Dot the I

Matthew Parkhill, premiado novelista y guionista, escribe y dirige Dot the I, su primer film, que se presentó en el Festival de Sundance del 2003.
Como un thriller romántico se podría describir esta película, que comienza de la manera más ordinaria, llena de lugares comunes: En un lujoso restaurante francés en Londres, es la noche de despedida de soltera de Carmen (Natalia Verbeke), quien regala el último beso de su vida de libertad a un completo extraño, un actor desempleado, Kit (Gael García Bernal), iniciando así triángulo amoroso que completa el novio, Barnaby (James D’Arcy), un joven inglés, al que le sobra el dinero.

Se nos hace difícil aceptar el inmenso cliché de emparejar a una chica con un terrible acento inglés (casi peor que la de su compatriota Penélope Cruz) con un ‘latino’ que, para despistarnos un poco más, proviene de Brasil también con un acento británico que se nos hace gracioso.
Chica sencilla elige chico pobre, atractivo y apasionado, en vez de niño rico y aburrido. Hay que soportar esta seudo historia por una hora. Pero bien que vale la pena, porque lo que viene después lo arregla prácticamente todo.
Recomendamos que terminen de leer este comentario sólo si han visto la película. Eso sí, manténganse en sus asientos luego de los créditos finales.

Con la vuelta de tuerca que se ingenia Parkhill, se explica porque vemos tantas videocámaras a lo largo de todo el film, porque el cliché de latino-latina, las supuestas obsesiones, la edición casi de videoclip de filmaciones en digital y hasta el humor negro que se sentía muy fuera de lugar en la primera parte. Todo es una farsa, estamos siendo testigos de la grabación de una película dirigida a participar en tantos festivales de cine ‘independiente’ que existen, y no podemos sino sonreír con la maquiavélica puesta en escena del director de este snuff romántico, como él mismo lo llama. Todo esto puede ser algo tirado de los pelos pero no se puede negar que mantiene el interés hasta la última secuencia, convirtiéndose en la gran venganza de las inocentes víctimas y a su vez en una crítica a películas que intentan lo que sea con tal de ser recordadas como “the next big thing” en el círculo de films independientes. Un pulgar para arriba.

Laslo Rojas