Cinderella Man

La historia de James J. Braddock es lo suficientemente improbable como para no creerla, en caso de haberse presentado en la forma de una nueva película de Rocky. Braddock (Russell Crowe) fue un exitoso pugilista en los años 20, década de la Gran Depresión Norteamericana. Él tuvo la chance de pelear por el título y perdió, tanto la fama como la profesión. Venido a menos, tuvo que trabajar como obrero para poder mantener a su esposa y tres hijos. Más tarde, se encontraría con una oportunidad única, para pelear en un preliminar por el título. Contra todo pronóstico, Braddock gana, encontrándose ahora cara a cara con el campeón de los pesos pesados.

Ron Howard se encuentra con esta historia, y la utiliza a su favor, después de todo es un ‘hecho de la vida real’. Si fuera una ficción tendríamos suficiente material para seguir pensando que éste es el Howard de siempre. Y lo es, sólo que cuenta con el buen trabajo de Crowe que lo ayuda a salir bien librado –contrariamente a lo que sucedió en A Beautiful Mind, pero esa ya es otra historia.

En este trabajo de actores destaca la dupla que forman Russell Crowe con Paul Giamatti (Sideways), que hace el papel de su entrenador. Giamatti deja de lado lo que es ya su sello característico: el gruñón pesimista y cínico. Acá lo tenemos como un noble y leal compañero, un entrenador que se la juega por el púgil, dándole una última oportunidad ahí donde nadie se arriesgaría.

Pero como no todo es perfecto, siempre está la sobrevalorada Renée Zellweger para balancear las cosas. Ella hace el papel de la sufrida esposa, quien trata de remarcar su pesar con tantas muecas y disfuerzos en cada escena imposible de soportar, llegando a tener frases desafortunadas como: “You’re the champion of my heart”. Pura melcocha.

Los puntos altos de la película llegan sin duda con las peleas. Cada vez que la historia palidece y se torna predecible, es cuando llega una nueva dosis de golpes y sangre. El ritmo comienza a acelerar con Giamatti vociferando indicaciones y peleando en su propio rincón, hasta Crowe quien sufre y golpea, siempre pensando que cada golpe asestado lo aleja más de la pobreza y mantiene unida a su familia. Así, hasta llegar al rival final, un duelo con la muerte es como nos lo pintan, en la forma del campeón Max Baer (Craig Bierko), quien casualmente tiene cierto parecido físico a Jake LaMotta (De Niro en Raging Bull). La pelea se presta ideas del film de Scorsese pero sobretodo de la serie de Rocky, basta recordar los flashbacks manipuladores que subrayan los momentos claves durante los combates. Y logra su cometido, mantiene en vilo a la audiencia metiéndola de cabeza en el ring.

En corto, esta película es una muestra más de la típica historia que el cine americano gusta de contar, que seguramente ya han visto antes, algunas totalmente olvidables, otras del calibre de Million Dollar Baby. Cinderella Man tendría un cómodo lugar entre esos dos extremos.

Laslo Rojas