Jhonny Ballasco

El primer acierto de Secuelas del terror es el ritmo calmo de su relato, el andar sosegado que esconde el peligroso desequilibrio de su protagonista, el ex militar apodado Dragón que regresa después de veinte años a una Huamanga distinta y finalmente ajena.

El director Juan Camborda no se apura por llegar a la explosión de su personaje, y aún cuando ya ha empezado a darse, todavía se apoya en la cortesía del solitario vigilante en el paulatino trayecto hacia la atrocidad insalvable.

Buena parte del interés de la cinta se sustenta en la atinada elección de la locación principal. Es una propiedad muy grande, pródiga en distintos ambientes, con campo amplio y salones confortables, un escenario propicio para que Dragón enloquezca, y maquine y ejecute sus desvaríos.

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