“Toy Story 2” (1999): el valor de un juguete


Si la primera película centraba la relación con los humanos en el simple hecho de estar para ellos sin importar las circunstancias, aquí la saga entiende que debe dar un paso más. Ahora también se pregunta qué ocurre después de los momentos de juego. De cierta manera, la película comienza a preparar el camino para lo que veríamos en Toy Story 3 (2010), porque ya introduce esa sensación del abandono y del eventual olvido, entendiendo que es una posibilidad completamente real para cualquier juguete. Lo que en un primer momento puede ser simplemente terminar en la parte más alta de una repisa, con el tiempo puede convertirse en una caja de donaciones.

Ahí es donde creo que la secuela da completamente en el clavo. Curiosamente, al ya no tener a Andy tan presente, su importancia cobra todavía más relevancia. Queda muy claro que Woody y los demás existen para Andy durante el tiempo que sea necesario, con tal de hacerlo feliz. Lo que venga después es algo que la saga desarrollaría más adelante, pero aquí ya empieza a sembrar esa idea.

Además, en esa reflexión también entran en juego sus dos antagonistas. Por un lado está Al, un adulto obsesionado con el coleccionismo que busca otorgarles una suerte de vida eterna a los juguetes. Por otro está el Oloroso Pete, quien comparte esa misma desconexión con el propósito real de un juguete, fruto de su resentimiento por nunca haber tenido a alguien que juegue con él. Ambos son personajes que muestran un interés prácticamente nulo por los niños, con uno viendo los juguetes únicamente como objetos de colección, mientras que el otro termina viéndose a sí mismo como alguien hecho solo para ser observado y admirado, sin la necesidad de ser especial para una persona en particular. Esa aparente inmortalidad, al final, tampoco se traduce en nada verdaderamente valioso.

Justamente ese resentimiento (que en realidad es miedo) termina transmitiéndose a Jessie. Después de haber vivido el abandono, ella cree que un vínculo como el que tuvo con Emily jamás podrá repetirse. Sin embargo, la película demuestra que sí puede volver a ocurrir. De eso se trata, en el fondo: de comprender el ciclo natural de la vida de un juguete y disfrutarlo mientras dure, porque precisamente ahí reside el sentido de su existencia. Y creo que es esa idea la que termina haciendo de Toy Story 2 una secuela tan notable.


Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *