«Salvajes» es una escuela/laboratorio de creación cinematográfica impulsada por la asociación cultural Elgalpon.espacio y patrocinada este año por el Programa Ibermedia: un programa que invita a cineastas emergentes y creadores interdisciplinares a desarrollar procesos autorales, críticos y experimentales, con énfasis en voces descentralizadas, mujeres y personas LGTBIQ+, y sin exigir formación académica previa en cine. En 2026, «Salvajes» vuelve a abrir su convocatoria y propone una experiencia híbrida que combina encuentros online (de fines de junio a fines de septiembre) con un “Encuentro Salvaje” presencial de ocho días en Lima (21 al 28 de agosto), dentro de un proceso que se extiende del 26 de junio al 10 de octubre; en esta edición, la escuela ofrece 15 becas completas (8 para Iberoamérica y 7 para residentes en Perú).
«Salvajes» además propone un tipo de experiencia. Por eso conversamos con Diana Daf Collazos, co gestora de la escuela, sobre el espíritu que alimenta este programa y la forma particular en que conciben el cine. En su relato, el proyecto aparece como un espacio que retrocede unos pasos frente a la industria para volver a lo sensorial y a lo humano: “poner el cuerpo como un eje de conocimiento”, poner a prueba la vulnerabilidad y construir un lugar de confianza. Más que perseguir un “producto final”, el proceso se vuelve un camino compartido: una práctica de cuidado, escucha y mirada, donde cada participante aprende a reconocer —y a sostener— su propio lenguaje.

Ricardo Mendoza: Algo que me interesa sobre la propuesta es que ustedes proponen un tipo de cine como proceso, un cine también que se arraiga y proviene con la importancia del cuerpo. Es como si las películas empezaran desde la piel, desde lo que se siente, y antes de volverse un producto, o bueno, antes de que cobre una forma cinematográfica. Lo otro que me llama la atención es ese sentido de comunidad que también propone el espacio y el proyecto. Más allá de esta creación colectiva no solo como una consigna, sino también como una especie de práctica que necesita y que construye un espacio de confianza, de cuidado, de escucha, para sostenerse entre las personas que finalmente participan en la selección o participan de la formación. En «Salvajes», ¿de dónde viene esa manera de pensar la creación? ¿Dialoga con metodologías que provienen, quizás, de lo escénico, del performance, del trabajo de la presencia o de otras tradiciones? Y, en concreto, ¿cómo se traduce eso en estos ejercicios y decisiones metodológicas que ustedes proponen en su propuesta?
Diana Daf: Sí, creo que cuando empezamos a pensar «Salvajes» estábamos pensando en cómo hacer un encuentro, un programa que retroceda unos pasos frente a la industria, y que sea un espacio donde podamos poner a prueba nuestras vulnerabilidades, donde podamos poner el cuerpo como un eje de conocimiento también. Pensábamos en la jerarquía que tienen en el audiovisual los ojos, el sentido de la mirada. Haciéndonos preguntas en relación con la mirada, decíamos: ¿dónde están los otros sentidos? ¿Cómo creamos con todos los sentidos, si además el cine es una experiencia humana? Desde ahí, a partir de esa pregunta, pensamos en cómo podemos colaborar con el lenguaje cinematográfico. Porque muchos espacios de formación están más enfocados en lo concreto —en el sentido de la carpeta, del guion—, pero lo sensorial queda un poco dejado: “bueno, eso que el director lo vea”. Pero el director, ¿cómo lo ve?, ¿cómo lo siente?, ¿cómo lo percibe? ¿Dónde está ese espacio donde puede ponerse a prueba también sus sentidos?
Entonces dijimos: vamos a retroceder y vamos a volver al cuerpo, que es lo que nos conecta más entre uno y otro. Ahí también sumaba la experiencia que yo traigo de El.galpón haciendo artes escénicas y performance, porque muchas veces los cineastas no tienen herramientas para crear este tipo de metodologías que también involucran el cuerpo. En esa primera reunión donde estábamos conceptualizando «Salvajes» —y por eso también se llama así— queríamos volver a lo agreste, a lo orgánico: quitémonos toda la técnica en la cabeza un rato. Quitarte todo eso, lo que supuestamente sabes, te desbloquea y te abre un panorama a otras cosas. En esa reunión estábamos con Diana Castro, que es la otra gestora del espacio, y con Aldo Cáceda, que es uno de los acompañantes en el módulo de miradas cinematográficas. Creo que ahí se formaron estos conceptos iniciales. También era preguntarnos qué significa tener una mirada de autor y en qué momento nace la autoría: un sello personal de cómo mira cada uno el mundo y cómo eso lo puedes traducir en el cine. Entonces, para profundizar en eso —en que tu mirada ya es en sí misma un lenguaje— es que hacemos «Salvajes» y lo planteamos desde ese lugar.

