Christopher Isherwood | Cinencuentro

Christopher Isherwood

Un hombre solo es la notable opera prima del diseñador norteamericano Tom Ford, un autor que ama la composición de cada escena. Saborea los cuerpos de los personajes, preferentemente masculinos. Se centra en ojos, labios, dientes, perfiles, torsos, la cabellera, el rímel, la sangre, el carmín, la ondulante bocanada de humo, la desnudez entera submarina, playera, o de alcoba. Ralentiza, casi congela, divide la acción, la interrumpe y retoma, abre el encuadre y lo achica, usa la grúa y el dolly, filma el pesar, la imaginación, el recuerdo doloroso, la alegoría onírica.

La cinta es un trayecto de despedida y abandono, renuncia al futuro, autopsia del presente, apego al pasado en que el protagonista se ensimisma y concentra su memoria. En una de las primeras escenas, que parece la antesala de un velorio, oímos los sonidos precisos de sus cajones, prendas, zapatos, frascos, mientras confiesa al espectador su hartazgo por tener que convertirse todos los días en George Falconer.

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