John Wayne cumple hoy cien años

John Wayne

Un 26 de mayo de hace cien años, nació John Wayne, uno de los actores cinematográficos más emblemáticos de la historia, icono indiscutible del western y del cine norteamericano, protagonista de un puñado de clásicos pertenecientes a directores legendarios como John Ford y Howard Hawks. Nos sumamos a los homenajes que alrededor del mundo se le brindan al inolvidable “Duke” con una breve semblanza de su vida y obra.

Se llamaba en realidad Marion Michael Morrison, y en los créditos de sus primeros filmes, rodados en los años del paso del cine mudo al sonoro, su nombre quedó reducido a un escueto Duke Morrison. “Duke” (Duque) fue su apelativo más conocido, pero el seudónimo fílmico que le haría famoso no fue otro que John Wayne.

Su imponente, pétrea humanidad, labrada tras un corto pasado como jugador de fútbol americano en la Universidad del Sur de California, comenzó a pasearse por Hollywood en
1927, con sólo 20 años, como empleado a sueldo de la Fox para tareas menores. Allí habría de conocer a algunos de los que más adelante serían sus grandes amigos. Por ejemplo, a John Ford, quien le asignaría algunos de sus primeros, humildes papeles secundarios: entre 1928 y 1930 haría con él cuatro películas. Pero también a Raoul Walsh, que le encomendó su primer rol protagonista, el rudo conductor de caravanas de The Big Trail (1930), personaje que recreó incesantemente en toda su carrera.

John Wayne en El hombre tranquiloDesde entonces, y a pesar de que ocasionalmente trabajó en comedias (El hombre tranquilo es un buen ejemplo), su nombre se asociará para siempre con filmes de acción: la inmensa mayoría de sus comparecencias cinematográficas lo fueron en westerns y en películas de guerra. Indiscutiblemente su prestigio está relacionado con sus trabajos para John Ford, hasta el punto de convertirse en el actor más emblemático de la larga producción del maestro tuerto. Desde el primer filme realmente importante, La diligencia (Stagecoach, 1939), hasta La taberna del irlandés (Donovan’s Reef, 1963), la última película en que coincidirían ambos, habrían de trabajar juntos en catorce ocasiones, en películas tan memorables como Fort Apache (1948), Más corazón que odio (The Searchers, 1956) o El hombre que mató a Liberty Valance (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962). Y a pesar del indiscutible peso que Ford tuvo en su carrera, tampoco conviene olvidar que Wayne fue el más hawksiano (de Howard Hawks) de los héroes del western en obras maestras del calibre de Río Rojo (Red River, 1948), Río Bravo (1959) o El Dorado (1966).

Hombre de acendrado ideario conservador, fue uno de los fundadores de la Alianza para la Preservación de los Ideales Americanos (1944), grupo de presión de funesta actuación en los tiempos de la “caza de brujas” en Hollywood. También mostró sus convicciones ultra nacionalistas en las dos únicas películas que dirigió: El Álamo (1959) sobre el conocido episodio del asedio al fuerte homónimo durante la guerra mexicano-estadounidense, y Boinas verdes (The Green Berets, 1967), una reivindicación de las actuaciones del ejército de su país en Vietnam, cuyo extremismo inquietó incluso a los sectores más derechistas de Hollywood.

Quien mejor habría de encarnar, en casi 250 películas, conceptos tan caros al espectador norteamericano como honestidad, solidez, arrojo y valentía no contó, por paradójico que resulte, con los favores de la Academia de Hollywood. Tan sólo en una ocasión, en 1949, fue nominado para el Oscar por su papel en Arenas sangrientas (Sands of Iwo Jima). Y cuando por fin lo obtuvo, fue con un filme menor, Valor de ley (True Grit, 1969), reconocimiento tardío a su valía profesional. La Administración, en cambio, lo recompensó con la Medalla del Congreso, la más alta condecoración civil de la nación. En su vida privada supo resistir con coraje, a la altura de su personaje cinematográfico, las graves enfermedades que le aquejaron: un tumor canceroso que se le declaró en 1963; una operación a corazón abierto en 1978 y, finalmente, el cáncer de estómago que acabó con su vida el 11 de junio de 1979. Finalmente, el más arrojado de los cowboys cedió ante el hombre común que en realidad era.

John Wayne

Tomado de “Grandes éxitos de Hollywood”, Volumen I, Editorial Planeta-De Agostini, Barcelona, España, 1995.

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1 comentario

  1. luis
    27 de mayo de 2007 at 11:09 — Responder

    Un escritor español dijo una vez

    “Cuando ves a Gable caminar dices: Este tipo tienes pelotas. Cuando camina Wayne puedes escuchar como suenan al chocar entre ellas”

    Luis

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