Ricardo Mendoza: Me llama la atención si es que de esta forma se logra que en cada uno de los participantes surja una manera distinta de mirar con sus propias sensibilidades y con sus propias maneras de sentir. Viendo este proceso, ¿cómo es que cambia la pieza cinematográfica o cómo es que cambia el resultado final? ¿o qué podrías decirnos de eso que caracteriza como piezas finales de las personas que pasan por este proceso?
Diana Daf: Sí, yo creo que antes de que cambien la pieza final, que también sucede, cambian las personas. Y creo que eso es importante porque, nosotros proponemos un proceso que dura tres meses y es poco tiempo para procesar toda la información, para abrirte y para encontrar tu forma de crear, pero lo que damos es un camino. Veo cómo entran y cómo salen, y qué posibilidades se abren para ellos a futuro. Muchas veces, la pieza “final” no alcanza a mostrar con claridad ese camino audiovisual que ya empezó. En varios casos, la gente trabaja con material propio; eso suele criticarse, pero para mí es una forma de empezar con lo que tienes a mano. No significa que vayas a crear así toda la vida, sino que así desbloqueas tu sensibilidad y luego puedes llevarla a otros proyectos, aunque ya no seas el eje principal. Si no lo pruebas contigo mismo, ¿cómo lo trasladas y construyes una metodología para lo siguiente? Por eso digo que en ese proceso también cambia uno.
Nosotros no pedimos que al terminar la escuela exista un material 100% acabado. Lo que sí exigimos es rigor: que la idea se sostenga y atraviese, de manera constante, los distintos módulos del proceso. No se trata de estar cambiando de concepto todo el tiempo, sino de trabajar sobre una misma idea que va pasando por cada etapa, se va transformando y también pasa por el cuerpo. Lo que nos interesa es ver en qué se convierte esa idea después de ser puesta a prueba por módulos, conceptos y prácticas. Al final, lo que llega es lo que llega: cada participante tiene la libertad de decidir si eso ya está terminado o si fue parte de un proceso. Algunos continúan trabajando después y lo cierran; para otros, lo producido funciona como una referencia para un trabajo mayor.
Ricardo Mendoza: Algo que también me llama la atención es que, dentro de sus criterios, no necesariamente se prioriza que la gente tenga formación académica en cine. Siendo que la prioridad está en otro lado: en abrir el espacio para personas que vienen de regiones, también para mujeres y para personas de la comunidad LGTB, y para personas que llegan con un proceso de arraigo con el territorio, la cultura, o con ese encuentro que propone el programa.
Diana Daf: Sí, porque no estamos buscando un tipo de historia, sino diversidad de historias. Y creo que fuera de la capital hay muchas historias que todavía no se han contado y menos han sido contadas por las propias personas que lo han vivido. Entonces, a nosotras nos parece importante que eso esté, que se vea reflejado como una identidad «Salvaje». Y creo que apostar por ciertas minorías que aún no están tanto en el cine es también un poco eso. Como también tener estas historias que no han sido representadas de alguna manera. Creo que eso es lo que más nos interesa de estas personas.
También decimos que no es necesario tener una experiencia previa en el cine, pero sí un interés, y sí algún tipo de trabajo previo que haya fluido o que haya venido de formación de talleres. Pero, por ejemplo, si hay alguien que estudió cine en una escuela local o extranjera, pues va a tener menos posibilidades de poder estar en nuestra escuela porque ya ha podido acceder a esa formación. Y nosotros queremos apoyar a las personas que no han podido tener formación y que no pueden porque cuesta mucho dinero también acceder a esto. Y por eso es un programa gratuito que otorga becas.

Ricardo Mendoza: Vi un video resumen de una de las experiencias de la escuela, y me llamó la atención que, en la primera sesión, comienzan con ejercicios del cuerpo: dinámicas grupales donde los participantes realizan movimientos y prácticas corporales. ¿Podrías contarme un poco más sobre esos ejercicios o dinámicas como herramientas creativas?
