Maggie Gyllenhall es una reconocida actriz estadounidense que ha sido nominada al Oscar y al Globo de Oro en más de una ocasión. En el 2021 inició una carrera detrás de las cámaras, dirigiendo el drama The Lost Daughter, una compleja historia sobre maternidad, basada en la novela de Elena Ferrante y que obtuvo buenas críticas y premios.
Este 2026, pocos meses después de que Guillermo del Toro estrenara su versión de Frankenstein para Netflix, ella estrena ¡La novia!, una suerte de secuela del film de terror de los años 30, dirigido por James Whale, aunque este nuevo film no tenga nada que ver con ninguno de los dos.
Para ello ha vuelto a contar con Jesse Buckley, la actriz que la acompañó en su debut cinematográfico, acompañada de Christian Bale, Penélope Cruz, y para hacer la película más familiar, los acompañan su esposo Peter Sarsgaard y su hermano Jake Gyllenhall.

En cierta forma el arranque es parecido al film de 1935, porque se inicia con la voz de Mary Shelley, afirmando que aún falta contar su historia más interesante. Pero las circunstancias son muy diferentes, mientras en film Shelley contaba su historia a Lord Byron y Peter Shelley, acá se encuentra atrapada en una especie de limbo en blanco y negro, desperada por salir de allí y de una forma u otra termina ingresando al cuerpo de Ida (Jesse Buckley), una mujer que suele salir con los esbirros del capo de la mafia local, por lo cual termina muerta.
Mientras tanto Frankenstein (Christian Bale), de apariencia horrible pero con una enorme sensibilidad y amor al cine, llega también a Chicago en busca del doctor Euphronius, un brillante investigador que ha trabajado mucho en casos de reanimación. Cuando se encuentra con ella (resulta ser mujer), le suplica le dé una compañera para aliviar la agonía de estar décadas solo, la científica termina aceptando y juntos van en busca de un cadáver que resulta ser Ida, a la que terminan reanimando, y quien en su nueva vida no demorará en meterse en problemas.
Estos minutos iniciales, son lo mejor de la película, tienen un ritmo acelerado, una estética ecléctica que mezcla elementos del dadaísmo con el gótico y el punk y que además están repletas de citas y referencias de otras películas: la reanimación de Ida por ejemplo es un homenaje a Metropolis de Fritz Lang, la salida del salón con los dos violadores atacando a Ida es una cita directa a Irreversible de Gaspar Noé, casi todas las escenas donde aparece Jake Gyllenhaal encarnando al ídolo Ronnie Reed, son una copia de los clásicos que hizo en su tiempo Fred Astaire, la secuencia del baile de «Puttin’ on the Ritz» (no podía faltar este tema), homenajea tanto a Young Frankestein de Mel Brooks como al baile de «Thriller» de 13 Going On 30. Están también las fugas de la pareja protagonista que recuerdan mucho a las de Bonnie and Clyde (no en vano un personaje tiene ese nombre), entre muchas otras.

Todo, esto ya lo hemos dicho con un ritmo trepidante, que mantiene la atención de ciertos espectadores, pero también con una dosis alta de violencia, que empuja a otros fuera de la sala. Pero ese no es el problema de ¡La novia!
Los problemas comienzan con la trama secundaria de la inusual pareja de policías por Peter Sarsgaard y Penélope Cruz, cuyos personajes están diseñados tan burdamente que son un cliché andante. Ellos no tienen tanta suerte como la otra dupla protagonista, en ese sentido.
La otra trama del film, la de la revolución “Muerte Cerebral” que supuestamente es iniciada por las acciones de La Novia, y que reivindica varias causas feministas, tampoco es muy creíble, surgee de modo superficial y parece metida en la historia con calzador.
Juntar esa lista de elementos tan dispares como inabarcables en un film, hace que a la directora Maggie Gyllenhaal se le escape el control de la película y llegue a un final, tan forzado como improbable. Definitivamente se pudo lograr un trabajo mejor.



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