Matthew Vaughn | Cinencuentro

Matthew Vaughn

Kingsman es un homenaje, parodia y subversión de las convenciones y clichés de las películas de espías de los años 60, e incluso, por partes, de los filmes de James Bond.

Dirigida por Matthew Vaughn, mantiene un tono parecido al de producciones previas como Layer Cake (protagonizada por Daniel Craig antes de convertirse en Bond) o «Kick-Ass». Es muy violenta, muy chistosa y, antes de un tercer acto caótico y un final decepcionante, es ocasionalmente brillante.

X-Men: Primera generacion

Cerca de 20 años después de la Segunda Guerra Mundial, Charles Xavier ha sustentado su tesis doctoral y, gracias a la agente Moira MacTaggert, está a punto de ayudar a la CIA. Mientras tanto, Erik Lehnsherr recorre medio mundo siguiendo las pistas de Schmidt, quien ahora se hace llamar Sebastian Shaw, y está tejiendo intrigas entre los altos mandos de los Estados Unidos y la Unión Soviética para convertir la Guerra Fría en una Guerra Nuclear.

En esas circunstancias sus destinos se cruzan, Charles le salva la vida a Erik y le explica que ambos son especiales para luego proponerle unir sus fuerzas e ir contra Shaw, con el fin de defender la causa mutante.

Todo esto se sucede a un ritmo trepidante, que apenas deja respirar, y nos fuerza a estar atentos a los continuos cambios de escenario y la aparición de nuevos personajes en escena.

En su historia entramos en campos plétoras de estereotipos, los cuales serán trasgredidos en burla (los violentos) y mostrados desencarnados (los dramáticos y los cómicos) con motivos de mantener la impronta fantástica, no obstante, es un trabajo de autor. No confundamos la ausencia de superpoderes como un acercamiento al realismo.

Cada encuadre parece estar compuesto cual viñeta. Y es que no parecen, los ambientes, escenarios naturales sino maquetas entintadas por el mismo Tom Palmer que trabajara en el comic. Exagera, Davis, la profundidad de campo para despegar a los personajes del fondo colorinche que compone, quienes quieren ser reales dentro de un contexto irreal. Con esa orden, Vaughn, pretende marcar esas distancias, pero la historia misma no se lo permite.

Que veamos disfraces ridículos no será indicativo de una escena lúdica; todo lo contrario, denota sadismo en un mundo paradójico, que poco tiene de entendible.

Kick-Ass

¡Atención! Todos aquellos que no gusten de ver películas de cómics, que arruguen la nariz con mohín cansino de los Superman, Spiderman, o irritantes Iron Man degustarán con fruición, estupefacción, y todos lo -ión que se les ocurra, la polémica de esta temporada, la estimulante, sarcástica, hilarante, vengativa, sorprendente, brillante, estimulante, anárquica y novedosa, si bien de clasicista estética (internautera) de Kick-Ass, última adaptación de superhéroes del británico Matthew Vaughn, autor entre otras de “Stardust», 2007, socio de la pandilla de los Guy Ritchie, pero más sobresaliente que éste.

Llegar con ideas preconcebidas a ver Kick-Ass es perderse en una laguna de prejuicios. Por ello quizás convenga exponerse a ella con la mente abierta, la madíbula floja y la risa preparada, porque todo el teatro montado por el realizador, fiel, pero de carácter independiente, adaptado al cómic de Mark Millar y John Romita Jr.

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