Cannes 2014

Como él mismo ha sabido anunciar, Adiós al lenguaje arranca, o más bien puede arrancar, por una idea “sencilla”. Más que sencilla, dura y noble. Jean–Luc Godard recuerda una vieja premisa acuñada de alguna manera por todos, filósofos o no, de postguerra que parafrasearé: después de lo que llevó a la segunda mundial y las consecuencias en el cuerpo y la mentalidad de la humanidad no se puede hablar más de historia ni humanidad. Simplemente no deberíamos seguir siendo.

En el hotel pensé: ¿qué pasó con el cine? Sigo más que defraudado con el premio a White Dog, aquel filme del que me había ido en la tarde, preocupado. Una obra con recursos tan maniqueos para magnificar su posición política, con la que hasta se puede llegar a estar de acuerdo, no conforma una película notable per se, tosca y burda se vuelve solo el largo y chillón decorado de un panfleto.

Y luego recordé quién había sido el presidente de ese jurado, un hombre que sabe muy bien lo que es fabricar pataletas, máxime a ello su absoluta falta de escrúpulos cuando las formas de sus textos son las más abyectas bajezas morales sobre aquellos “panoramas olvidados de las pobres clases bajas de Latinoamérica”.

Espectacularizar curiosamente ha dado más fama al emisor que a lo que refiere. Y este proceso, que acá se hace con valores de exposición, composición y, valgan verdades, el coraje de entrar a zonas de conflicto bien resguardado por el capital de los comisionados que lo envían ahí, es duplicado en el documental Le sel de la terre / The Salt of the Earth sobre la vida del fotógrafo al que refiero, llevado a cabo por Wim Wenders y Juliano Ribeiro Salgado, hijo del protagonista.

La 67a edición del Festival de Cannes va llegando a su fin y enseguida les presentamos su esperado palmarés, encabezado por el turco Nuri Bilge Ceylan, por Winter Sleep, y en el que también destacan Jean–Luc Godard, que recibe compartido el Premio del Jurado por Adiós al lenguaje, y Julianne Moore, como mejor actriz por su rol en la nueva cinta de David Cronenberg, Maps to the Stars.

El aforo del Gran Theatre Lumiere tiene capacidad para 2500 personas, luego hay 4500 acreditaciones para periodistas y habría que sumarle las invitaciones y el sencillo hecho de que la función en cuestión es un estreno de JLG. Jean–Luc Godard. Bajé volando. Quizá lo del estreno haya sido lo más lindo: para ser un estreno mundial de un director tan conocido la pompa ha sido lo más remoto.

Desde Cannes llegan las noticias de los premios de la crítica otorgados en la edición 67 del célebre certamen.

La Competencia Oficial la ganó el turco Nuri Bilge Ceylan, por la película Wintersleep (Kiş Uykusu).
En la sección Un Certain Regard, triunfó una de las cintas más comentadas del festival, Jauja, del argentino Lisandro Alonso (Los muertos), protagonizada por el estadounidense Viggo Mortensen.

Un par de señores al costado conversan sobre cómo fotografiar a Sophia Loren, revisan el archivo, hablan sobre los lentes, los flashes y acaban revisando videos de youtube. La locura de los redactores de texto no tiene nada que hacer frente a la de los camarógrafos: eso es para gente curtida, que puede cruzar de punta a punta un vagón de subterráneo lleno sin despeinarse.

Hay una esencia hamletiana y edípica en Maps to the Stars, la nueva cinta de David Cronenberg. El perfume se compone de un legado incestuoso que se prolonga por dos generaciones y en su tránsito una necesidad de cobrar venganza de los padres.

El canadiense apunta a una crítica cínica de las formas, aún más cínicas, de las que se compone la cosmovisión de las estrellas de Hollywood, en una mirada que parece hermanarse con la del hombre de a pie: traidores, ambiciosos, farfulleros, calculadores, adictos, egomaniacos, rapaces y ricos.

Entregarse a una masa acuosa donde habita la vida, la muerte, la sensación del orgasmo, el tiempo, la trascendencia de la existencia, la descorporización del espíritu, es un tema recurrente en compatriotas de Naomi Kawase, que ha presentado en Cannes Still The Water; es bastante conocido por varias publicaciones bestsellers, de donde podríamos encontrar citas literales de estos accesos físicos hacia lo intangible como en Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o 1Q84. No hablo de un plagio, sino un relato común.

La distancia del sujeto observado, el tiempo de los planos, el corte directo del sonido y la general poca profundidad de campo, conformaban el viejo y preciso mecanismo con el que los hermanos Jean–Pierre y Luc Dardenne solían observar a sus héroes de las clases bajas francesas para poner en discusión el ethos europeo.

A Dos días, una noche, le han dado más aire de plano, paneos que preceden al movimiento del personaje, unos cortes menos abruptos, e incluso alguna que otra secuencia donde se puede hablar de música empática que no termina de disfrazar bien su diegetización.

Una con pañuelo, otra con cajón; el carné me ha servido para tres películas. Ninguna genial pero tal vez sí importantes. En el sótano del festival por fin retiré la acreditación, un bolsito y miles de publicidades de diversos proyectos y películas: el desperdicio de papel es ridículo, he visto a muchos periodistas hacer un trayecto corto entre sus casilleros y el tacho. ¿Qué opinará Mélanie Laurent de esto? Podría preguntarle, con una credencial pertinente.

Saint Laurent inicia proponiéndose como un ejercicio de exploración sobre los años que constituyeron la formación de la fama mundial del modista entre los fines de los 60 e inicios de los 70 y de paso la concreción de su filosofía. Así en un momento la película aborda una contradicción sobre la vacuidad del mundo de la moda y su reflexión como un oficio artístico.

Yves Saint Laurent, tal cual es abordada la película, cruza muchas veces esta cuestión, incluso a un nivel formal teniendo un montaje paralelo entre los eventos políticos por año y la presentación de sus respectivas colecciones.

Desde Niza hacia Cannes hay poco qué hacer más que ver el lugar y acordarse de Jean Vigo. Poco queda físicamente de aquellos planos pero el espíritu es igual de desalentador y a su vez alienante. Alienante también fueron tus compañeros de vuelo, los precios del transporte, de los hoteles o del café. Así que con ventivarios –debe ser un chiste con veintipocos, en general– hay que decidir entre tomar un tren o un bus para ahorrar en este tramo.

Decidí por el tren, toma unos 40 minutos y no sale más que el café. Al llegar todos andan de gala en la estación y ves cómo tu mejor camisa es tu mejor camisa de domingo de misa, felizmente no es una competencia y el cine está en otro lado, al menos eso es lo que prefieres sospechar.

Como en anteriores años, en la edición 67 del Festival de Cannes, a realizarse del 14 al 25 de mayo, la sección no oficial dedicada a los cortometrajes, Short Film Corner, incluye tres obras de origen peruano.

Se trata de Destello, de Francisco Tuesta; La parentela, de Gerson Palomares; y Almost Crimes, de Diego Vega Jenkins, nuevos realizadores que participarán en esta conocida zona anexa al festival, de no competencia, que reúne trabajos de todas partes del mundo.

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