Mónaco

En Océanos, de Jacques Perrin y Jacques Cluzaud, todo es luminoso y transcurre a la luz del sol o cortado por las sombras que éste proyecta. El hombre es tan sólo una voz o una silueta oscura imposible de confundir discurriendo en un mundo que no es el suyo. O bien interviniendo grotescamente para depredarlo sin más. Un orden no muy distinto del que habita la superficie rige el fondo salvaje de las aguas.

Se nos lleva no por una sociedad sino por los distintos tipos de sociedades que convergen en los océanos del mundo. Criaturas de variados aspectos y caracteres, solitarios o gregarios, lentos o rápidos, pesados o ligeros pero siempre unidos por una constante que parece irreprimible: el movimiento.

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