El turista

El turista

El turista me parece una total paradoja. Me causa tanto rechazo como atracción. Parece una película más de cartelera, de esas que van a pasar sin pena ni gloria –de hecho, es una de ellas–, y sin embargo me ha dejado preguntándome cosas todo el camino de regreso a casa, y aún no me la saco de la mente, como una de esas películas que vas a recordar todo el año.

La cinta de Florian Henckel von Donnersmarck, director de la auspiciosa La vida de los otros, es un artefacto extraño. Una película que no se decide por ningún registro, y que en esa misma indefinición se vuelve atractiva.

Al inicio, El turista propone una trama de identidades equívocas, como en El hombre que sabía demasiado, o, principalmente, Con el peligro en los talones, clásicos de Hitchcock. La femme fatale Elisa (Jolie) debe despistar a la Interpol, haciendo creer que un turista norteamericano (Depp) es un buscado criminal.

El turista es una de esas películas que muestran claramente cómo un realizador talentoso puede desacomodarse en medio de una gran producción, de recursos y expectativas altamente cuantificables y determinantes.

El director alemán Florian Henckel von Donnersmarck (La vida de los otros), en un magro debut en Hollywood, nunca se decide por un tono coherente en su aventura de espionaje en Venecia.

Oscila entre tomarse las cosas más o menos en serio y una ligereza que convierte la cinta en un divertimento desangelado y tedioso, que arrastra mucha parafernalia y dos estrellas del calibre de Angelina Jolie y Johnny Depp.

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