Diana Daf: Sí, ahí hay varios objetivos. Hemos tenido ciertas ideas en la cabeza y las hemos ido poniendo en práctica, y creo que conforme se han ido dando las ediciones. Por ejemplo ese módulo que tiene que ver con embodied cam —la cámara en el cuerpo— también se ha ido perfeccionando. Por un lado, está el objetivo de relacionarse con el otro, porque tú llegas por primera vez a un espacio donde solo has visto a los demás online, no presencialmente, y empiezas a relacionarte mirándote a los ojos. Esos encuentros son como una “metida de velocidad” para conocerse, y entonces la mayoría de miedos, de paltas y de sociabilización se pierden muy rápido. Ese es uno de los objetivos. Pero el principal es, como te decía, la activación de los sentidos y, de alguna manera, la decolonización del cuerpo. Nosotros no nos damos cuenta de cuántos prejuicios cargamos en el cuerpo y también en nuestra mirada. Entonces hay un ejercicio que, por ejemplo, es mirar al otro como si fuese un ente que ves por primera vez, como si miraras a un extraterrestre. Y en esto también uno se va descubriendo a sí mismo: cómo mira a un otro. Creo que eso es importante para hacer cine: para ver cómo tú ves a tus personajes, cómo vas a ver a tus actores después y el tipo de humanidad que quieres transmitir cuando lo hagas. Entonces va por ese lado: la sensorialidad y la memoria corporal, que es algo que vivimos todos los días pero de lo que no somos conscientes. Eso nos ayuda a poder ver gestos comunes a la hora de interactuar, y eso también te va a ayudar a dirigir películas de todas maneras.
Lo último que hacemos es cómo grabar, cómo fotografiar, o incluso cómo crear imágenes sin cámara. Ahí todo pasa a ser como un encuadre mental. Pasamos por hacer también imágenes sin los ojos, porque podemos crear desde el sonido y desde la percepción, y nos damos cuenta de cómo este sonido, este sentido de equilibrio, de eje y todo eso también pueden ser parte de una película. Cómo crear un guion sonoro que tenga una narrativa, que acompañe o que sea otra capa de historia sobre lo visual: muchas veces estamos desconectadísimos de eso, pero claro, porque no le estamos tomando conciencia al sonido y a cómo nos afecta realmente. Cómo nos guía a la hora de caminar —que es algo tan simple—, cómo nos da eje de equilibrio y un montón de cosas más. Entonces creo que todas estas herramientas de sensibilidad, que son básicamente las maneras en que aprendemos el mundo, son las que se desbloquean en estas primeras sesiones. Para que, cuando vayan a grabar o vayan a hacer sus propios proyectos, ya puedan mirar con un sentido más integral: más desbloqueados o, digamos, también más conscientes. Más conscientes de esas sensaciones.

Ricardo Mendoza: Sobre el acompañamiento de este proceso, imagino que también hay personas que llegan con historias que pueden ser muy personales, o que en algún momento hacen como una apertura de puerta hacia cierta vulnerabilidad. En ese sentido, ¿cómo se acompaña eso? ¿Te has chocado con que haya habido algún tipo de situación de riesgo o vulnerable? ¿Qué marcos ponen ustedes para sostenerlo desde lo pedagógico?
Diana Daf: Sí, nosotros en la primera sesión siempre hablamos de que estamos creando un espacio de cuidado. Y que los proyectos que se cuentan o las sesiones que tenemos donde contamos de dónde vienen nuestras experiencias, todo queda dentro de grupos «Salvajes». Que no es algo que se pueda comentar hacia afuera. También decimos que estamos nosotras como un espacio de cuidado de sostener ciertos procesos, pero que también hay mucho autocuidado y una autorregulación de hasta cuánto pueden abrirse. Porque si bien podemos acompañar los procesos, no somos terapeutas y no tenemos las herramientas como para sostener algo demasiado drástico. Entonces ahí hay un equilibrio: te voy sosteniendo, pero tú también haz tu autorregulación, tú también cuídate, hasta dónde llegas sin maltratarte. Porque no se trata de sacrificarse. Y si en algún momento nos ha pasado alguna actitud así, la frenaríamos también. Porque crear te pone muy vulnerable, y uno mismo tiene que tener en cuenta su límite para no pasar malos ratos.
Ricardo Mendoza: Con respecto a lo que mencionabas sobre esta distancia frente a ciertos modelos tradicionales de enseñanza, y también esta propuesta desde la interdisciplina y la experimentación que ustedes plantean: ¿de qué manera sienten que esos modelos tradicionales ya no responden a las nuevas voces iberoamericanas o a las voces de los propios participantes? Y te lo pregunto para aterrizarlo: ¿qué aspectos de estos modelos serían los que ustedes observan como más problemáticos o criticables desde ese lugar?
