la nueva Ley Nº 32309, que reemplaza al Decreto de Urgencia 022-2019, vigente desde 2019. Mediante esta nueva ley de cine, el Estado como máximo podrá financiar el 70% del presupuesto total de las películas nacionales que lleguen a ganar los concursos promovidos por el Ministerio de Cultura. El 30% restante del costo de la producción de las películas tendrán que ser cubiertos por sus autores.

Guillermo Castañeda menciona que hacer cine en nuestro país es todo un riesgo, debido a que si no se cuenta con el financiamiento correspondiente no se puede sacar adelante la producción y distribución de un filme. Es por ello que considera que en lugar de haberse promulgado la actual ley se debió priorizar otros aspectos en beneficio del cine peruano y, sobre todo, del cine independiente, que no recibe auspicios de grandes marcas.

“El estímulo de DAFO (Dirección del Audiovisual, la Fonografía y los Nuevos Medios del Ministerio de Cultura) es un premio que busca apoyar a productores, a directores independientes a seguir con su trabajo; es un proceso que premia a algunos. Es una licitación entre varios, pero se debería crear una ley que permita recibir apoyo tanto del Estado como de las empresas privadas. No estoy diciendo un invento o un sueño que tiene un director de cine peruano, es algo que es una realidad en Colombia, en Argentina, en Brasil, en República Dominicana; es una realidad que se vive alrededor y acá no llega”.

En esa línea, Leny Fernández considera que la nueva ley de cine debe ser regulada en aras de impulsar las producciones independientes y que estas lleguen a ocupar mayor número de salas de cine a nivel nacional y prolonguen su tiempo en cartelera. Además, señala que décadas atrás este tipo de producciones contaban con mayor apoyo por parte del Estado. “La ley de cine que existía en los años 70, que promovió Armando Robles Godoy y que surgió durante el gobierno de Velasco sí exigía una cuota de pantalla. Las empresas exhibidoras estaban obligadas a pasar cine peruano. Es verdad que esto también tuvo sus vicios, pero si queremos consolidar una industria en general que no solo respalde las películas ultra comerciales, sino que también dé cabida a este cine independiente y regional, se debe regular la ley. Recordemos que aquí no existe no existe una industria y por lo tanto podríamos llamar a todo el cine peruano independiente”.

Sin respuesta

Fotograma de Érase una vez en los Andes (2023), de Rómulo Sulca.

Rómulo Sulca, como representante de los cineastas independientes, menciona que muchas películas, en su mayoría regionales, todavía no han recibido el presupuesto que les fue asignado por el Ministerio de Cultura (Mincul) para la distribución de sus películas. El monto de este presupuesto ronda entre los S/70.000 y S/100.000 por película. Además, indica que sin el desembolso de aquel dinero muchas producciones no pueden costear los gastos en publicidad y copias de exhibición. Cabe resaltar que el presupuesto destinado a la distribución no es concursable.

Sin la recaudación de dicho presupuesto, más de una productora independiente tuvo que costear su propia distribución o, en el peor de los casos, han tenido que retrasar la fecha de sus estrenos que tenían previstos para el 2025.

Ante la inacción de los funcionarios del Mincul, el pasado 17 de septiembre, el ACIP, en conjunto con la congresista Susel Paredes, quien es la Presidenta de la Comisión de Cultura y Patrimonio Cultural, solicitaron a Fabricio Valencia, entonces ministro de Cultura, explicaciones con respecto a la demora del desembolso del presupuesto destinado a la distribución y las medidas administrativas que se piensan ejecutar para solucionar dicho inconveniente; pero no recibieron respuesta alguna. Para los cineastas independientes, el silencio oficial es un recordatorio más de que la desigualdad en el acceso a la pantalla empieza antes de llegar a las salas de cine.

Publicado originalmente en diciembre del 2025 en la revista «Punto Seguido», editada por la Facultad de Comunicación y Periodismo de la UPC.


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