Antonio WongA mediados de los años treinta del siglo XX, Iquitos había dejado dramáticamente de ser la niña mimada de los ojos del progreso súbito. Acabadas las ilusiones del boom cauchero, quedaban tras de sí estertores de lo que se consideraba una mayúscula traición. El tratado de límites Salomón Lozano, firmado durante el oncenio del dictador Augusto B. Leguía, había entregado extensiones importantes del trapecio de Leticia, peruanos en ese entonces, a Colombia. Tras escaramuzas de consideración y el humillante trato que el gobierno central de Lima había realizado, luego de la toma del territorio en cuestión por un considerable puñado de loretanos en 1932, las únicas esperanzas que se albergaban dentro de la tranquila urbe eran, irónicamente, aquellas que visualizaban nostalgias de tiempos mejores, pétreas esquelas de arquitectura de talante imperial, algunas experiencias fílmicas de ultramar que proyectaban en el teatro Alhambra y, sin duda, aquellas imágenes que el indomable paisaje amazónico era capaz de generar en los ojos de sus espectadores.

Durante las dos primeras décadas, a la par que decrecía el súbito progreso, la ciudad había ido desarrollando un incipiente movimiento en torno del cine. El sacerdote e historiador español Joaquín García señala que el primer hecho cinematográfico del que se tiene noticia en Iquitos data de 1900. En los bajos de la conocida “Casa de Fierro”, se realiza la primera proyección con máquina marca “Edison”. Inmediatamente, en 1902, el comerciante Eduardo Fuller instala el primer cine de la ciudad en el Alhambra , para lo cual adquiere equipo de proyecciones de la marca Lumiére. En 1905, en tanto, Arnaldo Reátegui, otro comerciante sanmartinense, compra una máquina de proyecciones con un abundante stock de películas de Pathé Fréres y de la Gaumont, y en asociación monta un cinema cuyo nombre será el alucinante “Jardín Strassburgo”. Reátegui era osado y gracias al dinero que le sobraba, en 1911, provisto de los más modernos instrumentos de filmación producidos por Pathé, realiza una serie de tomas de la llegada de las tropas del comandante Oscar R. Benavides de la gesta del Caquetá.

En la perspectiva del tiempo, aquella incursión fronteriza resultó ser la primera muestra de filmaciones hechas en la selva loretana. Sin embargo, a pesar de Reátegui y del evidente esfuerzo desplegado, algunas dificultades saltan a la vista para considerarlas un trabajo valioso, salvo por su carácter histórico: la proyección era aislada, fragmentada y severamente básica. Por ende, no era artísticamente digna de mención. Desde aquél momento, hasta el inicio de los treinta, la metodología, temática y el interés por elaborar un producto sistematizado desde la propia localidad habían estado ausentes del colectivo. Años después, sin embargo, aparecería la entusiasta y creativa figura de Antonio Wong Rengifo y las cosas iban a dar un vuelco significativo, a favor, obviamente.

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Antonio Wong amaba el paisaje amazónico. Lo había mirado innumerables veces, por largas horas, desde el malecón, el barranco, el precario puerto, con el discurrir del río Amazonas debajo de crepúsculos, amaneceres, vuelos salvajes de golondrinas. Mientras imaginaba lentamente cuadros, ángulos, imágenes que debía captar, en la ciudad perdida para el presupuesto oficial, en la selva enmarañada, dentro de comunidades de indígenas semi salvajes, buscando en medio de cochas, senderos, restingas y lomas, aquella estampa precisa que albergara un sentido artístico y un simbolismo que solo él, incluso, podía tener la capacidad de perpetrar, la realidad estaba cambiando aceleradamente. Sin embargo, a pesar de los azares sociales, políticos y culturales, el artista, ensimismado en su descubrimiento de las cosas que lo enaltecían, mantenía una línea inalterable de experimentación.

No era ésta una tarea gratuita y nihilista, simplemente. Wong era un creador orgánico, en el más amplio sentido del término. Nacido en marzo de 1910 en Iquitos, hijo de dos inmigrantes (su padre era un comerciante cantonés que quería que el niño se convirtiera en afinador de violines, mientras que la madre era una distinguida dama moyobambina). Sus biógrafos – Alfonso Navarro Cauper, principalmente–, además de explicar que tuvo una infancia sin sobresaltos, aunque siempre con el bicho de la curiosidad, han resaltado su enorme predisposición por la actividad artística, especialmente la música y la fotografía. Posteriormente fue uno de los puntuales representantes del periodismo (fue director de la revista deportiva y posterior diario “Loreto Gráfíco”). Aunque su padre quiso que fuera alguna vez un comerciante, la pasión del joven Wong por el arte llegó a tal punto que un día sustrajo del negocio de su padre cierta cantidad de soles para comprarse una máquina fotográfica. Sus años en Europa, a donde fue enviado en 1924, cimentaron su vocación, que se reavivó cuando regresó a Iquitos, con la revisión de elementos del paisaje amazónico y la exposición de la arquitectura de mosaicos y azulejos, mirados a través del polvo y la lluvia.