Diana Daf: Sí hay una distancia, pero no hay una ruptura radical. Esos modelos son los que gobiernan la industria comercial. Nosotras, pensando en un modelo de industria más de autor, incluso ahí vemos que hay toda una forma de entrar a un circuito de industria internacional que tiene que ver con crear carpetas: es más un sistema de producción que de creación. Igual, todo eso sí lo hablamos en «Salvajes». Hablamos de hacer una sinopsis, de las cartas de motivación, de tratamiento y ese tipo de cosas. No es lo inicial, pero está también porque no podemos actuar como si no existiera; hasta ahora sigue siendo el mecanismo. El ideal sería que, desde nuestros propios lugares, desde nuestros propios países, creemos una industria que sea distinta. Pero para eso se necesita el trabajo de un montón de gente, no solo el nuestro. Y lo hablamos cuestionándolo, no como “esto es así, es la única verdad y se acabó”, sino más bien reconociendo: “esto existe”, y preguntándonos cómo nosotras también podemos colaborar para que cambie en algún momento. No sé si tiene que ver con la pregunta que me has hecho, pero recientemente estaba viendo que están saliendo novelas creadas con inteligencia artificial, donde los personajes son frutas, gallos y no sé qué; y todas replican el modelo aristotélico y, además, el modelo de novela tradicional: esas novelas que ya no vemos desde la época de niña, que vuelven ahora, y donde la renovación es, digamos, solo estética. Tú dices: ¿qué está pasando con las narrativas?, ¿por qué estamos volviendo a esto? Y me ponía a pensar que, si esto es como la nueva realidad, los que hacemos este tipo de cine vamos a generar cierta resistencia y cierto matiz dentro de todo este espectro grande. No creo, por ejemplo, que vayamos a desaparecer, pero sí: cuando vives en un mundo donde todo está fabricado por una tecnología, me pregunto, ¿dónde encuentras lo humano?
Entonces creo que ahí están las preguntas que también nos podríamos hacer, en relación con la nueva industria que se va a venir a raíz de todo esto, de todos estos avances tecnológicos. Porque muchos jóvenes van a decir: “este es el camino”, y claro, puede ser un camino; es un camino estético, en todo caso. Pero finalmente, te cuestionas cómo lo llenas de contenido y cómo lo llenas de una narrativa que sea distinta.

Ricardo Mendoza: Hay un tipo de cine que cuenta desde una sensibilidad distinta, donde se percibe una mirada y una manera muy particular de sentir. En ese sentido: ¿tienes referentes o sensibilidades cinematográficas hacia las que te inclinas más? ¿Qué cineastas, películas o tradiciones te han marcado, y de qué manera alimentan o influyen en tu convicción sobre cómo realizar películas?
Diana Daf: Sí, yo soy fan de Apichatpong Weerasethakul y Chantal Ackerman, y claro, primero conocí sus películas, y después cuando fui explorando me di cuenta que los dos hacían video arte, y hasta cierta forma video performance. Y han explorado mucho en ese lenguaje, cuando he encontrado estas otras piezas que no son cine, pues me han encantado mucho más, porque claro, hay una licencia más grande para ser más poéticos, más conceptuales, o como no hay esta pretensión de la industria del cine, poder probar con visualidades muy complejas, o que a alguno les podría parecer hasta aburrido, o a otro muy fuertemente político. Entonces, sí, yo miro mucho, mucho a ellos, y reveo, y hablo, porque me pegué con estos dos, son grandes cineastas. De Apichatpong, me gusta esta capacidad que tiene de poder entrelazar mundos como si fuesen uno solo, y creo que eso es súper complicado de hacer. Y él lo hace ver tan fácil que me gusta mucho. Creo que resueno mucho con eso, ya son cosas más ideológicas pero esos temas de cómo no estamos solos, de que vivimos acompañados con más personas, que siempre están entre el mundo de aquí y allá, presentes, fantasmas, o sea, como un montón de cosas, y hacer visible todo eso a la vez. Con la sutileza que lo hace, pues a mí me parece alucinante.
Ricardo Mendoza: De alguna forma nos hemos adelantado una pregunta que suelo hacer al final sobre esas películas que resuenan en uno como experiencia vital y que forman parte de ese “disco duro” que todos tenemos que se queda en nosotros. ¿Sientes que hay ciertas obras que han moldeado tu manera de mirar y de contar? Pueden ser diferentes productos culturales también.
