Llevados por el deseo (2004)

CloserCloser
Dir. Mike Nichols | 104 min. | EE. UU.

Intérpretes:
Natalie Portman (Alice)
Jude Law (Dan)
Julia Roberts (Anna)
Clive Owen (Larry)

Guión: Patrick Marber; basado en su obra teatral “Closer”.

Estreno en Perú: 24 de febrero de 2005

En esta película los personajes pretenden ser absolutamente sinceros y se cuentan directamente no sólo sus infidelidades sino también todo el resto; y detalladamente. En un juego a cuatro bandas, dos parejas intercambian cuerpos, deseos y quizás sentimientos. El dermatólogo Larry es un ser que antepone el deseo sexual por encima de otras consideraciones. La fotógrafa Anna es más bien ser débil y dependiente, que se revelaría finalmente como una chica depresiva. Dan, un escritor de obituarios, es un cínico manipulador que va de ida y vuelta en sus relaciones, para finalmente encontrarse con la horma de su zapato; mientras que Alice es una joven nudista, también dependiente que sin embargo sabía protegerse emocionalmente.

Closer

Leo en el diario El Comercio una entrevista a Ethel Person, una afamada siquiatra y sicoanalista, que aconseja: “si un hombre se va de viaje y tiene un encuentro, una aventura nocturna sabe Dios por qué motivos, yo espero que sea lo suficientemente sensato de no contarle a su pareja. La mujer puede tener un momento de crisis y tener una aventura, pero si el amor es genuino puede pasar por encima estas pequeñas excursiones”. Es decir, que “si te interesa seriamente una persona y más si se trata solamente de una canita al aire”, es mejor no confesárselo, ya que quien lo hace busca sentirse inocente y/o perder el peso de la culpa. Lo curioso es que Person es una firme defensora del amor romántico y eterno, el cual sin embargo sólo podría mantenerse sobre la base de ocultar alguna sacada de vuelta y siempre que el/la efectado/a esté lo más lejos posible del acto. Ojos que no ven, corazón que no siente, dice el refrán.

Esta acotación viene a cuento porque el punto de partida de Closer es justamente lo opuesto, es decir, que en esta película los personajes pretenden ser absolutamente sinceros y se cuentan directamente no sólo sus infidelidades sino también todo el resto; y detalladamente. En un juego a cuatro bandas, dos parejas intercambian cuerpos, deseos y quizás sentimientos; en una secuencia de situaciones de una aparente franqueza extrema y en el hecho de no haberse conocido antes. Los factores cuya combinación producen el desenlace residen en las peculiaridades de las personalidades de cada uno de ellos. Así, el dermatólogo Larry (Clive Owen) es un ser que antepone el deseo sexual por encima de otras consideraciones, tanto para establecer la relación como para competir por ella. La fotógrafa Anna (Julia Roberts) es más bien ser débil y dependiente, que se revelaría finalmente como una chica depresiva (si le creemos a Larry). Dan (Jude Law), un escritor de obituarios, es un cínico manipulador que va de ida y vuelta en sus relaciones, para finalmente encontrarse con la horma de su zapato; mientras que Alice (Natalie Portman) es una joven nudista, también (aunque aparentemente) dependiente que sin embargo sabía protegerse emocionalmente. Aunque el filme culmina con una pareja unida y otra separada, lo importante aquí es que nada nos garantiza que en un futuro cercano dicha relación no se extinga.

Closer

Lo que retiene al público en sus asientos es, en primer lugar, los diálogos sexual y emocionalmente explícitos de los protagonistas; así como las situaciones de infidelidad e intercambio abiertamente comentadas por ellos. Vivimos una época en la que el sexo, perdido en encantamiento de los años 60, se ha hecho más convencional, al punto que es posible hablar de él casi sin inhibiciones. A estos encaramientos se suman unas actuaciones solventes a cargo de estrellas en ascenso, bajo la experimentada conducción del director Mike Nichols. Un tercer factor es que la película muestra el tipo de relaciones amorosas en boga en el mundo contemporáneo (léase, en algunos países del norte y sus grupos culturalmente afines en el resto del planeta), caracterizadas por ser relativamente breves, poco profundas y, por lo mismo, más factibles de juegos emocionales con limitados efectos posteriores. Tanto así que ha crecido (también gracias a internet) las posibilidades de establecer relaciones al azar, en encuentros realizados en los salones de chat del ciberespacio. Este tipo de libertad, quizás una proyección más asimilada tecnológicamente de las comunidades hippies de antaño, abre un mundo nuevo de aventuras y posibilidades de canas al aire, mentales o reales. Esto facilita también el trabajo del guionista, ya que al tratarse de relaciones establecidas al azar y separadas por largas y oportunas elipsis, no hay necesidad tampoco de tanta exigencia en la construcción de personajes; dado lo aleatorio y (valga la redundancia) episódico de estos juegos emocionales.

Como punto en contra del filme tenemos su inocultable deuda con su herencia teatral, mientras que las remotas acotaciones de música clásica y ópera nos remiten a un contexto social de clase alta profesional. Otro factor en este rubro es un cierto conservadurismo que se intuye por debajo de estos desenfadados juegos emocionales (que algunos consideran como “descarnada y cínica” imagen de las relaciones de pareja actuales). Así, por ejemplo, observamos cómo los hombres aparecen aquí como los agentes más activos frente a mujeres en situaciones más bien subordinadas, y cuando una de ellas debe protegerse contra estas ansias de control masculino, el único camino que le queda es la del subterfugio y el ocultamiento de la verdadera identidad hasta el final.

Empezamos esta reseña con la idea de que para relaciones sólidas basadas en el amor romántico no conviene confesar las infidelidades. Sin embargo, esta película demuestra que incluso bajo un paradigma de “sinceridad absoluta” en el contexto de relaciones ocasionales, el sexo y el amor se basan en una dosis mayor o menor de engaño y autoengaño; como formas de protección emocional contra las manipulaciones basadas en la culpa, tan bien enunciadas hasta cierto punto por Person: los personajes o bien quieren sentirse inocentes o, sino, descargarse de la culpa… transfiriéndola al otro. Lo que, finalmente, también es un esquema más o menos convencional.

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3 comentarios

  1. Lourdes Vásquez
    1 de noviembre de 2007 at 2:31 — Responder

    Closer tiene uno de los inexplicables peores finales de la historia, y pensar que se había mantenido en pie durante toda la construccion del tema. Fuera del final, estremece, sí, pero si nos fijamos; éstos temas que abordan la psicología de la pareja nos son practicamente irresistibles, siempre. Humanos al fin.

  2. 2 de noviembre de 2007 at 13:00 — Responder

    Gran película, cautivadora indisctublemente. Esencial es la música de Damien Rice…

  3. Carla Chung
    11 de noviembre de 2007 at 0:06 — Responder

    Clive Owen esta genial en la pelicula. Para mi es memorable esa escena en donde esta en su consultorio y le explica a Jude Law el significado de lo que es estar comprometido con alguien…

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