A.K.

El francés Chris Marker se introdujo en 1984 dentro del rodaje de la nueva cinta épica que Kurosawa venía preparando tras la monumental Kagemusha. La película en cuestión sería Ran y como la anterior presentaría una visión desoladora pero a la vez misteriosa del fenómeno de la guerra y sus motivaciones. Es a partir de esa idea que el propio documentalista se dedica a indagar sobre ese hombre detrás de los antojos oscuros y los guantes, siempre meticuloso en extremo, capaz de solucionar alguna cuestión creativa con solo una frase, tal y como su experiencia profesional se lo permite, aunque también asome en él la sobra de lo enigmático, ya sea cuando la cámara lo registra de cerca o de lejos como parte de ese mundo de laborioso artificio, todo un castillo de fantasía creado en el Monte Fuji.

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