Diana Daf: Sí, antes de mencionar películas, quería decirte que también me gusta mucho una fotógrafa que se llama Francesca Woodman. Amo su trabajo fotográfico, también ha hecho mucho autorretrato en su vida. Creo que las cosas que tienen esta onda performativa, media cine y fotografía súper pensada, conceptualizada, me gustan un montón. Te soy sincera, soy pésima con acordarme los títulos de las películas. Me acuerdo más de las imágenes. Pero, por ejemplo, cuando tenía 17 años empecé a ir a la Filmoteca de Lima, y una de las primeras películas que me impactó ahí fue El gabinete del doctor Caligari, que me hizo ver una forma de la que yo no sabía que se podía hacer cine. Estaba acostumbrada a esa edad a ver sólo las películas del cine comercial y cuando vi esa película fue, guau, así empezó el cine. Y entonces, claro, me convertí asidua de esta filmoteca, y ahí pasaban un montón de cosas, Nosferatu, en blanco y negro y en fílmico, que ahora ya no tenemos esos espacios; por ahí hay como un primer acercamiento.
Y luego, bueno, ya volviendo a Apichatpong, Cementerio de esplendor, es una película que me sacó, también fue una experiencia verla en pantalla grande, pude verla en cine, entonces fue muy, muy chévere. Luego, no recuerdo bien el nombre de una de una de Agnès Varda (Reponse des femmes), que es un corto, en realidad, donde salen muchas mujeres, y es muy feminista. Y hay otra película de ella, que es una ficción sobre una chica que queda embarazada y un montón de cosas que le van pasando (L’une chante l’autre pas).
Ricardo Mendoza: Claro, y parte también de ese background no necesariamente tiene que ser fílmico. De repente, en tu caso, imagino o intuyo que hay un acercamiento con la poética y que eso muchas veces contribuye a nuestra manera de mirar.
Diana Daf: Sí, tenía un pasado bastante poético, leía bastante poesía. Empecé mucho con Pizarnik, Eielson, Blanca Varela. Esos son los que más me han tocado, Watanabe también. Y en performance, por ejemplo, Ana Mendieta es alguien que me gustó mucho. Ahora que lo dices, sí, porque creo que al menos en mi caso, y esto es más personal, me gusta mirar la imagen desde todos estos lugares. Hay mucho simbolismo, mucha poesía. Creo que yo llegué a las imágenes por la poesía, o más bien la poesía me llevó a las imágenes y para mí es escribir poemas cuando haces imágenes.

Ricardo Mendoza: A veces la poesía es como imagen pura, ¿no?
Diana Daf: Siempre es como visual, siempre es una referencia.
Ricardo Mendoza: Retomando la metodología de «Salvajes», ¿cuáles son esas herramientas centrales de su propuesta y de este acompañamiento de quienes se van a encargar de la formación?
Diana Daf: Nosotros hemos hecho el programa distribuido en módulos. Está el módulo «Caminos de la creación», que es el módulo de acompañamiento del proceso de la idea, desde cómo llega hasta cómo se va. Ahí somos tres las asesoras: Diana Castro, Carla Amaro y yo. Luego está el módulo de lenguaje cinematográfico, que se divide en sesiones de miradas cinematográficas y es más como una visión del cine desde lo ético y lo estético. Está el módulo de narrativas, que lo va a hacer Invasión Cine. Luego va a haber un módulo de escritura creativa con Martín Solá, de Argentina, y sonido con Mirela Bellido, dirección de fotografía con Natalia Grande, producción con Diana Castro y Bely Martínez, de España. Luego viene el encuentro presencial, donde hacemos visionados, hacemos el taller de cuerpo y cámara, hacemos charlas sobre archivo. Dentro de todo el proceso también hay charlas magistrales, que usualmente son de postproducción, lo ha estado haciendo Marco Panatonic. Y las prácticas del archivo; hacemos visionados comentados, creo que hay bastante diversión, y tratamos de abarcar un poco todos los aspectos principales de hacer una película.
Ricardo Mendoza: Quería preguntarte también por el equipo a cargo de la formación. ¿Qué perfiles y sensibilidades buscan en quienes acompañan estos procesos?
