Kurt Wimmer | Cinencuentro

Kurt Wimmer

Días de ira, de Felix Gary Gray, empieza con un acto de violencia extrema que crispa toda la primera parte del filme y la concluye de modo determinante. Se trata del abatimiento de un hombre de mediana edad que no sólo pierde a su esposa e hija, asesinadas cruelmente en su propia casa por un par de maleantes, sino que además experimenta en carne propia que la justicia, pese a los gravísimos hechos, no está diseñada para ser tal y que el manejo de la ley propicia los pactos inescrupulosos y la distorsión de los acontecimientos.

La cinta logra el compromiso emocional del espectador evitando las moralejas exageradas y elaborando un ejercicio de estilo superior al promedio, que aprovecha un conjunto de diversas locaciones de encierro y escondite –celdas, oficinas, túneles, autos, fábricas– convertidas en alojamientos de una monstruosidad creada por el mismo régimen jaqueado.

Como es previsible, el argumento de Salt de Phillip Noyce es laberíntico y no se puede ni se debe describir en detalle, porque tiene un conjunto de vericuetos y sorpresas. El prólogo de tortura en una celda rusa e intercambio de agentes marca las coordenadas del relato, introduciendo los personajes centrales, Evelyn Salt (Jolie), su jefe Ted Winter (Liev Schreiber) y su esposo alemán Mike Krause (August Diehl), aracnólogo que será clave en los futuros acontecimientos.

Salt hace suyo el escenario post 11–S de inseguridad y desconfianza extrema, donde ninguna hipótesis de ataque es descartable, la fidelidad al país está en tela de juicio, no se sabe quién es quién y el sistema de defensa nacional puede ser infiltrado y vulnerado.

Jolie encarna a una espía impulsiva, rencorosa y altamente capacitada que lleva sentimientos encontrados y sorprende a los servicios secretos de ambas potencias nucleares.

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