Notes on a Scandal
Dir. Richard Eyre | 92 min. | Reino Unido

Intérpretes:
Judi Dench (Barbara Covett)
Cate Blanchett (Sheba Hart)
Tom Georgeson (Ted Mawson)
Michael Maloney (Sandy Pabblem)
Joanna Scanlan (Sue Hodge)

Estreno en Perú: 12 de abril de 2007

El director de esta notable Escándalo recién venía de dirigir a Judi Dench en Iris. Eyre es de esos cineastas que saben del potencial de las mujeres para dar valor a una película. Y nada menos que en dos ha centrado el protagonismo y todo el peso del resultado de la película, dejando en una débil posición de sombra a los personajes masculinos. Todo un duelo interpretativo que intenta dejar en un lugar correcto una narración de corte realista y contemporáneo, rica y llena de matices que tuvo un éxito arrollador. Y en esto se basa la elegancia de Escándalo, en estos dos pesos pesados femeninos, con suficiente atractivo para llamar a filas al espectador.

La mirada mendicante de la bestia sobre la bella

¿Por qué será que las buenas actrices británicas tienen ese poderío real que las coloca, por derecho propio, en los altares de las más nominadas a llevarse estatuillas en los Festivales? Judi Dench (seis nominaciones a los Oscar) es de esa especie. Raza, a la que pertenece también su rival de este año, Hellen Mirren. Admiro mucho a la Mirren desde que la descubrí, hace años, en las televisiones británicas, y estoy segura que la decisión de concederle el Oscar a la mejor actriz fue francamente difícil, y quizá se haya sustentado en el peso de su gran despliegue public relations, porque en vista de la cinta que voy a presentar, difícil se lo tuvo que poner la otra gran dama de la escena, la Dench, con el intenso arrojo, arropado de un matiz Ártico, de unos ojos azules cuya expresión hablan de la inconmensurable soledad de Barbara, una escéptica profesora de colegio a punto de jubilarse, en Diario de un escándalo -título en España- del director Richard Eyre.

Y ya que he comenzado con preguntas, me permito seguir con alguna más: ¿Cuántas mujeres que superen los 70 años siguen siendo protagonistas en una película made in Hollywood (y con todas sus arrugas)? ¿Y cuántos hombres? “Pura intuición animal” responde Dench cuando le preguntan sobre su talento. Lo mismo se mete en los papeles más clásicos con reminiscencias shakesperianas que hace de jefa de las frívolas secuelas de James Bond. A eso se le llama diversidad en la labor de un actor. Un cómico, esa es la labor de un actor, con entrega en cuerpo y alma al entretenimiento, a veces con resultado de mayor calidad, y otras con menos. Tampoco se puede quejar de buenas réplicas, porque la que se cruza en su camino en Diario de un escándalo es otra reina, Cate Blanchett, que hace muy creíble la Sheba Hart de aires tan naturales, burguesa-hippy de buena casta, ex punky de los ochenta, un tanto cabra loca a sus cuarenta. Actriz de reconocimiento internacional, se la disputan los mejores cineastas (hasta ayer mismo la veíamos en la catártica Babel de Alejandro González Iñárritu o en El buen alemán de Steven Soderbergh), y preparada ya para recibir el grito de action en The Golden Age, de Shekhar Kapur.

El director de esta notable Escándalo recién venía de dirigir a Judi Dench en Iris, trabajo que proporcionó otra candidatura a la actriz, y a su compañera de reparto Kate Winslet, y que acaparó el Oscar al Mejor Actor Secundario en Jim Broadbent. He comenzado hablando del sobresaliente trabajo de las dos protagonistas de esta adaptación literaria (“Notes on a Scandal”) de la novelista británica Zöe Heller, porque Eyre es de esos cineastas que saben del potencial de las mujeres para dar valor a una película. Y nada menos que en dos ha centrado el protagonismo y todo el peso del resultado de la película, dejando en una débil posición de sombra a los personajes masculinos. Todo un duelo interpretativo que intenta dejar en un lugar correcto una narración de corte realista y contemporáneo, rica y llena de matices que tuvo un éxito arrollador. Y en esto se basa la elegancia de Escándalo, en estos dos pesos pesados femeninos, con suficiente atractivo para llamar a filas al espectador.

Dos mujeres pertenecientes a distintas generaciones, frente a frente, mantienen una historia que habla de una desoladora soledad y la incapacidad para amar como no sea vampíricamente. Hasta algo tan británico como la lucha de clases, no podía faltar en un film que nos brinda, fotograma a fotograma sutiles placeres interpretativos llegados del mundo novelesco. La soledad moderna de las grandes ciudades (que tan bien mostraran películas como Magnolia o Happiness) produce en quién no la desea una paranoica evolución mental, la que ya no invoca a ninguna esperanza. Barbara Covett es una mujer que ya no espera redimir su vida estéril, y cuyas apreciaciones cotidianas, algunas un tanto ilusorias, vuelca en un diario. “Hace tanto tiempo que nadie te toca que cuando el conductor del autobús te roza al darte el cambio, esa chispa produce una sensación que va directa a la ingle” (trayendo a la memoria el comienzo de la escarizada Crash), le confiesa Bárbara a Sheba en uno de sus arranques. Una Barbara que ve en ese ángel (desde el mismo instante en que aparece por primera vez en el colegio) el carisma del que carece, toda la belleza de la naturalidad, la creatividad (la de una profesora de arte) que ella misma es incapaz de invocar como no se con el fin último de la manipulación. Y enganchada queda. Sin embargo será por azar que Barbara descubrirá el talón de Aquiles de Sheba, y a partir de ahí la paranoia crecerá descontrolada.