Los años posteriores al periplo extranjero fueron frenéticos para el multioficios Wong. Luego de componer el clásico musical regional “Bajo el sol de Loreto” (que hasta el momento sigue teniendo una actualidad viva en el anecdotario), y a la par que dedicaba sus esfuerzos físicos a defender las sedas del popular club de fútbol Athletic José Pardo (incluso, según el cronista Pedro Carmelo Montalbán, integró la selección oficial del departamento que en 1935 participó en un torneo nacional), luego de casarse con Juana Ferreira, de instalar su primer estudio fotográfico “Foto Wong”, y adquirir un primer proyector de 35mm, sus intereses lo van inclinando irreversiblemente por la técnica cinematográfica, iniciando a partir del año 1928 sus experimentaciones en este aspecto, con diversos materiales.

antonio wong nativosJoven aún, siguiendo los avances que se iban dando en el cine mundial, especialmente el estadounidense, reproduce estampas de la vida cotidiana local, que en ese entonces se consideraban claves. Entre sus obras de este tiempo destacan Frente del Putumayo (1932); Sepelio del Sargento Fernando Lores (1933); Inauguración del Municipio (1943), Conozca Loreto en Tecnicolor, entre otras, todas las cuales fueron agrupadas en una serie llamada Revistas de Loreto, compuestas por diferentes cortos en donde se muestran detalles de la ciudad de Iquitos, hechos históricos, paisajes amazónicos, filmados en diferentes formatos (35mm, 16mm, 8mm y súper 8mm), de la cual, según Joaquín García, se han podido conocer hasta siete.

Bajo el Sol de Loreto (1936) es considerado un hito cinematográfico, porque es la primera película en colores de formato largo hecha en la amazonía peruana. Para llegar a este resultado, Wong experimentó mucho con algunos rollos de 35 mm, hasta llegar a sentirse listo para filmarla.

El filme fue rodado desde el año 1935, en las entonces polvorientas y angostas arterias de Iquitos, así como en parajes naturales de selva, específicamente en el río Napo, y tenía un argumento y personajes netamente amazónicos, ambientada en la época del caucho y con recreación de época. La protagonista del filme fue la dama loretana Deidamia Pinedo Diaz (quien falleció un año después de ser estrenada). Wong financió íntegramente los costos de la película e hizo de libretista, camarógrafo, realizador, productor, montajista y difusor. Su labor fue titánica, pero altamente satisfactoria. Porque con este filme, se convirtió en un personaje importantísimo del séptimo arte.

Aunque algunos historiadores señalan que Wong, con este filme acepta resignadamente los moldes ideológicos del centralismo, sin embargo valoran la vocación regionalista por llamar la atención sobre los valores artísticos amazónicos, además de que Bajo el Sol de Loreto muestra una capacidad creadora, así como la apertura a la incorporación de nuevas técnicas y la inmensa versatilidad de sus posibilidades. Una de las imágenes más clásicas de este filme es la filmación de los crepúsculos de selva, con el telón de fondo de la inmensa maraña verde y el incesante discurrir del gran río-mar Amazonas. En todas las escenas donde se muestra el escenario natural, lo anecdótico y valioso es la forma cómo el realizador plantea su mirada, llena de exaltación, de vívida pasión, como intentando desafiar las limitaciones técnicas de la época, buscando perpetuar eternamente la emoción de sentir casi como si el sol y los demás elementos estuvieran cercanos, tangibles, a punto de tocarlos y abrazarlos con tan solo extender un poco los brazos hacia el horizonte.

Wong, sin duda alguna, había plasmado todo de sí en esas imágenes.

Más allá de los años cuarenta, pasadas las emociones de Bajo el Sol de Loreto, Wong filmó Luces y sombras de Loreto y Policromías Loretanas, ambas en colores. En 1957 formó parte de un ambicioso proyecto de rodaje a ser exhibido en una feria internacional, en el cual participaría la actriz mejicana Amalia Aguilar. Sin embargo, un gran incendio calcinó el estudio donde se trabajaba el material, y por lo tanto nunca pudo ser recuperado y proyectado en una sala cinematográfica.

Luego de diversos tránsitos por el turismo, la pesca y la promoción cultural, Wong falleció súbitamente en 1965, dejando una obra artística innumerable y valiosa, de la cual, sin duda, puede destacarse con mayor nitidez la cinematográfica. Bajo el sol de Loreto se ha considerado como una de las obras más representativas de la cultura amazónica. El filme, así como alguna de las cámaras con que Wong hizo sus filmaciones fueron donadas por su viuda a la Biblioteca Amazónica, donde actualmente pueden ser ubicadas.

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Sin embargo, el estado y conservación de los originales y las copias de la obra de Wong se encuentran en condiciones lamentables, producto de las inclemencias del tiempo y el descuido humano. Como señala Ricardo Bedoya en su libro Un cine reencontrado. Diccionario ilustrado de películas peruanas, ninguno de los innumerables documentales hechos en el periodo mudo se ha conservado así como menos alguna de las películas de ficción se ha restaurado. Bajo el Sol de Loreto actualmente no podría ser exhibida debido a que tanto el original como alguna de las copias se encuentran en pésimo estado de conservación, requiriéndose con urgencia someterlo a un proceso de restauración a fin de que no pierda irremediablemente este tesoro cultural, patrimonio loretano y nacional.

Algunos de los descendientes del cineasta han buscado la manera de recuperar el legado del patriarca. Uno de ellos, el bisnieto, Antonio Wong Wesche, estudiante de comunicaciones y aspirante a cineasta, orgulloso descendiente del bisabuelo, busca por algunos medios crear las condiciones para que la obra general se recupere y pueda ser ampliada y mostrada en un museo conmemorativo.

Uno de los sueños más acariciados por el joven Wong, mientras me habla con deleite del cine documental, de la belleza de la selva y de lugares como la Escuela Cinematográfica Americana o el Instituto de Artes y Ciencias Cinematográficas, es poder proyectar en su totalidad, completamente conservada y remasterizada, Bajo el Sol de Loreto. Nunca es tarde para tener sueños, menos para concretarlos, con el apoyo respectivo, para poder cumplir, bajo la luz guía del astro rey de los amazónicos, aquello que tanto hubiera querido el indomable Antonio Wong Rengifo.

Fotos: Guadalupe Muñoz