Jacques Perrin

Algo sorprendente ocurre en la vertiginosa cartelera peruana: un documental imprescindible ha sobrevivido al habitual tránsito veloz –cuando logran ingresar– de los filmes valiosos, atípicos, y ya va a cumplir un mes. Se trata de Océanos, de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, estrenada el jueves 23 de setiembre y aún disponible en estos días en los locales de UVK de Larcomar y La Marina Park.

Océanos se complace en exhibir a las criaturas en acción de reposo, merodeo, camuflaje, cambio de color, despliegue de texturas, succión fulminante, deglución instantánea, y abierto enfrentamiento colectivo, en escenas que hubieran hecho las delicias de un gran coreógrafo de batallas como Akira Kurosawa. El documental juega con las convenciones narrativas, al suspenso, al in crescendo, al golpe de impacto, a la dosificación de los ataques.

En Océanos, de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, todo es luminoso y transcurre a la luz del sol o cortado por las sombras que éste proyecta. El hombre es tan sólo una voz o una silueta oscura imposible de confundir discurriendo en un mundo que no es el suyo. O bien interviniendo grotescamente para depredarlo sin más. Un orden no muy distinto del que habita la superficie rige el fondo salvaje de las aguas.

Se nos lleva no por una sociedad sino por los distintos tipos de sociedades que convergen en los océanos del mundo. Criaturas de variados aspectos y caracteres, solitarios o gregarios, lentos o rápidos, pesados o ligeros pero siempre unidos por una constante que parece irreprimible: el movimiento.

Me enamoré en París, trillado título con el que se ha estrenado Faubourg 36 (2008), es el segundo largo del francés Christophe Barratier. Recrea un clima de gusto popular por el espectáculo, la música, el humor fácil y la fantasía de las tablas, en un contexto de escasez económica y convulsión política que avizoraban la infausta segunda gran guerra.

El epicentro de esa atmósfera de añoranza es la sala Chansonia, convertida en un personaje más, con sus intrigas de trastienda y vibraciones escénicas, que resiste los embates financieros, sindicales, políticos y emotivos que experimentan sus promotores.

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