El Último Maestro del Aire

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El Último Maestro del Aire es una tomadura de pelo. Pareciera hecha especialmente para los pequeños niños simpatizantes de la serie original de Nickelodeon y no para todo público. Artificial y desechable, más aún pueril e ingenua, quedará en el recuerdo como una puesta en escena escolar en 3D, con mucha plata pero sin gracia ni emotividad alguna. Puedo reírme ahora de ella una vez pasado el sofocón, durante su proyección mereció mis más prolongados bostezos y parpadeos. Este tanque no cumple ni mínimamente con su básico objetivo de divertimento de masas.

M. Night Shyamalan se ufana de ser un autor, un escritor original que sabe imprimir a sus historias fantásticas suspenso e intrigas sagaces, vueltas de tuerca insospechadas que muchos consideran propias de un maestro.

Sin embargo, La Dama en el Agua y El Último Maestro del Aire son máculas perpetuas inocultables, tristemente inolvidables. La presente entrega peca en subestimar al público, lo ofende al creerle crédulo, gustoso del atado de clichés fantasiosos con que está armada.

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