Bourne UltimatumThe Bourne Ultimatum
Dir: Paul Greengrass | 111 min. | EE.UU.

Intérpretes:
Matt Damon (Jason Bourne), Julia Stiles (Nicky Parsons), David Strathairn (Director de la CINA Noah Vosen), Scott Glenn (Director de la CIA Ezra Kramer), Paddy Considine (Simon Ross), Edgar Ramirez (Paz), Albert Finney (Dr. Albert Hirsch), Joan Allen (Pamela Landy), Tom Gallop (Tom Cronin), Corey Johnson (Wills)

Estreno en España: 14 de agosto de 2007

El ultimátum de Bourne, la tercera incursión en la búsqueda del pasado de este hijo rebelde que parió la Central de Inteligencia Americana, firmada por el director Paul Greengrass es para tomarse un par de biodraminas. Vértigo de planos, ruido, profusión de efectos visuales y desconcierto, nos produce la carrera sin respiro de interminables persecuciones a este agente biónico, Jason Bourne, inmune a las balas, explosiones, caídas, o accidentes de tráfico, y todo sin desprender ni gota de sudor. No es una película que te haga pensar, imposible, no da tiempo.

The Bourne Ultimatum

El fugitivo biónico

Más vale prevenir que agarrarse a una farola después. Por lo que ya ven, una de las primeras medidas que recomiendo antes de aventurarse en la noria expansiva El ultimátum de Bourne es tomarse un par de biodraminas, tal es el vamos a más con que se chutan estas secuelas en que están dividiendo la primigenia Bourne, bestseller del fallecido Robert Ludlum. Que a los guionistas de Hollywood no les da para más la masa cerebral es de cajón en los últimos tiempos, con la proliferación de continuaciones que dicen lo mismo, de la misma forma y con un toque descerebrado y espasmódico “un poco más que ayer, pero menos que mañana”.

A lo dicho, vayamos por partes. La tercera incursión en la búsqueda del pasado de este hijo rebelde que parió la Central de Inteligencia Americana, firmada por el director Paul Greengrass quién se puso al frente con la segunda, The Bourne supremacy (2004), según sus productores contables verían pastel suficiente para dividir y hacer sonar la caja, y pasando al puesto de productor ejecutivo a Doug Liman, responsable del primer trabajo de más decente factura, The Bourne Identity (2002), – no mal aceptada entre los que aborrecemos estos tinglados-, ha hecho las veces de telonero de la antesala de lo que se avecina.

Bourne UltimatumDado el momento insustancial de su estreno, el interés de Bourne y su ultimátum se concentra justo unos minutos antes de que el estilo marine de Matt Damon empiece a correr como un poseso a lo largo del planeta, sin cambiarse de ropa, comer ni beber o echarse una cabezadita. Esto es, los minutos de la presentación de lo que se cuece, a nivel cinéfilo, la próxima temporada. Apuntes de los reyes de la cartelera, los elegidos para aspirar el perfume de Oscar. Uno: American Gangster, que al estilo Zodiac vuelve la vista a la década de los setenta que tanto parecemos añorar, y cuyo duelo interpretativo entre Russel Crowe y Denzel Washington promete mucha audiencia. Yo sin dudarlo he hecho reserva, que quieren, es un Ridley Scott. Segundo y otra segunda parte: sabroso estreno de otoño con sabor histórico, augurando destellos de inmersión mental y mucha seducción. Me refiero a Elizabeth, the golden age de Shekhar Kapur que ya dirigiera la primera parte, con una resplandeciente Cate Blanchett, que está desbancando del podium de las rutilantes a mi otra adorada, la Kidman.

Bien, volvamos al montaje de vértigo de planos, ruido, profusión de efectos visuales y desconcierto que nos produce la carrera sin respiro de interminables persecuciones a este agente biónico, Jason Bourne, inmune a las balas, explosiones, caídas, o accidentes de tráfico (es que ni el cyborg que perseguía a Terminator le supera), y todo sin desprender ni gota de sudor. No es una película que te haga pensar, imposible, no da tiempo. Eso sí, a la manera del turista de autobús vemos un poco de mundo, de nuevo con escaso tiempo. Y es que Bourne, escarbando en su pasado, nos lleva desde el frío Moscú, hasta el caliente Tanger, pasando por Turín, Londres, y Madrid, para acabar en uno de los centros neurálgicos de Inteligencia en Nueva York.

En una trama harto previsible, el ex matón de la CIA, sin dar respiro entre continuas escenas de tensión, y esquivando agentes de su mismo pelaje (nunca tan eficaces como Bourne, pero sí más guapos) tropieza con algún que otro humano, como un periodista londinense o el hermano (otro guiño de naturalidad que nos da Daniel Brühl, cogiendo costumbre últimamente) de su novia Marie, asesinada en la India, estupenda Franka Potente -terrenal en la primera pieza-.

The Bourne Ultimatum

Intento, después de este stress in extremis, sacar algún jugo sustancioso de esta sucesión de acrobacias, temblores, virajes de cámara sin fin, un constante movimiento de imágenes, la mayoría borrosas, que sustituyen a aquellos movimientos tan bien coreografiados de los actores en las peleas. Porque resulta que es ahora la cámara la que pelea, no el actor, que no necesita esforzarse más allá de lo necesario. Con un rápido vaivén de cámara hemos visto y no visto un mamporro k.o.

La forma y la trama están a la altura del mensaje y cada vez más alejados de la realidad. No quiero estropearles la sorpresa que ya se saben. Si dos son multitud, tres son un hartazgo. En El ultimátum de Bourne incurren, más si cabe, en el fácil maniqueísmo de los malos muy malos y poco espabilados (a pesar de los abusos que adivinamos en la CIA, FBI y demás grupúsculos del Sistema, no creo que en la vida real vayan por ahí cargándose a todo hijo de vecino como un videojuego de marcianitos) y los buenos muy listos, sabios y rebuenos. ¡Ostras!, esto ya es tomarnos por reales imbéciles, solo pedimos un poco de decencia en el mensaje, un poco más de ambigüedad en los personajes, aún el banquete de especialistas.

Cómo los libros de espías, griales y catedrales, con la CIA hemos topado y tenemos fugitivo para rato, si bien nos quedamos con aquel otro… David Janssen.

¿Sería mucho pedir una cámara más estática para la próxima?