Let Me In

Así como Entre hermanos, Déjame entrar (Let Me In), segundo largometraje de Matt Reeves, es un remake expeditivo, un producto elaborado por la maquinaria hollywoodense a partir de un molde fresco de procedencia nórdica, en este caso la notable película sueca de Tomas Alfredson que se estrenó en el Perú el 2010. Como ya se ha indicado, es el método que emplea la industria USA para sacarle provecho en su país a una propuesta que les atraiga de alguna manera.

Lanzada apenas dos años después del original, diferencia que se reduce a doce meses en nuestra cartelera, la obra es fiel al espíritu de aquél, aunque no llega a alcanzar el nivel de erotismo adolescente y dolorosa poesía que fluía entre las jornadas vampíricas de la inquietante Eli (Lina Leandersson). En esta ocasión, la muchacha es Abby (Chloe Moretz, la pequeña actriz de Kick–Ass), de facciones más angelicales y menos andróginas que su colega sueca, quien interactúa con Owen (Kodi Smit–McPhee, el exigido hijo de Viggo Mortensen en El último camino), a su vez igualmente más candoroso que Oskar (Kåre Hedebrant).

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