Yann Demange

El festival de Berlín comenzó ayer su 64 edición con la particular energía del cine de Wes Anderson. Su nuevo filme, The Grand Budapest Hotel, es otra brillante muestra de su estilo exuberante e imaginativo.

El proyecto supera en ambición a su anterior trabajo, Moonrise Kingdom. Si aquella era una obra melancólica e incluso íntima (al menos para lo que nos tiene acostumbrados Anderson), en esta ocasión las dimensiones se amplían, los personajes se multiplican, las historias se reproducen sin parar.

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