Diana Daf: Hay personas que han trabajado en cine independiente, pero también en cine comercial. Hay personas que enseñan en universidades hace años y para ellas ha sido una oportunidad tener un espacio así, porque dicen que aquí pueden probar cosas que no se pueden hacer en la universidad. Eso es súper chévere. Y ya tienen metodología de enseñanza. También hay personas con formación autodidacta que, con el tiempo, se han especializado con másteres y cosas así. Entonces hay una combinación bastante rica de quienes llamamos acompañantes: vienen de diferentes experiencias, prácticas y visiones. Unos son más metodológicos y otros son más de “probemos todo”. Eso a nosotras nos ayuda porque estamos en un flujo constante de volar y aterrizar. Eso es importante para cualquier proceso creativo. Y también tienen el don de poder decir las cosas que ven en los ejercicios de una manera consciente y sin herir a nadie. Esa capacidad de transmitir conocimientos nos interesa mucho. Y, además, por esto de sostener un espacio de cuidado. Ese es el perfil que ha ido pasando por «Salvajes»: gente que, a su modo, quiere mucho el cine y ama lo que hace.
Ricardo Mendoza: Aparte de brindar ciertos aprendizajes, hay como una especie de experiencia también de desaprender cosas. ¿Se podría decir eso?
Diana Daf: Sí, creo que el desaprender se da en que constantemente estamos cuestionando lo que sabemos. En ciertos módulos es como decir: “Olvídate un rato de eso y entiende esto otro”. No es una postura firme. Hay mucha flexibilidad. A veces es útil que incluso las cosas más experimentales pasen por la prueba del guion aristotélico, no como forma narrativa, sino como tensiones: ¿qué está tensionando esta imagen? Incluso, ¿qué tensión está generando el color? No es anular y decir “no existe”, sino sumar: cómo lo replanteamos, cómo lo cuestionamos, cómo nos ayuda en algunos momentos y cómo lo dejamos ir en otros

Ricardo Mendoza: Si bien quienes postulan tienen disposición y, en cierta medida, ya están familiarizados con la propuesta. ¿Han encontrado resistencias a la metodología o desacuerdos al momento de transitar el proceso?
Diana Daf: Un choque confrontacional no lo hemos vivido. En las dos primeras ediciones tuvimos a alguien que desertó, uno en cada edición, y luego cuidamos que no vuelva a pasar porque es una beca perdida. Una deserción fue por falta de tiempo. La otra fue porque la persona estaba obsesionada con un guion larguísimo y le costó entender que el cine también son imágenes y puede partir de la creación con imágenes. Después ya no pasó. Ajustamos normas de asistencia y compromiso, y ahora tenemos más maña en la selección. Implementamos que la carta de motivación sea oral y grabada para conocer a la persona, porque con las herramientas de IA sentimos que algunos textos venían “procesados” y sonaban extraños. Y, si es necesario, haremos entrevistas.
Ricardo Mendoza: ¿Cuáles son los criterios que priorizan para seleccionar a las personas? Y, en general, ¿cómo describirías el perfil de alguien que entra al programa y lo termina de inicio a fin?
Diana Daf: Yo creo que este año vamos a hacer una selección muy creativa y también con un porcentaje productivo, logístico. Pero en lo creativo hay varias cositas que se piden en el formulario, y hay dos cosas que consideramos importantes. Una es la carta de motivación y la otra es el retrato. Bueno, no es autorretrato: es el retrato personal. Ahí lo que vemos más que nada es el lenguaje cinematográfico, la forma de mirar que está teniendo esta persona.
Entonces decimos: haz algo visualmente que te represente. Y eso, para nosotras, es el retrato visual: una especie de mood visual personal, por decirlo de alguna manera. Y en la carta de motivación, ver realmente qué le está motivando a asistir a esta escuela. Creo que eso es sumamente importante sentirlo porque, al menos hasta ahora, hay perfiles que son, por ejemplo, gente que ama el cine, que le encanta desde chiquito, y que realmente no ha tenido oportunidad económica de poder estudiar cine. Entonces, eso es una motivación. Y si eso está sustentado con su retrato visual, se entiende: tiene lógica, es compatible.
