Las docuficciones existen por exploración artística que surgen de una necesidad. Para La voz de Hind Rajab (Ṣawt Hind Rajab, 2025), de la tunecina Kaouther Ben Hania, se conservaron las grabaciones crudas de las llamadas hechas por la niña de 6 años atacada por un bombardeo israelí en Gaza, pero se enmarcaron en la atención que le da el servicio telefónico de la Media Luna Roja (la sección musulmana de la Cruz Roja Internacional) y la impotencia al tratar de salvar su vida. El material real no dista tanto de lo que podemos encontrar en redes sociales como registro vivo y actualizado día a día del genocidio en territorios palestinos. Sin embargo, es un acierto que esta historia se cuente a través del punto de vista de los voluntarios telefónicos en vez de recrear el ataque y el espacio en el que Hind Rajab se encuentra sin poder salir bajo riesgo de muerte. No se optó por el refuerzo visual de mostrar a la persona más vulnerable, sino que se tomó a aquellos que sienten el golpe ante la autenticidad de esta voz, como la audiencia misma lo hace, con la diferencia de que en el servicio telefónico la desesperación se acentúa por sentir que tienen en sus manos alguna pequeña posibilidad de cambiar el destino inmediato de la niña.
No hay nada más duro hoy que la verdad y sin embargo, a veces parece insuficiente para mover las emociones, como si la frecuencia de imágenes sensibles nos hubiera insensibilizado hasta habituarnos a su presencia cotidiana. En una sala de cine, con los estímulos reducidos y enfocados a un lugar central, podemos retornar, tal vez, a ese espacio de sensibilidad. Si la tenemos por las formas trabajadas en el arte, la podemos tener por lo que ellas representan.

En rueda de prensa internacional, pudimos conversar de manera virtual con la cineasta Kaouther Ben Hania, directora de la película:
Mariale Bernedo: Dado el delicado tema de La voz de Hind Rajab, ¿qué representó el mayor desafío de producción? Entendemos que no solo son los desafíos logísticos, sino también quizás reforzar la confianza en el ambiente, gestionar la carga emocional en el set o la ejecución técnica de la visión de la película en circunstancias tan difíciles.
Kaouther Ben Hania: Así es. Es un evento que sigue en curso, estamos haciendo una película de algo que pasó recientemente y que sigue pasando mientras estamos en rodaje. Escuchábamos historias de otras Hind Rajab. Es algo histórico y necesitaba hacer una película para que sea recordada y que tenga un impacto. La voz de esta pequeña niña sigue resonando. Cuando pienso en esta película en términos de logística, es muy sencilla: tienes una locación, cuatro actores maravillosos, algunos extras que, por cierto, todos eran palestinos. Pero, debido al contexto y a la historia ocurriendo en simultáneo, ha sido la película más complicada que haya hecho. Al mismo tiempo, esta película me enseñó y le dio a los actores y equipo de rodaje el sentido de lo que el cine puede hacer. Yo me hacía muchas preguntas a mí misma acerca del cine, de su impacto, de lo que puede hacer en el mundo en el que estamos viviendo… Y sabes, yo estaba empezando a perder la fe, en cierta forma, en el cine. Pero con esta película, y cuando vi la respuesta de la audiencia en el Festival de Venecia, estuvo más allá de mis expectativas.
El éxito en el Festival de Venecia con una ovación de 23 minutos generó atención sobre ella, además de tener el respaldo como productores ejecutivos de figuras como Spike Lee, Jonathan Glazer, Alfonso Cuarón, Joaquin Phoenix y Rooney Mara. Sin embargo, las complejidades alrededor de La voz de Hind Rajab, se extendieron incluso a su distribución. Su estreno en Latinoamérica fue anunciado por la distribuidora CineCANIBAL, pero no tuvo mayor difusión a nivel local para su llegada a cines este 12 de febrero en Perú. Sobre el tema, Kaouther nos comentó el escenario vivido hasta fines del 2025, con su distribución Europa y Norteamérica:
Kaouther Ben Hania: Cuando la película llegó a los cines, no fue porque tuviera una gran maquinaria detrás de ella. Pero era muy interesante ver el boca a boca alrededor de la película. Cuando ven la película, salen hablando de ella, todos la comentaban, porque la película te conmueve de forma muy profunda. En Italia, tuvimos alrededor de doscientos mil espectadores, teniendo en cuenta que el público italiano no ve mucho cine subtitulado. El distribuidor decidió que se proyectara con subtítulos, porque se llama “La voz de Hind Rajab”: no puedes doblar este tipo de película. En Francia, ocurrió algo parecido. En Estados Unidos, empezamos con dos salas, y a partir de entonces llegó al público, salió del nicho de audiencia. Y antes, mientras hacíamos la película, fue muy difícil en especial para los actores palestinos. Además, cada uno de ellos tenía su propia historia, recuerdos de su infancia que los tocaban.
Pero seguíamos adelante porque nos recordábamos que esta película es necesaria, tenemos que dar testimonio, y para los actores palestinos especialmente, era necesario que se cuente la historia desde dentro.
La imposibilidad de doblar una película basada en la grabación de la voz original entra en diálogo con el factor oral del boca a boca que menciona la cineasta. Las audiencias que recomendaron la película fueron, a su vez, una extensión de la voz de la pequeña Hind Rajab, que suena aún con dificultad en medio de otras miles de voces silenciadas. En el Festival de Cine de Doha, Wissam Hamada, la madre de la niña, contó que la voz de su hija sigue despertándola todos los días. Los géneros cinematográficos esta vez se pudieron amalgamar y encontraron en su unión una propuesta artística que no teme afirmar su rol inherentemente político y social. El cine no nació de la indiferencia.

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