Chris Sparling

Enterrado, segundo largo del español Rodrigo Cortés, plantea una acción límite en un espacio que apenas permite desesperarse, maldecir, buscar salidas y luchar por sobrevivir, consumiendo paulatinamente el escaso oxígeno que puede caber en un ataúd.

La puesta en escena se convierte en una clase de cine, echando mano de una calculada edición, a cargo del mismo autor, y de las posibilidades lumínicas y sonoras en una locación de unos cuantos metros de tamaño.

Durante largos segundos, el ecran oscuro sólo ofrece ruidos ininteligibles antes de la primera imagen amparada en el encendedor que Paul Conroy tendrá como extensión de su brazo en todo el relato, una fuente de luz que arde, oscila y expira al ritmo de su ansiedad.

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