Creo que eso es un poco lo que valoramos: que haya una real intención de aprender, un compromiso con el tiempo y con el espacio. Y, sobre todo, personas que tengan la capacidad —como algo que mencionaste al inicio y creo que no lo hablamos— de trabajar en equipo, de tener capacidad de colaboración y cooperación. Porque algunas asesorías se hacen con todo el grupo, que son 15 personas, y otras se hacen en grupos de 5. Entonces, ahí los aportes no solo vienen del lado de las asesoras, sino también de todo el grupo. Y también personas que tengan la habilidad de cuidar el espacio, la sensibilidad de cuidar el espacio que se está abriendo para poder decir lo que se dice. Siempre digo que este tipo de cosas es más una curación de energías que de portafolios. Va un poco así también, porque es pensar, luego de una primera selección, quién combina con quién, y decir: “mira, este puede hablar de esto con este; este le va a dar el otro lado; este le va a hacer ver esto”. Entonces, ya en la última selección se ve cómo el grupo se hace diverso y cómo va a poder dialogar entre sí. Y ya, finalmente, la última categoría —más de producción— es ver de qué país viene, o de qué ciudad viene, cuánto se demora en llegar, qué tan complicado va a ser, si hay visa o no, etc. Pero creo que todo lo que te he dicho, de lo creativo y lo energético, es lo que más hemos trabajado hasta ahora.
Ricardo Mendoza: Pensando en el recorrido de la escuela, desde la primera edición hasta la más reciente, ¿qué aprendizajes metodológicos han sido más significativos para ti? ¿En qué aspectos sientes que han ido modulando, cambiando o afinando el proceso con los años?
Diana Daf: Cada edición ha sido un aprendizaje y una experiencia. Conforme avanzamos, hemos ido cambiando cosas, y esos cambios también dependen bastante de los fondos: de cuánto se puede invertir cada año. En esta edición vamos a probar algo nuevo: hacer el encuentro presencial en nueve días. Siempre nos hemos preguntado si esa es la forma idónea o no, y es la primera vez que lo vamos a probar. Lo haremos en Lima por logística: es más caro traer a todos a Cusco o a cualquier lugar fuera de Lima. Incluso para las nacionales es más difícil moverse entre ciudades, y por el centralismo es más fácil llegar a Lima. Luego, en metodología, hemos ido soltando un poco la idea del “proyecto final”, de la cosa que se presenta al final, porque a veces genera tensiones o corta el proceso. Siempre decimos: “vamos a mostrar hasta dónde hemos llegado con este proceso”. No está bien ni mal, no tiene que ser una obra terminada, sino algo con lo que te sientas a gusto y que te lleves para desarrollar después. No es el objetivo terminar con un corto. En la última edición, el 90% presentaba su proyecto antes de que se viera: contaba de qué era, en qué estado estaba y qué iba a ver la gente. Eso aterriza al espectador: si es un mood, si es un corto que luego puede convertirse en un largo, si es una escena que se está probando, etc. Eso se ha movido orgánicamente estos años y creemos que lo vamos a mantener. Y, en cuanto a módulos y asesorías, siempre estamos afinando. Es chévere tener todo el proceso, pero tres meses conectados online es agotador. Algunos nos han dicho que necesitan un break al medio para distender y luego retomar. Eso es algo que estamos sumando: un intermedio para tener aire, procesar lo que se absorbe, pensar, desarrollar y luego volver.
Ricardo Mendoza: ¿Tienes alguna expectativa sobre los resultados del proceso? Lo digo pensando en ese “resultado” como transformación: ¿qué esperas encontrar cuando termine una edición? ¿Qué sería, para ti, un buen resultado de «Salvajes»?
Diana Daf: Lo que me ha pasado y lo que me parece más bonito —y siempre es la expectativa— es que haya cohesión del grupo: que se entiendan bien, que se comuniquen bien y que terminen felices. En estas ediciones ha pasado que todos terminan cansados pero contentos del programa. Y creo que lo más importante no va a pasar cuando acabe «Salvajes», sino en los años siguientes: ver cómo cada uno desarrolla su propio proyecto y su propio lenguaje, cómo se va metiendo cada vez más al cine. Eso es lo más duro, porque lo duro es continuar y permanecer, resistir. Y que «Salvajes» haya colaborado un poquito en esa resistencia: uno, para no sentirse tan solo; y dos, para haber encontrado herramientas que te ayuden a construir un lenguaje. Con eso yo estoy contenta.

Ricardo Mendoza: Tú, como artista interdisciplinaria y gestora, con trayectoria en lo audiovisual y lo performativo: ¿qué parte de tu experiencia personal sientes que se filtra inevitablemente en la pedagogía de «Salvajes»?
