Sin límites

Sin límites (Limitless) es el cuarto largometraje de Neil Burger, un relato bastante fantasioso de individualismo exacerbado –de algún modo en la línea de la «magia» de El ilusionista– en un New York pleno de estímulos inquietantes y oportunidades explosivas.

Es la historia de Eddie Morra (Bradley Cooper), un frustrado escritor que tiene acceso de forma casual a una poderosa droga que espectacularmente incrementa las capacidades cognoscitivas y lo convierte no sólo en dotado de la literatura, sino en estrella del mundo financiero y oráculo imprescindible para las decisiones bursátiles.

Una sucesión de «trips» coloca a Morra en situaciones críticas y las sortea en accidentados upgrades: reencuentro con el ex cuñado, hallazgo del estupefaciente clandestino, solución de problemas económicos, reaparición en su vida de la efímera y ahora envejecida ex esposa.

Sin limites

Sin límites fue lo que más despertó el interés del público norteamericano al margen de las propuestas de invasiones a la tierra o caperucitas rojas, destinos ocultos o martes que necesitan madres.

Lo mejor, sin duda, es descubrir que el actor Bradley Cooper va lento pero seguro en su ascenso al estrellato (pronto volverá con la segunda parte de «Resacón 2, ¡Ahora en Tailandia!») demostrando, además, que sabe cambiar de registro. Al menos que al espectador le den un elemento del entramado que contenga arte. Cooper sabe capear todos los estados mentales y físicos por los que pasa en esta idea curiosa de un escritor (Eddie Morra) que en sus horas bajas tropieza con una droga (mágicas píldoras de las que esperamos la felicidad) que su excuñado y camello le proporciona.

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