Sumas y restas (2004)

sumas y restas

Estamos en Medellín del año 1984, en pleno apogeo del cartel de esa ciudad, manejado por el infame Pablo Escobar. Un ingeniero, hijo de buena familia, ha logrado construir una nueva y próspera vida luego de haber sido un adicto a la cocaína. Sin embargo no se podrá sacudir tan fácilmente de su oscuro pasado.

El director Víctor Gaviria, natural de Medellín, dedicó mucho tiempo en investigar la época en que ocurre la historia, utilizando actores amateurs para diferentes personajes, dándole así un especial toque de realismo a su película, demostrado sobretodo el lenguaje coloquial, donde predomina la jerga y los diálogos en tono agresivo. Quizá tome un poco de tiempo acostumbrarse a este exagerado uso del lenguaje de la calle.

El respetado ingeniero Santiago quiere comenzar un nuevo proyecto inmobiliario, para el cual necesita dinero, y rápido. Es así que a través de un viejo amigo, conoce a Gerardo quien tras su pequeño negocio de taller mecánico en la ciudad esconde todo un laboratorio artesanal de drogas en la selva, una “cocina” como la llaman. Santiago invierte en este lucrativo negocio, siendo absorbido rápidamente por el mundo del narcotráfico.
Como se sabe el tema de las drogas y la violencia es recurrente cuando se habla de Colombia, Sumas y restas logra apenas zafarse de este cliché, intentando mostrar las historias humanas detrás de las movidas ilegales. Sin descollar demasiado a nivel actoral, la película logra mantener el interés hasta el final, convirtiéndose en una buena opción para darle una mirada a la filmografía colombiana.

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