Enemigo interno

Bad Lieutenant: Port of Call New Orleans, de Werner Herzog, hace suyo el andar semiinconsciente y sonambulesco de Nicolas Cage, siempre con el rostro pálido, a menudo iluminado hasta la saturación y atravesado por líneas sombrías, y asume la ciudad como un lugar de convivencia donde los reptiles que se pasean resultan más bien inofensivos y simpáticos, y observan a la gente a distancia y de modo oblicuo, igual que el teniente Terence McDonagh.

El filme no tiene una estructura argumental que vaya escalando plots de modo más o menos reconocible y subiendo progresivamente la intensidad para tener absorto al espectador. La investigación que emprende McDonagh de los asesinos de una familia es sólo una de sus rutas de perdición, y se disuelve literalmente en ella. Herzog no toma en serio las pesquisas ni las bifurcaciones mafiosas que surgen en el camino y que exponen a mayores peligros al teniente, y se toma las cosas con finísimo humor.

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