Diana Daf: Yo vengo de una formación en artes escénicas. Estudié Ciencias de la Comunicación con especialidad en artes escénicas y, desde muy temprano, me fui hacia lo audiovisual más desde el lado del videoarte, luego la performance. En general, me interesan muchas expresiones artísticas; no las hago todas, obviamente, pero me interesan, me gustan, las disfruto. Y siempre creo que cada tema, cada historia, encuentra su mejor forma de expresarse. Bajo esa lógica —al menos en mi forma personal de crear— nacen proyectos más interdisciplinarios, porque no pienso desde el inicio “esto va a ser teatro”, “esto va a ser performance” o “esto va a ser cine”. Más bien digo: “vamos a ver qué sale”. Primero sale esto, luego sale esto otro, y me inclino por algo, pero con la suma de todo lo que ya hice. Y creo que eso se filtra. Más que enseñar diversas cosas, se filtra este impulso de decir: “va a encontrar su forma de expresarse”. Creo que eso es base en «Salvajes»: es un espacio de laboratorio, un espacio para equivocarse, entre comillas, en el sentido de que el error no es un error, sino una oportunidad; el error es un descubrimiento. Entonces, en esa metodología, esa lógica, entra de manera subterránea en «Salvajes». Aunque sí tenemos la idea de que lo que vamos a hacer es algo audiovisual: puede ser audiovisual con más cuerpo, puede ser cine “puro”, puede ser algo como un fanzine, o alguien que hace un fanzine y a la vez un corto —que ha pasado—, o alguien que muestra restos de una animación en una exposición y a la vez muestra el corto. No nos desligamos de todo ese proceso, y esos intereses personales están volcados en la metodología. Eso es lo que creo que puedo transmitir cuando hacemos asesorías: un espacio de calma, en el sentido de “tranquilo, no hay que tener una ansiedad loca por saber lo que va a suceder”; pero también un espacio de entrega, de tratar de no juzgarnos tanto, de no ser duros con nosotros mismos, y de abrir esa caja de Pandora que es cada uno. Y decir: “bueno, este es el lugar”. No sabemos si vas a poder tener otro lugar así. Entonces eso es lo que a mí me gusta y lo que aporto: que sea un espacio único de experimentación, de laboratorio, donde puedas arriesgarte. Y, si no vuelve a existir, que al menos lo crees en tu propio día.

Ricardo Mendoza: Para cerrar, retomando todo lo que hemos conversado, si tuvieras que resumir «Salvajes» en una consigna o un principio fundamental para quienes postulan, ¿cuál sería y por qué?
Diana Daf: Bueno, «Salvajes» es un espacio para darlo todo, sin miedo, sin prejuicios. Un lugar donde nos vamos a permitir encontrar nuestra propia voz autoral y nuestra propia forma de crear, que es única e irrepetible para cada uno. Ese “sellito personal” es algo a lo que «Salvajes» le pone mucha atención y mucho empuje.
Ricardo Mendoza: ¿Te animarías a mencionar alguna otra película, o de repente alguna lectura en concreto —aunque creo que ya la has mencionado—, como para completar esa pregunta?
Diana Daf: Tantas cosas que uno ve… Además, hay películas que te marcan por épocas, pero creo que varias de las que ya mencioné son de esas que permanecen. También hay documentales creativos que me gustan mucho, como Los rubios o Teatro de guerra, acabo de recordar S21: la máquina roja de matar. Maya Deren me encanta también: se me viene a la cabeza su corto At Land, por esa forma de editar que tiene, tan libre, con ese fluir de “pasó esto, pasó esto otro…”, imágenes muy simbólicas y un universo femenino muy potente. Son cosas que remiro.
Ricardo Mendoza: ¿Se podría decir que Maya Deren estaría en la manada de los «Salvajes»?
Diana Daf: Sí. Sería una de las acompañantes, sería una salvaje más.

Dato: La convocatoria de Salvajes 2026 permanecerá abierta hasta el lunes 13 de abril de 2026. La cuarta edición se realizará en Lima y propone un formato mixto: formación virtual de junio a septiembre y encuentro presencial de ocho días en agosto. Se otorgarán 15 becas completas, que cubren alojamiento, alimentación, traslados y acompañamiento mediante consultorías, con un equipo de 12 especialistas iberoamericanos (internacionales y peruanos). Las bases y el formulario de inscripción se encuentran en el sitio web de El Galpón Sala de Cine y la escuela mantiene canales de difusión en Instagram y Facebook; para consultas de prensa, el contacto es salvajesescuelacine.prensa@gmail.com.

![[Crítica] «La hija cóndor» (2025): la eterna colisión entre tradición y modernidad](https://www.cinencuentro.com/wp-content/uploads/2026/03/la-hija-condor-01-950x475.jpg)

Deja una respuesta